
Aunque el escenario económico internacional no muestra hoy señales de una crisis comparable con la de 2008 o con la registrada durante la pandemia, especialistas advierten que existen riesgos menos evidentes que el empresariado peruano no debería perder de vista. Se trata de factores que, sin generar impactos inmediatos o visibles, pueden afectar gradualmente la inversión privada, la competitividad y el crecimiento económico del país.
Entre ellos figuran desde tensiones geopolíticas y cambios tecnológicos hasta debilidades estructurales internas como la informalidad, la débil institucionalidad y la incertidumbre política.
Factores globales que pueden alterar el escenario
Óscar Chávez, jefe del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima, señala en conversación con Gestión que el hecho de que la economía mundial no atraviese una crisis abierta no implica la ausencia de amenazas relevantes.
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Uno de los principales focos de incertidumbre proviene del entorno geopolítico. Conflictos como el del Medio Oriente, explica, generan interrogantes sobre su duración y sus efectos económicos, lo que puede influir en decisiones de inversión y comercio.
A este escenario se suman procesos estructurales que están redefiniendo la economía global. Entre ellos destacan:
- La transición tecnológica, que obliga a las empresas a adaptarse a nuevas formas de producción y competitividad.
- La transición energética, que implica cambios en los estándares productivos y en la demanda de determinados recursos.
- Los eventos climáticos extremos, como el Niño Costero, capaces de afectar sectores productivos clave y provocar daños importantes en infraestructura.
Según Chávez, estas tendencias pueden terminar influyendo en el crecimiento de la economía peruana en los próximos años, incluso si el contexto global no muestra una crisis evidente.
Los “costos invisibles” que enfrentan las empresas
Más allá de los riesgos externos, el entorno interno también genera presiones que muchas veces no se perciben de inmediato en las estadísticas económicas.
La inseguridad y la informalidad, por ejemplo, están generando lo que Chávez describe como un “costo invisible” para el empresariado. “Por un lado, la delincuencia obliga a muchas empresas a destinar mayores recursos a seguridad y seguros, lo que eleva sus costos operativos. Por otro, la informalidad genera competencia desleal y reduce los incentivos para invertir y crecer”, advierte.
Este contexto se refleja en la dinámica empresarial reciente. De acuerdo con cifras del INEI citadas por el especialista, en los dos últimos años el número de empresas que salen del mercado ha superado al de nuevas firmas creadas. En 2024 se constituyeron 297,995 empresas, mientras que 499,773 fueron dadas de baja. En 2025 se registraron 277,781 nuevas empresas frente a 363,732 cierres.
Inversión privada: cautela frente al ciclo electoral
El proceso electoral también suele introducir un elemento adicional de incertidumbre para el sector privado.
Chávez explica que, ante dudas sobre la orientación futura de la política económica, como posibles cambios en impuestos o regulación, muchas empresas adoptan una postura de “esperar y ver” antes de iniciar nuevos proyectos de inversión o expansión.
Sin embargo, aclara que esto no implica una paralización total de la inversión. Proyectos ya en marcha, especialmente en sectores como minería, infraestructura o energía, continúan avanzando para cumplir sus cronogramas. “Es decir, más que una caída abrupta, es una mayor cautela en el inicio de nuevos proyectos hasta que el panorama político y económico se defina“, sostiene.
Por el momento, las cifras no muestran señales claras de debilitamiento de la inversión privada. En 2025, esta creció 10% y para el presente año se proyecta una expansión de alrededor de 4.7%, con expectativas empresariales que se mantienen en terreno optimista.
La vulnerabilidad externa de la economía peruana
Desde una perspectiva macroeconómica, el Perú mantiene una exposición significativa a los cambios en el contexto internacional.
Jorge Vega Castro, docente del Departamento de Economía de la PUCP, explica a este medio que al tratarse de una economía pequeña y abierta, el país está directamente expuesto a los vaivenes de la economía mundial.
No obstante, el impacto no depende únicamente del crecimiento global. También influyen variables como los precios internacionales de los productos que el Perú exporta e importa.
“Así, un crecimiento económico mundial en el cual caigan los precios de minerales -nuestro principal rubro exportador - y suban los precios del trigo, la soya o el petróleo – nuestros principales rubros de importación – no tendría efectos muy favorables para nuestro crecimiento económico nacional”, explica.
Los shocks externos también pueden transmitirse a la economía peruana a través de distintos canales. Un aumento de las tasas de interés internacionales, por ejemplo, elevaría los costos de endeudamiento de las empresas. En el plano comercial, una caída en los precios de los minerales reduciría los ingresos de las compañías mineras que operan en el país.

Debilidades estructurales que amplifican los shocks
Otro elemento que aumenta la vulnerabilidad del Perú frente a eventos externos es su estructura exportadora.
Según Vega Castro, dos factores destacan en este aspecto:
- La limitada diversificación de bienes exportados, donde los minerales representan algo más del 60% de las ventas al exterior.
- La concentración de mercados de destino, con Estados Unidos y China representando alrededor de la mitad de la demanda internacional por los productos peruanos.
“Si tuviéramos una oferta exportable mas diversificada y si tuviéramos mayor diversidad de mercados de exportación, el país tendría mayores posibilidades de adecuarse y responder ante shocks externos”, remarca.
Un margen fiscal reducido ante futuras crisis
El espacio para responder a eventuales crisis también se ha reducido en el frente fiscal.
Vega Castro recuerda que el “colchón” fiscal acumulado por el país durante las primeras décadas del siglo, que alcanzaba cerca del 6% del PBI hacia fines de 2019, fue utilizado durante la pandemia y aún no se ha recompuesto.
En ese contexto, si el Perú enfrentara un nuevo shock externo en los próximos años, las políticas de estímulo económico requerirían un mayor endeudamiento. Esta limitación, añade, se ve agravada por las cargas fiscales adicionales aprobadas por el Congreso en beneficio de determinados sectores.
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Empresas familiares: institucionalidad, seguridad y sucesión
Los riesgos silenciosos también se reflejan en el universo de las empresas familiares, que representan una parte importante del tejido empresarial del país.
Enrique Pajuelo, director de la Asociación de Empresas Familiares del Perú (AEF), advierte a Gestión que uno de los factores menos visibles pero más determinantes para el desarrollo empresarial es la debilidad institucional.
Según explica, el país suele describirse bajo la idea de que la economía y la política avanzan por “cuerdas separadas”, pero el costo de oportunidad de no contar con instituciones sólidas es significativo. “Si tuviéramos una institucionalidad fuerte, nuestro país podría crecer 1.5% adicional al crecimiento del PBI que lograremos en las condiciones actuales”, sostiene.
En el caso de las empresas familiares, además, la planificación suele tener un horizonte de largo plazo. En ese sentido, señala que estas compañías acostumbran incorporar en sus proyecciones tanto años de expansión como de desaceleración. Sin embargo, un entorno internacional favorable puede incentivar mayores inversiones, dependiendo del nivel de riesgo que cada empresa esté dispuesta a asumir.
“La ventaja del empresariado peruano es que vivimos desde hace varios años en incertidumbre permanente y de alguna forma, hemos incorporado esa variable en nuestra planificación estratégica”, destaca Pajuelo.
En el plano externo, considera que el Perú se encuentra relativamente bien posicionado frente a las tensiones entre Estados Unidos y China, dado que mantiene tratados de libre comercio con ambas potencias y China es actualmente el principal socio comercial del país. Mientras tanto, Estados Unidos viene reforzando su relación económica con América Latina.
No obstante, advierte que uno de los principales problemas que enfrentan hoy las empresas es la inseguridad. Este fenómeno afecta a distintos niveles de la actividad empresarial, desde proveedores y trabajadores hasta clientes y operaciones. “Ha pasado de tener un efecto silencioso a convertirse en uno estruendoso y que es el principal problema a resolver por el nuevo gobierno”, señala.
Otro desafío relevante para la sostenibilidad de las empresas familiares es la gobernanza. Muchas compañías se encuentran en procesos de relevo generacional, por lo que resulta clave establecer mecanismos claros de gobierno tanto de la familia como de la empresa para asegurar una sucesión ordenada.
El riesgo silencioso: la incertidumbre política
Pese a los distintos factores de riesgo, tanto Chávez como Vega coinciden en que uno de los principales riesgos silenciosos para el crecimiento del país proviene del ámbito político.
Para Chávez, la persistente incertidumbre política que ha caracterizado al Perú en los últimos años limita la capacidad de planificación tanto del sector público como del privado. La inestabilidad en las autoridades tiende a ralentizar la gestión pública y a postergar decisiones clave.
Esto termina afectando también a las empresas, que pueden retrasar proyectos de inversión o expansión ante la falta de previsibilidad.
Vega Castro, por su parte, advierte que una institucionalidad débil y los frecuentes cambios de autoridades dificultan la planificación económica y empresarial. Además, considera que ciertas corrientes políticas que promueven una mayor intervención del Estado en la economía también pueden convertirse en un factor de riesgo para la inversión privada.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.







