
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el anuncio de Washington que asumirá temporalmente la conducción de Venezuela hasta organizar una transición, marcan un hecho sin precedentes recientes en América Latina.
Más allá del impacto inmediato en Caracas, la decisión abre una pregunta de fondo que resuena en la diplomacia global: ¿qué ocurre cuando un país interviene directamente en otro y decide gobernarlo, aunque sea de manera transitoria?
Para entender el alcance del escenario venezolano, es necesario revisar paso a paso qué dice el derecho internacional, cuándo una intervención puede considerarse legal y qué ha ocurrido en casos similares a lo largo de la historia.
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El principio básico: la soberanía de los Estados
El orden internacional se apoya en un principio clave: la soberanía de los Estados. Este concepto no es abstracto ni interpretativo, sino que está expresamente recogido en la Carta de las Naciones Unidas, el documento que rige las relaciones entre los países desde 1945.
En su Capítulo I, sobre los Propósitos y Principios, la Carta establece en el artículo 2, numeral 1, que la Organización “está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros”.
La misma norma fija un límite claro al uso de la fuerza. El artículo 2, numeral 4, señala que los Estados deben abstenerse de recurrir “a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”.
En conjunto, estos artículos configuran el marco jurídico que impide que un Estado, actuando por cuenta propia, decida quién debe gobernar otro país, incluso cuando invoque razones políticas, humanitarias o de seguridad.
“La soberanía e independencia de todo Estado son principios básicos del derecho internacional contemporáneo, de modo que la intervención militar de un país sobre otro está prohibida, salvo que se realice por mandato de las Naciones Unidas, lo cual no ha ocurrido en el caso de Venezuela. No existe organismo internacional con autoridad para regular la intervención militar de un Estado contra otro”, señaló a Gestión el internacionalista Oscar Schiappa-Pietra.
No obstante, considera que “desde el punto de vista de la ética y la política internacionales, era insostenible la dictadura de Maduro”.
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Los precedentes: ¿qué pasó en otros países?
Sin embargo, pese a la normativa, la historia reciente ofrece ejemplos de intervenciones que derivaron en gobiernos transitorios controlados desde el exterior.
En Irak, tras la caída de Saddam Hussein en 2003, Estados Unidos lideró una autoridad provisional que gobernó el país mientras se diseñaba un nuevo sistema político.
Así, el país encabezó la Autoridad Provisional de la Coalición, que gobernó el país hasta junio de 2004, cuando se transfirió formalmente el poder a un gobierno interino iraquí. Sin embargo, la influencia y presencia militar estadounidense continuaron durante años. No fue sino hasta diciembre de 2011 cuando las tropas de Estados Unidos se retiraron oficialmente.
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En Panamá, en 1989, la invasión estadounidense terminó con la captura de Manuel Noriega y la instalación de un nuevo gobierno.
Washington respaldó la instalación de Guillermo Endara como presidente. La presencia militar estadounidense se mantuvo durante los primeros años de la década de 1990, pero el país comenzó a recuperar el control pleno de su vida política y de seguridad de manera progresiva.
El hito simbólico de ese proceso fue el 31 de diciembre de 1999, cuando Estados Unidos devolvió oficialmente el Canal de Panamá y retiró sus últimas bases militares.
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Gobernar Venezuela “hasta que sea necesario”
Donald Trump ha sido claro: Estados Unidos gobernará Venezuela “hasta que sea necesario”.
“Él inicialmente hablaba de la lucha contra el narcotráfico. Queda la duda de cuáles son las intenciones. Estamos un poco en al incertidumbre“, explica Francisco Belaunde, internacionalista.
A su vez, Jorge Antonio Chávez, analista internacional, sostiene que la duda permanece en si “¿Estados Unidos va a desplegar tropas en el terreno venezolano para poder garantizar el control efectivo de la nación?“.
Y es que Delcy Rodríguez, pese a haber conversado con el secretario general estadounidense Marco Rubio, insiste en que Maduro fue secuestrado y es el presidente legítimo; lo que en ausencia del mismo, ella asumiría la presidencia.
“Se trata de una invasión con ocupación. ¿Cómo podrías gobernar o hacer un acto de control efectivo, sin fuerza? Necesitas un aparato coercitivo que sostenga las decisiones que se tomen. Sería un acto de ocupación", señala el analista, explicando el rol importante que tendrán las fuerzas armadas.
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¿Es posible regular un país intervenido?
La intervención de un Estado o de una coalición no implica carta blanca para gobernar sin límites. El derecho internacional establece que, aun en escenarios de ocupación o administración temporal, el poder interventor está sujeto a normas y a ciertos mecanismos de supervisión externa, especialmente cuando existe respaldo multilateral.
Ese marco está contenido en el derecho internacional humanitario, en particular en el Convenio de Ginebra IV de 1949, que regula la protección de la población civil en territorios ocupados, y en el Reglamento de La Haya de 1907, que fija las obligaciones de la potencia ocupante.
En concreto, el artículo 43 del Reglamento de La Haya obliga al interventor a restablecer y garantizar el orden y la vida pública respetando, salvo impedimento absoluto, las leyes vigentes del país ocupado. A su vez, el artículo 47 del Convenio de Ginebra IV establece que la ocupación no puede privar a la población de la protección que le otorgan las normas y leyes existentes, lo que en la práctica limita los cambios estructurales permanentes.
Estas disposiciones se complementan con el artículo 27 del mismo Convenio, que impone a la potencia ocupante el deber de proteger a la población civil, y con el artículo 55 del Reglamento de La Haya, que define al ocupante solo como administrador de los bienes del Estado, prohibiendo su uso con fines políticos o económicos propios.
“La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela deja sentado un muy peligroso precedente para que otras potencias actúen de modo semejante, por ejemplo, Rusia en su agresión contra Ucrania, o China en su intento de recuperar la soberanía de Taiwán. La presión política dentro de Estados Unidos y a nivel internacional seguramente forzarán para devolver a los venezolanos su plena soberanía, pero es preocupante la situación de inestabilidad que este periodo de transición puede generar. Si la situación se agrava, podrían generarse nuevos flujos masivos de migrantes venezolanos hacia países vecinos como el Perú”, puntualizó Schiappa-Pietra.









