
El oro ha seguido sorprendiendo al mercado. Solo en los primeros días del 2026, ya ganó 3.93%, cerrando el último viernes en US$ 4,490 la onza, ¿puede el mineral sostener esos niveles?
El metal precioso viene impulsado por la demanda como reserva de valor, ante la debilidad del dólar, según los analistas.
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De acuerdo con Kallpa SAB, existen factores estructurales que llevarán al oro a cotizar a un precio promedio de US$ 4,100 la onza durante el 2026.

“El principal motor seguirá siendo la demanda de inversión, más que las compras de bancos centrales, cuyo ritmo se ha estabilizado durante el segundo semestre del 2025”, afirma la casa de bolsa.
Es decir, el precio del oro aún estaría en niveles altos, considerando que durante el 2025 su cotización subió 64%, y llegó a superar los US$ 4,550 la onza a finales de ese año (El 2024 cerró en US$ 2,628.90 la onza).
En ese contexto, encontrar oro debajo de una propiedad podría pensarse que es el equivalente a ganarse la lotería, pero, ¿qué dice la ley?
El artículo 66 de la Constitución Política del Perú señala: “Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El Estado es soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones de su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal”.
Es decir, si alguien encuentra oro en su predio, no será suyo, sino que le pertenece al Estado, quien determinará cómo y quién explotará el yacimiento.

Los ciudadanos son propietarios de la superficie de su terreno, más no de los recursos naturales que puedan existir en el subsuelo.
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Entre los factores que seguirán apuntalando el oro, según Kallpa SAB, están: una demanda de inversión aún elevada, en un contexto en el que el mercado físico continúa registrando un déficit significativo; expectativas de menores tasas reales en EE.UU. conforme avance el ciclo de recortes de la Fed; y, la persistencia de tensiones geopolíticas y comerciales.

Economista con trayectoria en periodismo y medios digitales.








