
La selección de Irán recibió las visas necesarias para disputar el Mundial 2026 en Estados Unidos, en una decisión que contrasta con el nuevo repunte de las tensiones entre Washington y Teherán.
El Departamento de Estado y el embajador estadounidense en Turquía, Tom Barrack, confirmaron la emisión de visados para los jugadores iraníes y para el “personal de apoyo necesario” que acompañará al equipo durante el torneo, que se celebrará conjuntamente en Estados Unidos, México y Canadá.
La participación de Irán en la Copa del Mundo había quedado bajo incertidumbre tras el estallido de la guerra el pasado 28 de febrero, cuando ataques de Israel y Estados Unidos golpearon territorio iraní.
Según la agencia iraní Fars, los permisos migratorios no fueron concedidos a más de una decena de integrantes del personal médico y de apoyo, así como al presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, excomandante de los Guardianes de la Revolución.
Las dudas sobre la obtención de visas obligaron además a la selección iraní a trasladar su campamento base desde Tucson, en Arizona, hacia la ciudad mexicana de Tijuana, donde el equipo tiene previsto instalarse este domingo.

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Nuevos ataques en el Golfo
Horas después de anunciar la autorización para el ingreso de los futbolistas, Estados Unidos informó sobre nuevas operaciones militares contra Irán.
El Comando Militar para Oriente Medio (Centcom) señaló que sus fuerzas derribaron cuatro drones que se dirigían hacia el estrecho de Ormuz y posteriormente atacaron instalaciones de radares costeros en territorio iraní.
Según Centcom, los drones “representaban una amenaza inmediata para el tráfico marítimo regional”.
Los Guardianes de la Revolución respondieron afirmando que lanzaron misiles balísticos contra la base aérea Ali Al Salem, en Kuwait, y contra el cuartel general de la Quinta Flota estadounidense en Baréin.
Periodistas de AFP en ambos países reportaron explosiones, especialmente en las inmediaciones del aeropuerto de Kuwait, escenario de otro ataque atribuido a Irán esta semana.

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Negociaciones estancadas
La reanudación de las hostilidades ocurre pese al alto el fuego que, en teoría, permanece vigente desde el 8 de abril.
En los últimos días, la tensión se ha concentrado nuevamente en torno al estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte mundial de hidrocarburos y cuyo tránsito permanece afectado por las disputas entre Washington y Teherán.
El asesor militar del líder supremo iraní, Mohsen Rezai, aseguró que “las negociaciones están en un punto muerto” e instó al presidente estadounidense Donald Trump a desbloquear US$ 24,000 millones en fondos iraníes congelados por las sanciones.
Líbano abre otro frente de tensión
El conflicto también mantiene presión sobre Líbano, donde continúan los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá.
Tras el fracaso de una nueva tregua impulsada por Washington, el presidente libanés Joseph Aoun pidió a Irán abstenerse de intervenir en los asuntos internos de su país.
“Este no es su país, es el nuestro (...) No tienen por qué intervenir en nuestro país”, declaró.
La respuesta llegó rápidamente desde Teherán. El canciller iraní, Abás Araqchi, sostuvo que “si Líbano hubiera sido moneda de cambio para Irán, habríamos llegado a un acuerdo hace mucho tiempo” y agregó: “Salve a Líbano de su verdadero enemigo, señor presidente”.







