
La onza de oro ha escalado desde los US$ 2,000 a inicios del 2023 hasta superar los US$ 5,000 en marzo del 2026, un rally que ha reavivado el interés de inversionistas institucionales y minoristas.
Con el metal en máximos históricos, la pregunta es inevitable: ¿todavía hay espacio para nuevas alzas o es tarde para entrar?
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Un ciclo alcista con fundamentos sólidos
Para Antonio Quiroz, docente de la Carrera de Economía y Finanzas de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), el incremento sostenido tiene bases estructurales.
“La onza del oro ha mostrado un alza continua desde inicios del año 2023, cuando cotizaba aproximadamente los US$ 2,000, y a partir de allí mostró un crecimiento continuo que lo ubica a inicios de marzo de 2026 con un precio que supera los US$ 5,000”, explica.
El docente detalla que el alza ha estado marcada por el incremento global de la demanda, tanto como insumo industrial como reserva de valor. China e India han sido compradores clave en los últimos tres años, en paralelo al avance de su industrialización. A ello se suma la estrategia de los bancos centrales -con Estados Unidos y China entre los principales tenedores- de reforzar reservas ante la incertidumbre global.
“No hay razón para creer que en los próximos meses del presente año la demanda de oro deje de crecer”, sostiene Quiroz. Además, recuerda que las crisis globales -desde pandemias hasta conflictos bélicos- han reforzado el papel del oro como activo refugio.
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¿Entrar ahora o esperar?
La decisión de inversión, sin embargo, exige matices. Para quien aún no tiene exposición al metal, Quiroz advierte que todo activo está sujeto a riesgos.
Aun así, subraya un factor clave: “No se ha logrado concebir un mineral (natural o artificial) que reemplace al oro”. Si la demanda continúa en ascenso, el precio debería mantener su tendencia alcista.
El especialista menciona como referencia la estrategia adoptada en 2025 por Warren Buffett, quien incrementó su posición en oro hasta que el metal representó más del 30% de su portafolio. Sin embargo, advierte que imitar esa estrategia implica sofisticación financiera.
“Todo apunta a que podría ser una buena idea, pero debemos fijar posiciones cubiertas con opciones (derivados financieros) que permitan mitigar el riesgo frente a la posibilidad de una fuerte caída del oro por alguna condición extraordinaria (Black Swan) que no podemos prever”, señala.
Desde una postura más prudente, el economista Jorge Guillén considera que el precio actual complica nuevas entradas agresivas. “Comprar ahora es un poco complicado porque ya es muy difícil que el oro suba más. Es un precio muy alto. Ya es un poco tarde para entrar en GLD”, afirma.
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¿Qué perfil debería apostar por el oro?
Para Quiroz, el perfil de riesgo es determinante. Un inversionista agresivo podría sentirse más atraído por activos como el Bitcoin, dada su mayor volatilidad y potencial de retornos extraordinarios.
En cambio, para perfiles conservadores, el oro mantiene su atractivo como activo líquido y de protección frente a crisis recurrentes.
Guillén coincide en que el oro puede formar parte de cualquier portafolio, pero aclara que su principal función no es multiplicar capital en el corto plazo, sino servir como escudo ante escenarios adversos.
En un contexto de volatilidad geopolítica y reconfiguración de portafolios globales, el metal precioso vuelve al centro del debate financiero. Si el rally continuará o si se aproxima una corrección dependerá de factores globales difíciles de anticipar. Por ahora, el oro sigue brillando.

Escribo sobre política, economía, defensa y afines. Nueve años contando historias y analizando problemáticas en prensa escrita, radio y televisión.








