
El mundo ha ingresado en una “edad de competencia”, caracterizada por la fragmentación del orden internacional, el debilitamiento del multilateralismo y la utilización cada vez más frecuente de instrumentos económicos —comercio, inversión, energía y cadenas de suministro— como herramientas de poder estratégico, de acuerdo con el Global Risks Report 2026 del World Economic Forum.
En el corto plazo, la confrontación geoeconómica se perfila como el principal riesgo global, mientras que la persistencia de conflictos armados, la elevada volatilidad de precios y la rivalidad entre grandes potencias configuran un escenario de alta incertidumbre.
Por ejemplo, los conflictos alrededor del estrecho de Ormuz suponen una concreta desaceleración para la economía peruana en este año de casi medio punto de crecimiento, debido a su nivel de exposición a factores externos en su ámbito energético.
Sudamérica está recuperando relevancia estratégica en la geopolítica mundial, principalmente, por tres razones: su peso en minerales críticos (litio y cobre), su rol como proveedor global de alimentos, y su aporte a la transición energética y la descarbonización.
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Esa relevancia se traduce en competencia por influencia, estándares y control de cadenas de suministro.
El Perú no es ajeno a esta realidad, sobre todo por su potencial aporte a la transición energética (riqueza mineral), su posición geográfica y su dependencia comercial de China y Estados Unidos.
En 2025, el Perú exportó S/ 85,000 millones, de los cuales China concentró S/ 28,500 millones (33.6%) y Estados Unidos S/ 10,100 millones (11.9%).
En importaciones, China representó el 31.3% y Estados Unidos, el 17.9%. Es decir, en conjunto ambos explican cerca de la mitad del comercio peruano.

Minerales críticos: ventaja comparativa bajo nuevas reglas
La transición energética “geopolitiza” el cobre. China consume cerca de la mitad del cobre mundial, mientras que el Perú cuenta con reservas estimadas de 81 millones de toneladas métricas.
Los escenarios prospectivos sugieren, además, que la demanda de minerales asociados a tecnologías limpias podría multiplicarse varias veces hacia 2040, con un crecimiento particularmente significativo de la demanda de cobre impulsado por la expansión de redes eléctricas y la electrificación de la economía.
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En este contexto, un liderazgo estadounidense puede potenciar aún más el crecimiento del sector. En 2004, el Perú y Estados Unidos firmaron un Memorando de Entendimiento sobre minerales críticos orientado a gobernanza sectorial, inversión y seguridad de suministro.
En la práctica, esto puede acelerar inversión en exploración, procesamiento y servicios, pero exige capacidad estatal para permisos, supervisión ambiental y cumplimiento.
No obstante, esta oportunidad coexiste con amenazas significativas. En el Perú resultan especialmente perniciosos el empoderamiento de la minería ilegal —que se ve apoyada con normas a su favor desde el Congreso—, y la crisis institucional y política que vivimos desde hace por lo menos 10 años.
Presiones visibles entre Estados Unidos y China
La dotación de minerales críticos no es el único factor que condiciona la posición del Perú en la competencia entre Estados Unidos y China.
La estructura de propiedad del megapuerto de Chancay (60% Cosco Shipping Ports y 40% Volcan), junto con su capacidad para reducir el tiempo de tránsito entre Shanghái y Chancay a 23 días, lo convierte en un activo decisivo no solo para la política comercial peruana, sino también en un enclave estratégico observado de cerca por ambas potencias mundiales.

Sin embargo, la presencia china en el Perú está lejos de limitarse solo a Chancay. Fuentes oficiales reportan inversión acumulada superior a los US$ 31,000 millones desde 1992, con foco en minería, energía e infraestructura.
En paralelo, el Estados Unidos de Donald Trump está elevando claramente su involucramiento en cadenas de suministro y seguridad regional.
Impactos directos en la economía Peruana
A la disputa comercial entre Estados Unidos y China se suma un factor coyuntural que ya está moviendo los precios: la escalada bélica asociada a Irán elevó la prima de riesgo energética.
Entre marzo y abril últimos, se observó un salto abrupto del Brent por encima de US$ 110 por barril y máximos cercanos a US$ 120, acompañados de un aumento fuerte de la volatilidad. Anuncios posteriores de tregua generaron correcciones parciales, pero mantuvieron los niveles altos.
Para el Perú, que importa combustibles y bienes intensivos en transporte, este canal importa por la presión directa sobre la inflación y costos logísticos; y por el deterioro potencial del saldo comercial no minero dada la mayor factura de importación.
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El punto crítico no es solo el nivel del precio, sino que su volatilidad suma a la incertidumbre y afecta las decisiones de inversión.
El reciente cierre del estrecho de Ormuz evidencia con claridad el grado de exposición de la economía peruana a shocks geopolíticos externos, particularmente a través del canal energético.
En un lapso inferior a tres semanas, el precio internacional del barril de petróleo se incrementó de US$ 69 a más de US$ 100, mientras que el precio del GLP aumentó en aproximadamente 50%.
De acuerdo con estimaciones del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), para el 2026, en un escenario donde el precio del petróleo se mantiene por encima de los US$ 100 el barril, el Producto Bruto Interno (PBI) se desaceleraría a 2,7% (versus un estimado de 3.2% con un precio de US$ 75), ante un mayor deterioro de la demanda externa.

En tanto, la inflación ascendería a 3.7% (+1.5 puntos porcentuales), por presiones al alza en el precio del combustible, la logística y los alimentos.
En este contexto, la seguridad jurídica y la claridad regulatoria son determinantes para sostener el flujo de capitales hacia sectores estratégicos del país.
Para el siguiente Gobierno del Perú, será un desafío navegar en el complicado entorno internacional, marcado por el riesgo creciente de una confrontación geoeconómica entre grandes potencias, una elevada volatilidad de precios asociada a conflictos armados y una política exterior estadounidense visiblemente más activa.
La clave estará en lograr un equilibrio creíble entre el ejercicio de la soberanía regulatoria y la atracción de capital extranjero, en un escenario de debilidad institucional interna, auge de economías ilegales y presiones externas cada vez más intensas.
La geopolítica: lo que los candidatos no están debatiendo
Por Luis Miguel Castilla, director ejecutivo de Videnza Instituto
El mundo que recibirá al próximo Gobierno peruano no es el de hace cinco años. La rivalidad entre Estados Unidos y China ha convertido al cobre, al zinc y a la plata peruana en activos estratégicos globales, disputados no solo en los mercados, sino en las cancillerías. Washington ya formalizó un Memorando de Entendimiento con Lima sobre minerales críticos; Cosco Shipping controla el 60% del megapuerto de Chancay; y la demanda mundial de cobre podría duplicarse hacia 2050.
En este tablero, las decisiones de política económica interna tienen consecuencias geopolíticas que los planes de gobierno apenas rozan. Fuerza Popular, con su apuesta por la inversión privada, las APP y la continuidad del marco macroeconómico, ofrece las condiciones que los mercados de capitales occidentales y la política de minerales críticos de Estados Unidos requieren para sostener flujos de inversión hacia cadenas de suministro confiables.
Juntos por el Perú, en cambio, plantea un modelo que no solo tensiona los equilibrios macroeconómicos, sino que colisiona con la lógica de la competencia geoeconómica global. Renegociar contratos mineros, nacionalizar Camisea y tratar la minería ilegal como economía popular no son decisiones neutras en un mundo donde la seguridad jurídica es condición de entrada para el capital, no atributo negociable.
El antecedente es elocuente: el Gobierno de Castillo provocó la mayor fuga de capitales de la historia reciente del país precisamente cuando el precio del cobre alcanzaba máximos históricos. Replicar ese experimento en un contexto de volatilidad energética aguda y rivalidad geopolítica en ascenso no sería solo un error de política económica: sería dilapidar, una vez más, la oportunidad que la geopolítica le ofrecen al Perú.
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