
El mapa de las inversiones en el Perú empieza a mostrar un giro más definido hacia determinados sectores productivos. Solo en 2024, el país registró un crecimiento de 56.7% en los flujos de inversión extranjera directa (IED), que bordearon los US$ 6,800 millones, una de las tasas más altas de América Latina, según cifras de la Cepal. Para los inversionistas, este desempeño no se explica únicamente por variables macroeconómicas, sino por la identificación de actividades con proyectos en ejecución, brechas de demanda y oportunidades concretas de ingreso con horizonte a 2026.
Desde la óptica del sector privado, el capital está orientándose hacia rubros que combinan infraestructura, operación permanente y servicios complementarios. Luis Fuentes, director del Grupo Fuentes y de Alligare Internacional —holding especializado en consultoría internacional y promoción de inversiones—, señala que los inversionistas priorizan sectores donde el crecimiento no depende de un proyecto aislado, sino de un conjunto de actividades que aseguran continuidad, escala y sostenibilidad en el tiempo.
Esta tendencia se ve reforzada por el avance de proyectos de infraestructura y logística que están redefiniendo el rol del país en la región. “El Perú se está consolidando como un hub logístico del Pacífico. Proyectos como el puerto de Chancay y la ampliación de infraestructura en el Callao han generado nuevas oportunidades para empresas vinculadas a transporte, almacenamiento, mantenimiento industrial y servicios asociados. No solo llegan operadores logísticos; también se activan inversiones en almacenes industriales, servicios técnicos, mecánicas y soporte operativo”, explica Fuentes.
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En ese contexto, el análisis sectorial identifica cinco áreas que concentran hoy las decisiones de inversión:
La primera es infraestructura, impulsada por proyectos de transporte, obras urbanas y concesiones, que demandan tanto inversión directa como servicios especializados en ingeniería, supervisión, mantenimiento y operación, generando oportunidades para distintos perfiles de inversionistas.
Le sigue logística, fortalecida por el desarrollo del puerto de Chancay y la expansión de la infraestructura portuaria del Callao, que posicionan al país como un nodo clave del Pacífico y activan inversiones en almacenes industriales, transporte especializado, mantenimiento de flotas y servicios técnicos.
Un tercer foco es energía, donde se mantiene el interés por proyectos de generación, transmisión y servicios energéticos, en especial aquellos vinculados al crecimiento de la actividad productiva y a contratos de largo plazo que ofrecen flujos de ingresos más previsibles.
También destaca la agroindustria, orientada a la agroexportación y al procesamiento con valor agregado. En este sector, las oportunidades no se limitan al campo, sino que se extienden a infraestructura de soporte, logística en frío, certificaciones y tecnología aplicada a la transformación de alimentos.
Finalmente, tecnología aparece como un sector transversal que acompaña a actividades como minería, agroindustria y logística, con soluciones enfocadas en eficiencia operativa, trazabilidad, automatización y control de procesos.

El origen del capital y la expansión regional
Según Fuentes, el interés por estos sectores proviene principalmente de inversionistas regionales —Chile, Bolivia y Ecuador—, así como de capitales asiáticos, en especial de China y Corea del Sur. Estos actores valoran la estabilidad macroeconómica del país, su apertura comercial y la red de tratados de libre comercio, que permiten utilizar al Perú no solo como mercado de destino, sino como plataforma de exportación y operación regional. “El inversionista extranjero ve en Perú estabilidad macroeconómica, apertura comercial y una posición estratégica para exportar a mercados con los que el país tiene tratados de libre comercio”, señala.
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En paralelo, este escenario también está impulsando a las empresas peruanas a evaluar su salida al exterior. La expansión hacia mercados como Chile, Bolivia y Asia viene avanzando de manera gradual, utilizando hubs comerciales como Hong Kong para la internacionalización de productos, especialmente alimentos procesados y bienes con valor agregado. Esta estrategia permite reducir riesgos y acercarse al mercado final sin realizar grandes inversiones iniciales.
Con una perspectiva favorable hacia 2026, el reto será consolidar estos sectores como motores sostenibles de inversión, apoyados en reglas claras, estabilidad jurídica y una agenda que facilite tanto la llegada de capital extranjero como la internacionalización de las empresas peruanas.







