
Mientras deportes como el fútbol, el vóley o incluso el rugby han logrado ampliar su presencia en distintos segmentos de la población, el béisbol peruano todavía carga con una característica que ha marcado su historia: durante décadas, su desarrollo estuvo concentrado principalmente en la colonia japonesa y en un reducido número de practicantes. Hoy, la Federación Peruana de Béisbol busca cambiar ese escenario con una estrategia que apunta a ampliar la base de jugadores, fortalecer su sostenibilidad financiera y convertir a los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Lima 2027 en un punto de inflexión para la disciplina. ¿Cómo planea lograrlo?
En esta disciplina deportiva, el reto no pasa únicamente por obtener mejores resultados deportivos, sino también por construir un mercado más amplio alrededor del béisbol, capaz de atraer nuevos jugadores, generar mayor interés entre el público y abrir la puerta a futuras empresas patrocinadoras.
Sissy Arellano, integrante de la Junta Directiva de la Federación Peruana de Béisbol y presidenta de la Liga de Villa María del Triunfo, explicó a Gestión que la disciplina atraviesa una etapa de transformación luego de haber permanecido durante años concentrada en pocos espacios de Lima.
“Si vemos la realidad del béisbol en el Perú, se ha enfocado más que todo en la colonia japonesa. El desarrollo histórico del deporte se sostuvo principalmente en organizaciones ubicadas en distritos como Pueblo Libre y el Callao, donde existían infraestructura y comunidades que mantuvieron viva la disciplina durante décadas”, comentó.
Sin embargo, con la construcción del complejo deportivo de Villa María del Triunfo para los Juegos Panamericanos Lima 2019, la federación encontró una oportunidad para ampliar su alcance mediante talleres gratuitos, subvencionando torneos, acreditaciones y la cancha para los clubes.
Al día de hoy, el béisbol peruano reúne alrededor de 16 clubes distribuidos en cinco ligas activas de Lima: Villa María del Triunfo, Pueblo Libre, Jesús María, Callao y otra liga metropolitana. De ellas provienen los cerca de 90 deportistas que integran las selecciones nacionales entre las categorías U15, U17, U18, U23 y mayores.
“Los equipos de los clubes estás conformador por un mínimo de 15 jugadores, mientras que a nivel Liga y para campeonatos nacionales e internacionales, debe estar conformado por cinco peruanos y cuatro extranjeros. La regla fue implementada hace ocho años para equilibrar una disciplina donde la migración venezolana y cubana incrementó significativamente el número de practicantes. Nos sumaron experiencia”, explicó Arellano.

YouTube, merchandising y el plan para atraer patrocinadores
Incrementar el número de jugadores representa apenas una parte del plan de la Federación Peruana de Béisbol. La organización no cuenta con patrocinadores privados permanentes. Sus ingresos propios provienen principalmente de las inscripciones de los clubes a los campeonatos y de la “carnetización” de los jugadores, recursos que cubren parte de la operación de los torneos.
Frente a ese escenario, la federación apuesta por convertir la visibilidad del béisbol en su principal carta de presentación ante potenciales patrocinadores.
Arellano explicó que la federación viene reforzando su presencia en redes sociales y las transmisiones de partidos mediante su canal oficial de YouTube, con el propósito de aumentar la exposición del deporte y construir una propuesta más atractiva para potenciales auspiciadores.

Otra de las iniciativas en evaluación es retomar la comercialización de merchandising oficial. Antes de la pandemia, la federación ya había vendido gorras y camisetas durante algunos torneos internacionales; sin embargo, las restricciones de acceso al complejo deportivo de Villa María del Triunfo, administrado por el Instituto Peruano del Deporte (IPD), limitaron la instalación de puntos de venta y frenaron esa iniciativa.
Ahora, con Lima 2027 en el horizonte, la organización vuelve a evaluar la venta de camisetas, poleras y gorras. En el caso de las gorras, anteriormente trabajó con la marca del exseleccionado Sue Mollosa, aunque la federación todavía no define qué proveedores participarán en esta nueva etapa.
“Queremos que las empresas vean al béisbol como una oportunidad. Estamos trabajando para llegar a más jóvenes y demostrar que este deporte puede seguir creciendo en el país”, afirmó Arellano.

Más allá del campo de juego: el desafío del costo
Aunque un bate profesional de marcas como Easton o Marucci puede costar entre US$200 y US$500, la Federación Peruana de Béisbo busca que ese desembolso no sea la puerta de entrada al béisbol. Más allá del diamante —nombre que recibe el campo de juego por la forma de su cuadro interior—, el objetivo es que niños y jóvenes puedan iniciarse en la disciplina sin realizar grandes inversiones desde el primer día.
Con ese propósito, los menores de 12 años están exonerados del pago por carnetización. A ese medida, se suma que los clubes entrenan sin costo por el uso del estadio de béisbol del complejo deportivo Andrés Avelino Cáceres, en Villa María del Triunfo, gracias al acceso que les brinda el IPD. Esto permite mantener bajas las cuotas para los deportistas y reducir una de las principales barreras de acceso.
La mayor inversión aparece cuando el jugador decide competir a un nivel más especializado. Además del bate, guantes, cascos y otros implementos suelen importarse desde Estados Unidos o Japón debido a la limitada oferta existente en el mercado peruano.
Para abastecer a las selecciones nacionales, la federación trabaja con un proveedor en Estados Unidos que suministra bates, pelotas y otros materiales durante la temporada. No obstante, muchos jugadores también recurren a plataformas de comercio electrónico para adquirir su equipamiento de manera independiente.
En el caso de los seleccionados nacionales, la federación cubre la indumentaria, los materiales de entrenamiento y el equipamiento utilizado en competencias internacionales con recursos provenientes del IPD. Así, para quienes recién se inician, el mayor reto suele ser descubrir el béisbol antes que asumir el costo de practicarlo.







