
Un examen oftalmológico no solo permite evaluar la salud visual, sino que también puede ofrecer indicios de enfermedades que afectan otras partes del organismo. En el caso del cáncer, un examen de retina no confirma la presencia de la enfermedad, pero sí puede identificar alteraciones que lleven al especialista a solicitar evaluaciones médicas adicionales para descartar o confirmar un diagnóstico.
El Dr. Gerardo Arana Kaik, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión, explica que la retina es el único lugar del cuerpo donde los médicos pueden observar directamente los vasos sanguíneos y el tejido nervioso sin recurrir a procedimientos invasivos.
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“Gracias al examen de fondo de ojo, el oftalmólogo puede detectar alteraciones vasculares, inflamatorias o infiltrativas que, en algunos casos, podrían estar asociadas a enfermedades sistémicas”, señala.
Durante un examen de retina, el especialista puede identificar:
- Tumores que se desarrollan dentro del ojo, como el retinoblastoma, que es más frecuente en niños.
- Signos de cánceres que se originaron en otras partes del cuerpo y que se han extendido hasta el ojo.
- Alteraciones en los vasos sanguíneos o en el nervio óptico que podrían estar relacionadas con enfermedades sistémicas, incluidos algunos tipos de cáncer.
- Cambios poco frecuentes en la retina causados de manera indirecta por la presencia de un cáncer en otra parte del organismo.
El especialista enfatiza que estos hallazgos no constituyen un diagnóstico de cáncer. “Lo importante es identificar señales que permitan descartar enfermedades y, si corresponde, facilitar un diagnóstico temprano”, precisa.
Las metástasis oculares pueden manifestarse con síntomas como visión borrosa o disminución de la capacidad visual, aparición de manchas o “moscas volantes”, destellos de luz o pérdida parcial del campo visual. Sin embargo, en algunos pacientes estas lesiones no producen molestias y solo son detectadas durante un examen de fondo de ojo.
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Por ello, el Dr. Arana recomienda realizar controles oftalmológicos periódicos, especialmente a partir de los 40 años o en personas con antecedentes familiares de enfermedades sistémicas, ya que estas evaluaciones pueden contribuir a la detección temprana de diversas patologías.







