
Tanto Rafael López Aliaga (Renovación Popular) como Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) siguen disputando el pase a segunda vuelta, y los resultados finales de las elecciones se conocerán en mayo. Sin embargo, mientras esa incertidumbre persiste, ya es posible delinear cómo estará configurado el Senado y, sobre todo, qué se puede esperar de su desempeño.
LEA TAMBIÉN: Accidentes laborales aumentan: ¿en qué están fallando las empresas?
El retorno al bicameralismo introduce un segundo nivel de deliberación. Las leyes nacerán en la Cámara de Diputados, pero deberán ser revisadas por el Senado, que podrá aprobarlas, modificarlas o rechazarlas. En teoría, este diseño eleva la calidad del proceso legislativo. Pero, en realidad, dependerá de los incentivos políticos.
LEA TAMBIÉN: Sunat y sus compradores “encubierto” darán salto al e-commerce: así fiscalizarán negocios
El escenario proyecta un Senado compuesto, hasta el momento, por seis partidos (Fuerza Popular, Renovación Popular, Juntos por el Perú, Obras, Buen Gobierno y Ahora Nación). Keiko Fujimori tendrá mayor gravitancia a través de su bancada, pero no contará con mayoría propia. Ninguna fuerza la tendrá. Eso implica que las decisiones dependerán de acuerdos y que la formación de coaliciones, ya sean de derecha o de izquierda, será, en principio, inevitable.
LEA TAMBIÉN: Consorcios de China y España ponen en la mira megaproyecto para traer más agua a Lima
Los senadores no tienen iniciativa legislativa, pero sí poder de veto y capacidad para decidir el destino de las leyes. Es, en esencia, una cámara de control. Y, en un contexto fragmentado, ese control se ejercerá negociando.
Ahí está el punto central. El Senado tendrá en sus manos garantizar a la ciudadanía una presencia activa y responsable, y velar porque las leyes que provengan de la Cámara de Diputados cuenten con suficiente debate y sustento antes de ser aprobadas. Eso es lo que se espera de un espacio reflexivo.
LEA TAMBIÉN: Infinix, la marca china acelera en Perú: smartphones ante crisis de memorias
Sin embargo, hay riesgos que persisten. Ya se observa que algunos de los eventuales integrantes arrastran cuestionamientos e incluso sentencias, como mostró un informe de Perú21, lo que anticipa la posibilidad de repetir prácticas conocidas. La tentación del populismo fiscal –normas que generan gasto permanente sin financiamiento claro– sigue presente.
LEA TAMBIÉN: Trupal de Gloria alista inversión para modernizar su planta en El Agustino
Es cierto que hay un matiz favorable: el nuevo Congreso prescinde de bancadas que en los últimos años tuvieron un rol particularmente nocivo, como APP y Podemos Perú, así como de figuras como César Acuña y José Luna Gálvez. Pero esa mejora relativa no elimina el problema de fondo. Ya se puede contar a algunos miembros “fijos” de la Cámara de Diputados que podrían traer más de lo mismo.
LEA TAMBIÉN: Vacaciones: solo 1 de cada 3 trabajadores logra descansar, ¿por qué es un riesgo?
Así, los intereses políticos, personales y populistas pueden volver a traducirse en decisiones de corto plazo que comprometan la sostenibilidad fiscal. Evitarlo estará, en gran medida, en manos de la cámara alta. La pregunta es inevitable: ¿cumplirá el Senado su función de filtro o se convertirá en una instancia más de validación? Ese será el verdadero desafío del sistema que vuelve luego de varias décadas.







