
Santiago de Chile.- Los vaivenes del precio del petróleo, en medio de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, vuelve a colocar a la industria aérea frente a uno de sus principales riesgos estructurales: la alta dependencia del combustible fósil.
Durante su exposición en el evento “Winds of Change Americas”, organizado por la International Air Transport Association (IATA), donde pudo estar Gestión, Pedro de la Fuente, gerente senior de Asuntos Externos y Sostenibilidad para las Américas de IATA, advirtió que el reciente encarecimiento del crudo ya está impactando directamente en los costos operativos de las aerolíneas y en la estabilidad financiera del sector.
Según explicó, antes del conflicto el barril de petróleo se ubicaba en torno a los US$ 70, pero recientemente superó los US$ 110 (aunque, tras la reciente tregua en guerra del Medio Oriente, el precio cayó por debajo de los US$ 100).
Este incremento no solo encarece el insumo principal de la industria, sino que también amplifica el llamado “crack spread”, es decir, la diferencia entre el costo del crudo y el precio de los productos refinados como el combustible de aviación (jet fuel).
“Antes de la crisis, producir un barril de jet fuel podía costar alrededor de US$ 90. Hoy ese costo se mueve entre US$ 180 y US$ 220”, detalló.

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Presión directa sobre los costos operativos
El impacto es inmediato en la estructura financiera de las aerolíneas. De acuerdo con De la Fuente, el combustible ya representaba antes del conflicto cerca del 26.8% de los costos operativos a nivel global, mientras que en América Latina esta proporción puede elevarse entre 28% y 30%, debido a condiciones estructurales del mercado regional.
El encarecimiento del combustible, por tanto, no solo reduce márgenes, sino que también pone en riesgo la sostenibilidad de rutas y la capacidad de las aerolíneas para mantener niveles de conectividad.
“Esta crisis energética pone en riesgo la estabilidad financiera del sector y su capacidad de seguir ofreciendo conectividad”, advirtió.
Dependencia energética y vulnerabilidad geopolítica
Más allá del impacto inmediato en costos, el ejecutivo subrayó un problema de fondo: la alta concentración de la producción de combustible de aviación a nivel global.
Actualmente, alrededor de 23 países concentran el 95% de la oferta, lo que expone a la industria a choques externos derivados de conflictos o disrupciones en esos mercados.
Este escenario, según explicó, evidencia la necesidad de acelerar un cambio estructural en la matriz energética del sector. “Tenemos que romper la dependencia que existe hoy. La transición energética no es solo un tema ambiental, es también una estrategia de seguridad energética”, sostuvo.
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Transición energética: entre urgencia y limitaciones
Sin embargo, el avance hacia combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) enfrenta importantes barreras. Aunque la industria mantiene el compromiso de descarbonización hacia 2050, la adopción de estos combustibles sigue siendo marginal.
De acuerdo con los datos expuestos, actualmente el SAF representa apenas alrededor del 0.8% del consumo total de combustible de aviación, muy por debajo de las metas proyectadas años atrás.
El principal obstáculo no es la falta de inversión por parte de las aerolíneas, sino la limitada capacidad de producción, los altos costos asociados y la ausencia de señales regulatorias claras en distintos países, según el ejecutivo. A ello se suma la competencia con otros sectores energéticos, como el transporte terrestre, que también demandan insumos renovables.
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Crisis como catalizador del cambio
Pese al escenario adverso, De la Fuente planteó que este tipo de crisis puede convertirse en un punto de inflexión para la industria. La volatilidad del precio del petróleo y los riesgos geopolíticos refuerzan la necesidad de diversificar las fuentes de energía y desarrollar producción local de combustibles sostenibles.
“En cada crisis se evidencian las vulnerabilidades del sistema. Aquí la lección es clara: debemos acelerar la transición energética para reducir la exposición a estos shocks”, afirmó.
En ese contexto, destacó que países con capacidad de producción de materias primas renovables —como Estados Unidos y Brasil— están mejor posicionados para liderar esta transformación, mientras que otros, como Chile o Perú, enfrentan el reto de reducir su dependencia de importaciones y desarrollar políticas que impulsen la producción local.
Una región cada vez más dependiente de importaciones
A este escenario se suma un factor estructural desde el lado del mercado energético. Según explicó Debnil Chowdhury, Executive Director de S&P Global, América Latina ha incrementado su dependencia de importaciones de combustibles, particularmente desde la costa del Golfo de Estados Unidos, que hoy concentra buena parte del suministro hacia la región.
En varios países, esta dependencia es elevada. Chile importa cerca del 50% de su combustible de aviación, México registra niveles similares, mientras que economías como Panamá dependen casi en su totalidad del abastecimiento externo.
Más que un problema coyuntural, Chowdhury advirtió que esta tendencia responde a cambios en la estructura del mercado: menor capacidad de refinación local y mayor concentración de la producción en pocos polos exportadores.









