
“La incertidumbre política seguirá siendo alta en Perú al menos hasta la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del país el próximo mes”. Así empieza su reciente comunicación Fitch Ratings, tras oficializarse que Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, se enfrentarán en las urnas el próximo 7 de junio.
La calificadora de riesgo considera que el próximo Gobierno se enfrentará a problemas de gobernabilidad de larga data, aunque la introducción de una segunda cámara legislativa, es decir, el Senado, “podría ayudar a reducir la inestabilidad política, que recientemente alcanzó niveles muy altos”. Se puede traducir que sería una suerte de “candado”.
Fitch Ratings reconoce que ambos candidatos tienen agendas muy distintas. Por ejemplo, refiere que Fujimori ha centrado su campaña en propuestas para restablecer el orden público y combatir la delincuencia y la corrupción, y se la considera partidaria de un marco de política macroeconómica disciplinado.
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“El resultado de la segunda vuelta tendrá, por lo tanto, importantes repercusiones en la política macroeconómica de Perú. Sin embargo, las elecciones legislativas de abril dieron como resultado un Congreso fragmentado, lo que genera incertidumbre sobre la capacidad del candidato ganador para impulsar reformas estructurales y asegurar el progreso de grandes proyectos mineros y de infraestructura, fundamentales para el crecimiento económico”, detalla Fitch Ratings.

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Revisión al Congreso de la República
La calificadora menciona que con la Cámara de Diputados dividida entre partidos de derecha y centroderecha, y de izquierda y centroizquierda, la capacidad del nuevo Gobierno para "colaborar con el Partido del Buen Gobierno, de centro, podría ser clave para lograr el apoyo mayoritario necesario para aprobar leyes".
Aunque los constantes enfrentamientos entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo han dificultado la gobernabilidad, apunta la calificadora de riesgo, la fragmentación del Congreso podría frenar cambios políticos más radicales. Además, el nuevo Senado puede vetar tanto las reformas constitucionales como los juicios políticos.
“Esto podría contribuir a reducir la inestabilidad política, especialmente si Fujimori gana, dado que los dos partidos de derecha cuentan con más escaños de los necesarios para bloquear los intentos de destitución [...]″, comenta.

Mirada económica de Fitch
Pese a la inestabilidad política, Fitch resalta que hasta la fecha esto no ha descarrilado el progreso de la consolidación fiscal de Perú, “impulsada por los ingresos, y respaldada por los precios más altos del cobre y el oro, una actividad económica favorable, un crecimiento moderado del gasto y factores puntuales, como la regularización extraordinaria del impuesto sobre la renta”.
El déficit del Gobierno general se redujo al 1.9% del Producto Bruto Interno (PBI) en los últimos doce meses a abril de 2026, por debajo del 2.2% registrado a finales de 2025.
Fitch no prevé que Perú alcance su meta de déficit para 2026 del 1.8% del PBI, principalmente porque la propuesta de contención del gasto está sujeta a la incertidumbre electoral y porque es probable que los ingresos tributarios se desaceleren en un contexto de menor crecimiento.
Aun así, destaca que el déficit se mantiene muy por debajo de la mediana de la categoría BBB del 3.1%. La baja deuda del Gobierno general, de alrededor del 30% del PBI (media de BBB: 58%), es un factor clave de fortaleza crediticia soberana.

Sobre la economía del país, la calificadora de riesgo resalta el resultado del 2025 y del verano de este año, con especial subrayado a los términos de intercambio récord que ayudaron.
“Nuestra previsión de una leve desaceleración hasta aproximadamente el 2.8 % este año (mediana de la calificación BBB: 2.4%) refleja la incertidumbre relacionada con las elecciones y la crisis petrolera mundial derivada de la guerra entre Estados Unidos e Irán”, explica.
Sobre el tema de la guerra en Medio Oriente, y su impacto sobre el precio del petróleo, señala que la condición de Perú como importador neto de petróleo implica que los precios elevados generan presiones fiscales e inflacionarias que podrían provocar un endurecimiento de la política monetaria. Sin embargo, las condiciones financieras favorables, los altos precios del cobre que mantienen un superávit por cuenta corriente y las elevadas reservas internacionales respaldan el perfil crediticio de Perú, puntualiza.







