
Mañana, en el marco de los eventos Perspectivas de Gestión, realizaremos IA en Acción: Decisiones que transforman negocios. Más que una conversación sobre tecnología, el encuentro plantea una pregunta de fondo: ¿cómo convertir la inteligencia artificial (IA) en productividad, crecimiento y mejores decisiones?
La pregunta resulta pertinente. El 56% de los CEO consultados por PwC señala que sus empresas aún no han obtenido beneficios financieros significativos de la IA. Solo 12% reporta beneficios simultáneos en costos e ingresos. La distancia entre experimentar y capturar valor empieza a marcar una nueva brecha competitiva.
Deloitte encuentra una señal complementaria: 66% de las organizaciones ya reporta mejoras en productividad y eficiencia, mientras 20% registra aumentos de ingresos derivados de la IA. El 74% espera conseguir ese crecimiento. La primera ola está elevando la eficiencia; la siguiente tendrá que transformar productos, servicios, procesos y modelos de negocio.
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Aquí aparece una diferencia decisiva. La ventaja dependerá cada vez más de combinar datos de calidad, talento, procesos rediseñados, infraestructura y gobernanza. La IA puede multiplicar las capacidades de una organización, pero exige que estas sean capaces de aprovecharla.
La misma lógica alcanza al Estado. La OCDE reporta que la IA ya se utiliza en al menos un área de gobierno en 35 de 36 países miembros. Su presencia alcanza 86% de los procesos internos y 75% de los servicios públicos, mientras 36% la utiliza para apoyar la elaboración de políticas. El siguiente salto consiste en emplearla para elevar la capacidad de decisión del Estado: anticipar necesidades, integrar información, asignar mejor los recursos y ofrecer servicios más personalizados.
En el Perú, esta discusión adquiere especial relevancia. Contamos con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2026-2030 y, ya se anunció la creación de una Autoridad Nacional Digital y una Identidad Digital para cada ciudadano. Con tecnología e inteligencia artificial, se planteó construir un Estado más eficiente y cercano.
El reto está planteado. Una autoridad puede ordenar la transformación; la capacidad institucional tendrá que hacerla realidad. Datos interoperables, talento, infraestructura, procesos y reglas serán tan importantes como los modelos de IA.
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La oportunidad trasciende la adopción tecnológica. Para las empresas significa productividad y competitividad; para el Estado, mejores servicios y decisiones; para el país, una posibilidad concreta de elevar su capacidad institucional.
La IA ya está aquí. Ahora toca decidir qué haremos con ella.








