
Tras un 2025 excepcional, en el que los portafolios de inversión —desde perfiles conservadores hasta agresivos— alcanzaron retornos de entre 12% y el 18%, surge una interrogante: ¿es sostenible este ritmo en el tiempo? Estos resultados fueron impulsados por una apreciación del 6% al 8% en bonos, cerca de un 20% en acciones globales y un extraordinario 60% en el oro.
Es común que, después de años tan destacados, los analistas ajusten sus pronósticos al alza para evitar quedar rezagados frente al consenso del mercado. Lo contrario ocurre en periodos de ajuste, donde el pesimismo reciente domina las proyecciones. Este comportamiento reactivo suele distorsionar las proyecciones anuales.
Para obtener una visión más robusta, es fundamental enfocarse en horizontes de diez años. Este enfoque elimina el sesgo optimista o pesimista del corto plazo y ofrece pronósticos con mayor validez técnica. Una cartera balanceada —50% en acciones y 50% en bonos— ha rendido aproximadamente un 8.2% anual durante la última década. Ese periodo incluyó desde el auge bursátil de los últimos tres años hasta el choque inflacionario del 2022.
LEA TAMBIÉN: India, una oportunidad estratégica para América Latina
Sin embargo, las proyecciones para la próxima década sugieren una moderación. Se estima que una cartera balanceada rinda un 7% anual promedio en los próximos diez años. Si bien la realidad empírica impide predecir si el 2026 será un año positivo o negativo, sí permite estimar con mayor certeza este retorno promedio para el largo plazo.
Es crucial destacar que este 7% esperado resulta sensiblemente inferior al 8.2% histórico reciente. La brecha sugiere que muchos activos cotizan a valoraciones altas. Por ejemplo, la rentabilidad esperada para la bolsa estadounidense de alta capitalización se sitúa en torno al 6.7% anual promedio para la próxima década. Mientras, se proyecta una mayor rentabilidad en los mercados de acciones de Japón (8.8%), otros mercados desarrollados (7.8%) y mercados emergentes (7.8%), frente a la la bolsa estadounidense.
LEA TAMBIÉN: Bancos y cajas amasan utilidades nunca vistas: mejores y peores de las 47 entidades financieras
Por otro lado, si miramos la renta fija y las proyecciones para la próxima década, los bonos corporativos estadounidenses de grado de inversión tienen una rentabilidad esperada promedio anual de 5.4%. Para los bonos más especulativos, debajo del grado de inversión, la rentabilidad esperada anual promedio para los bonos americanos es de 6.5% y para los bonos emergentes es de 6.7%.
Es importante destacar que a diferencia del mercado de acciones americano, estas proyecciones se encuentran en línea con sus promedios históricos e incluso resultan algo mejores que los de la última década, sobre todo para los bonos de grado de inversión de Estados Unidos.
En conclusión, las excelentes rentabilidades del 2025 han elevado la valla y, paradójicamente, reducen los retornos esperados para los próximos diez años debido a las altas valoraciones actuales, principalmente de la bolsa estadounidense. Determinar la trayectoria exacta año tras año sigue siendo una tarea muy incierta. En este contexto, la clave para el inversionista reside en la disciplina y la visión de largo plazo, donde existe una mayor probabilidad de cumplir con sus objetivos de rentabilidad.









