
El sueño de estudiar una carrera universitaria o técnica en el Perú conlleva, en la gran mayoría de los casos, una serie de esfuerzos económicos para cubrir los años de formación. No obstante, 6 de cada 10 familias no cuentan con los ingresos necesarios para atender los costos, de acuerdo con el Centro de Análisis de Políticas Públicas en Educación Superior (Cappes).
A detalle, el 60% de las familias peruanas tiene ingresos per cápita debajo de los S/ 12,114 —en cifras del BID y Cappes—, mientras que el costo académico promedio anual de estudiar en un instituto particular es de S/ 12,636 y, en una universidad, de S/ 19,942.
Andrea Salas y Karina Morales, autoras de Invertir en talento: Hacia un modelo sostenible de créditos educativos en el Perú, comentaron que más de 881,000 estudiantes de institutos y universidades en el Perú podrían abandonar su formación por razones estrictamente económicas.
De este grupo, 341,000 se encuentran en institutos y 540,000 en universidades. Salas y Morales coinciden en que este talento necesita apoyo financiero para continuar con sus estudios.
En datos de la Encuesta Nacional de Hogares 2024, los estudiantes de menores ingresos y de institutos tienen mayores tasas de deserción (45.2%) frente al 29.5% en caso de universidades.
Más del 60% de las causas de deserción se relacionan con la falta de recursos o la necesidad de conseguir un trabajo. En el caso de institutos, el 33.5% interrumpe sus estudios por problemas económicos y el 36.8% porque debe trabajar; mientras que en universidades las tasas son de 34.7% y 26.4%, respectivamente.

Las brechas financieras complican más el panorama de la formación educativa superior si consideramos que los jóvenes de menores ingresos enfrentan mayores dificultades para transitar del colegio a un instituto o universidad (28%, frente al promedio nacional de 38%).
Sumado a ello, la oferta pública no puede acaparar toda la demanda, debido a que 2 de cada 10 postulantes a una universidad estatal consiguen una vacante, pero el 43% de los que no ingresan, abandonan el sueño de la educación superior universitaria.
“La oferta actual de instrumentos financieros no alcanza para cerrar la brecha”, concluyeron.







