
Lima Metropolitana afrontaría un verano 2027 especialmente caluroso debido a la influencia del fenómeno de El Niño. De acuerdo con las proyecciones del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), las temperaturas podrían alcanzar los 36 °C y, en febrero, la sensación térmica llegaría hasta los 38 °C.
“Según nuestras proyecciones, es muy probable que en el año 2027 superemos el récord histórico de temperatura de 1998, que fue de 35.2 °C, y llegaremos hasta los 36 °C. Se están dando las condiciones para que esto suceda”, señaló a Andina.
Entre los distritos que podrían experimentar las temperaturas más elevadas figuran La Molina, San Juan de Lurigancho, Ate, Chosica, Chaclacayo, Carabayllo, Comas y Puente Piedra, ubicados en sectores más alejados de la influencia directa del mar.
Quispe Manrique también advirtió que las condiciones actuales del océano son un factor determinante. La temperatura superficial del mar se encuentra aproximadamente 3.5 °C por encima de sus valores habituales, situación que, según explicó, permite considerar que El Niño está ingresando en una etapa extraordinaria que podría mantenerse hasta noviembre o diciembre.

Más calor y un aumento de las lluvias
El impacto del fenómeno no se limitará al incremento de las temperaturas. Conforme avance el evento climático, también aumentaría la posibilidad de lluvias y, como consecuencia, podrían elevarse los caudales de los ríos.
La mayor concentración de lluvias se espera en la costa norte del país. En Lima, en cambio, se pronostican episodios puntuales de precipitaciones intensas, mientras que el escenario predominante sería de condiciones secas y una mayor presencia de brillo solar.
“Eso significa que los efectos de la temperatura seguirán afectando toda la costa central”, sostuvo el especialista.
Respecto a las causas que podrían explicar la intensidad extraordinaria del fenómeno, Quispe señaló al cambio climático como uno de los principales factores. La modificación de las temperaturas y de los patrones climáticos a escala global, asociada principalmente a la actividad humana, estaría contribuyendo a generar condiciones diferentes a las observadas décadas atrás.
“Es por eso que se nota un cambio bastante abrupto en estos últimos 30 años”, afirmó.







