
La salud mental dejó de ser un asunto exclusivamente vinculado al bienestar de los trabajadores para convertirse en un riesgo empresarial. En el Perú, el deterioro de la salud mental ya ocupa el cuarto lugar entre los principales riesgos relacionados con la gestión de personas, una posición significativamente más alta que el noveno puesto que registra a nivel global, según el estudio People Risk 2026 de Marsh.
El informe, que analiza los principales riesgos para la fuerza laboral en distintos mercados, también muestra que el país presenta una agenda distinta a la del resto del mundo. Mientras a nivel global el principal riesgo de personas son las amenazas cibernéticas, en el Perú el primer lugar lo ocupa la transformación de los lugares de trabajo, seguida por la escasez de talento tecnológico.
Para Ariel Almazán, líder de Salud y Beneficios de Marsh para Latinoamérica y el Caribe, la mayor relevancia de la salud mental en el país refleja que este problema es cada vez más visible dentro de las organizaciones.
“Hoy muchas organizaciones siguen normalizando el exceso de trabajo, la hiperconexión y la presión constante. Cuando las expectativas sobre las personas aumentan sin los recursos adecuados para responder, el agotamiento se acelera. Reconocer este riesgo es el primer paso para gestionarlo”, sostuvo.
Escasez de talento sigue siendo un desafío
El estudio también evidencia que las empresas reconocen la dificultad para encontrar y retener personal calificado. El 70% de los encuestados ve probable enfrentar una escasez de talento en el corto plazo, pero solo el 40% cuenta con una propuesta de valor al colaborador sólida.

Además, apenas el 38% tiene mecanismos efectivos para escuchar y comprometer a su gente. En los perfiles más escasos, la retención ya no depende solo del salario, sino también de la flexibilidad, el desarrollo y el propósito.
Ciberseguridad e inteligencia artificial
Otro de los riesgos identificados es la ciberseguridad, que ocupa el tercer lugar en el Perú. El estudio advierte que las amenazas digitales ya no dependen únicamente de la infraestructura tecnológica, sino también del comportamiento de las personas, por lo que la capacitación y la cultura organizacional se vuelven factores clave para reducir la exposición.
En paralelo, la inteligencia artificial aparece como otro desafío para las empresas. Aunque el 73% de la alta dirección considera que dominar la IA será tan importante como dominar las finanzas, el principal obstáculo para su adopción sigue siendo una cultura organizacional que todavía no prioriza suficientemente la innovación ni el aprendizaje continuo.
Almazán sostuvo que el desafío para las organizaciones ya no pasa únicamente por identificar estos riesgos, sino por convertir los diagnósticos en acciones concretas. Añadió que, cuando las áreas de Recursos Humanos y Gestión de Riesgos trabajan de manera coordinada, la efectividad de las medidas para mitigar estos riesgos puede incrementarse en más de 30 puntos porcentuales.
“El desafío ya no es diagnosticar. Muchas organizaciones miden los riesgos psicosociales porque la norma lo exige, pero eso se queda en el papel. El siguiente paso es traducir esa información en un plan con responsables, plazos e indicadores, e integrarlo a la estrategia de talento y productividad. Y hay algo clave: el colaborador no se cansa de que le pregunten; se frustra cuando, después de responder, no pasa nada”, puntualizó.







