
Durante abril, el dólar, representado por el índice DXY, ha retrocedido hasta niveles previos al inicio del conflicto en Medio Oriente. Este indicador pasó de niveles cercanos a 100.5 a inicios de mes a cotizar alrededor de 98.5, lo que implica una caída cercana al 2%. Este movimiento refleja que el mercado ya viene incorporando un escenario de desescalada, en el que Irán eventualmente alcanzaría algún tipo de acuerdo con Estados Unidos.
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En efecto, la menor tensión geopolítica y los espacios que se han abierto para la negociación han contribuido a eliminar buena parte de la prima de riesgo que se había incorporado en el precio de los activos. El dólar, las bolsas y los índices de volatilidad regresaron prácticamente a niveles previos al conflicto.

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Sin embargo, aunque el conflicto parece haber entrado en una tregua temporal, el mundo no volverá rápidamente al punto de partida. Y justamente ahí está la clave: el dólar ha perdido prima geopolítica, pero ha ganado fundamentos macroeconómicos que podrían darle mayor fortaleza en los próximos meses.
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El primer soporte es energía. El petróleo difícilmente regresará rápido a los niveles previos. Aunque el mercado ya no teme un escenario extremo, permanecen disrupciones de oferta, recomposición de inventarios y una prima geopolítica residual. El nuevo piso del crudo parece más alto. Esto importa porque Estados Unidos, como exportador neto de energía, puede beneficiarse relativamente más que Europa o Asia. Un petróleo por encima de US$ 80 vuelve más atractivo al dólar frente a economías importadoras de energía.
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El segundo soporte está en tasas. A inicios de año, el mercado esperaba hasta tres recortes de la Fed; hoy prácticamente espera uno. La razón principal es que el empleo sigue mostrando resiliencia y la inflación no permite una Fed agresivamente dovish.
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El tercer factor es crecimiento. El mercado suele reaccionar primero al precio y después a la economía real. El shock energético ya pasó por precios, pero todavía falta que se refleje completamente en la actividad. Y ese impacto no será parejo. Europa, Reino Unido y varias economías emergentes sentirán más el golpe que Estados Unidos.
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Finalmente, están los flujos. Durante buena parte del último año y medio, el dólar sufrió por la rotación hacia mercados fuera de EE.UU., especialmente cuando crecieron las dudas sobre el sector tecnológico y el liderazgo americano en inteligencia artificial. Sin embargo, esa historia también empieza a moderarse. Las utilidades corporativas siguen sólidas, la inversión en IA no se ha frenado y las valuaciones tecnológicas hoy son menos exigentes. Además, los flujos hacia activos estadounidenses continúan siendo fuertes. El mercado puede diversificar, pero todavía no está listo para abandonar el principal centro de retorno global.
Así pues, más que el inicio de una nueva tendencia bajista, lo que parece estar ocurriendo es una corrección de corto plazo tras la desaparición de la prima de guerra. Por ello, no sería sorpresa que, una vez disipado el ruido geopolítico, el mercado vuelva a reenfocarse en estos factores y el dólar retome una trayectoria de mayor fortaleza en los próximos meses.
Javier Gamboa es vicepresidente de Estrategia y Gestión de Portafolios de RIMAC.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.







