
Después de un siglo de historia, las rosquitas de manteca de Cajamarca han logrado un hito que va más allá del sabor: el Indecopi las reconoció como Especialidad Tradicional Garantizada (ETG), una certificación oficial de los ingredientes y métodos preservados en el tiempo.
Se trata de una celebración cultural, pero también de una reconfiguración de la economía, ¿por qué? Sergio Chuez, director de Signos Distintivos del organismo, brinda los detalles para Gestión.
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Factor asociatividad
Detrás del sello hubo un trabajo en equipo para reunir los argumentos históricos y técnicos que posteriormente respaldaron el legado. La Asociación de Industriales en Panificación de Cajamarca y Anexos (Asipa) y varios panificadores independientes impulsaron el registro formal el 13 de enero de 2026, con apoyo institucional y asesoría especializada. En suma, el caso refleja cómo la asociatividad puede convertirse en una herramienta de competitividad.
“Las rosquitas de manteca de Cajamarca han sido la ETG en la que ha habido más personas involucradas en la solicitud: 35 solicitantes, y uno de ellos fue Asipa. Entonces, hubo un trabajo consensuado”, relata Chuez.
“El mensaje que nos da la asociatividad es que existe un trabajo coordinado, que existe un objetivo común”, agrega.
Y aunque la ETG no cuente aún con un estudio económico estricto que mida su impacto —se incorporó en 2018, pero a finales de 2021 recién se habilitó su aplicación—, ya registra antecedentes positivos.
Uno de ellos, precisa el vocero, es que los productores del pan de anís de Concepción (el primero con el aval ETG) han reportado que, tras adoptar el distintivo, sus ventas aumentaron alrededor del 30%; mientras que la participación en ferias se elevó un 40%, impulsada por una mayor confianza del consumidor.
“En el caso de la papa a la huancaína, según la tradición de la provincia de Huancayo, también se utiliza muchísimo el sello. Entonces, considero que sí va a haber espacio para que el Perú y, por supuesto, los cocineros en general se beneficien económicamente, en la medida que los consumidores interioricen el sello como un sinónimo de calidad, sinónimo de peruanidad”, complementa Chuez.
Esta dinámica de cooperación, sin embargo, no culmina con la certificación. El sello ETG abre más puertas para alentar la expansión comercial del productor desde la figura del apoyo plural: el trabajo entre productores, gremios y autoridades deberá mantenerse con los años con el fin de consolidar estándares comunes y estrategias de promoción.

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Mercado internacional
En un contexto donde los mercados externos privilegian la calidad certificada y la historia que arrastra cada producto, la ETG puede funcionar como carta de presentación y reputación internacional.
“Utilizar un sello de esta naturaleza sí ayuda a los consumidores a identificar un producto tradicional, un producto típico, un producto oriundo”, afirma el experto.
Vincula esta distinción con el bagaje que ya existe en el Viejo Continente: “La figura de la Especialidad Tradicional Garantizada (ETG) nació en Europa; así que ese continente está seguramente un poco más familiarizado con ella, con lo cual exportar productos hacia los países que lo conforman, en donde ya el público conoce el peso, podría significar un plus para nuestros platillos tradicionales o preparaciones alimentarias tradicionales”.
Cabe resaltar que el sello ETG protege un método de elaboración. En el caso de las rosquitas de manteca de Cajamarca, la lista agrupa el uso de hornos de barro y ladrillo; el empleo de herramientas como la escoba de alfalfa y la bandola, y técnicas como el trenzado manual de la masa, la fermentación natural y el enfriado en canasta de carrizo.
Además se contempla el denominado “punto cajamarquino”, que se refiere a la textura ideal de la masa, capaz de producir un crujido puntual y un efecto visual similar al desmoronamiento.

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Sectores circundantes
La ETG puede convertirse en un eje para impulsar el turismo gastronómico en Cajamarca. La creación de una eventual ruta de las rosquitas permitiría diversificar la oferta turística y posicionar el producto como una experiencia cultural.
“No estamos hablando solamente de que se van a favorecer las panaderías, sino también aquellos que venden harina o aquellos que se encargan de la comercialización de algunos de los insumos que sirven para estos productos. Ellos también podrían aprovechar esta ola en la que están navegando para desarrollar otras herramientas de propiedad intelectual, como podrían ser, por ejemplo, marcas colectivas o marcas de certificación, que de alguna manera garanticen que es un producto con determinadas cualidades”, subraya el representante de Indecopi.
El turismo, a su vez, genera un efecto transversal: hoteles, restaurantes, transporte y agencias de viaje capturan parte de esta demanda adicional. Así, el sello ETG puede contribuir a un ecosistema económico que, además de la producción, se proyecte hacia servicios y comercio.
“El turismo alrededor de las rosquitas de manteca de Cajamarca va a beneficiar a las panaderías, los panificadores, los hoteles, los servicios de restaurantes, el transporte. Se genera un círculo virtuoso que termina alcanzando no solo a aquellos que directamente se dedican a la actividad, sino también a otros que pueden estar vinculados de manera indirecta”, acota.
Incluso la entrega del certificado ETG a las rosquitas de manteca de Cajamarca, en febrero, coincidió con el inicio del carnaval en la ciudad, uno de los momentos de mayor afluencia turística del año.
Este contexto potencia el alcance del sello: al sumarle valor, se fortalece la identidad del producto y, con ello, del Perú.

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.








