Ante 35 candidatos y aproximadamente un tercio de los peruanos indecisos o sin apoyar a nadie, podría surgir un contendiente sorpresa en los últimos días antes de la votación del 12 de abril.
Los conservadores Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori llevan semanas estancados en un empate técnico, cada uno con alrededor del 10% al 12% de apoyo, principalmente de votantes en la capital, Lima, según las encuestas más recientes. Pero, en última instancia, serán las regiones fuera de la capital, donde vive el 70% de los 34 millones de habitantes del país, las que marcarán la mayor diferencia en el resultado de las elecciones.
“Hay así un voto sistemáticamente anti establishment, antilimeño, sobre todo en las zonas entre más pobres y alejadas del país”, dijo el analista político Gonzalo Banda. Estas regiones “van a decidir mucho el voto”, añadió, señalando que son las más difíciles de encuestar y suelen tener el mayor porcentaje de votantes indecisos en un país donde las elecciones generalmente se resuelven en las últimas semanas.
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Eso fue lo que ocurrió en las últimas elecciones de 2021, aunque ha habido cuatro presidentes entretanto debido a la constante inestabilidad política del país. El apoyo al candidato de extrema izquierda Pedro Castillo aumentó drásticamente en la recta final de la campaña, impulsada por los votantes de los Andes y del sur de Perú, quienes se sintieron atraídos por sus promesas de reformar la Constitución y redistribuir la riqueza proveniente de la minería, principal sector de exportación de Perú y principal fuente de inversión extranjera. Apenas figuraba en las encuestas dos semanas antes de la primera ronda de las elecciones.
Luego ganó la segunda vuelta contra Fujimori, que ha llegado tres veces a las segundas rondas, arrasando en los distritos donde hay minas clave. En Chumbivilcas, cerca de la enorme mina de cobre Las Bambas de MMG Ltd., Castillo recibió más del 95% de los votos. Para ganar directamente, un candidato necesita al menos el 50% del total de votos.
Los proyectos políticos que desafían al sistema, como el de Castillo, han obtenido el apoyo de los votantes de las regiones del sur y mineras, lo que demuestra una división regional en las elecciones peruanas de las últimas dos décadas, dijo Banda, oriundo de la ciudad sureña de Arequipa.
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Como presidente, Castillo nunca implementó esas propuestas, aunque durante la campaña inquietaron a la élite empresarial y política del país, rico en minerales, lo que provocó una fuga de capitales histórica de aproximadamente US$ 16,000 millones, o más del 7% del producto bruto interno de Perú en ese momento.
En estas elecciones, la mayoría de los peruanos están preocupados por el aumento de la delincuencia, la corrupción, la inestabilidad política y el desempleo.
Candidatos emergentes
Ningún candidato lidera en todas las regiones de Perú. Sin embargo, en diferentes partes del país se empieza a perfilar el favorito.
El sur de Perú se está convirtiendo en un bastión del economista de izquierda Alfonso López-Chau, según la encuesta más reciente de Ipsos. López-Chau, el exdirector del banco central bajo el mandato de Julio Velarde, captó la atención nacional durante las protestas de finales de 2022, cuando, como rector de la Universidad Nacional de Ingeniería, abrió el campus a jóvenes que habían viajado a Lima desde los Andes del sur. Estos jóvenes exigían elecciones anticipadas tras la destitución de Castillo por intentar disolver el Congreso y gobernar por decreto.
El legado del expresidente de extrema izquierda, que actualmente cumple una condena en prisión por su intento de acaparar el poder, está siendo reivindicado por el candidato Roberto Sánchez, quien fue uno de sus ministros más leales.
Sánchez, cuyo apoyo se concentra principalmente en las zonas rurales según las encuestas, impulsa una nueva Constitución para dar voz a las comunidades marginadas del país. Ha propuesto utilizar las reservas internacionales del banco central para invertir en salud y educación, y renegociar los acuerdos de libre comercio. En el debate presidencial de la semana pasada, Sánchez lució el sombrero tradicional del norte del Perú, que se convirtió en el sello distintivo de Castillo.
El congresista ha sido uno de los que más rápido ha ascendido en las últimas semanas, al igual que el centrista Jorge Nieto. El sociólogo y exministro de Defensa promete transformar Perú en una fuente de crecimiento más equitativo, pasando de un modelo extractivo a uno diversificado e inclusivo. Su apoyo, si bien actualmente está más disperso, proviene principalmente de zonas urbanas, incluyendo Lima.
Aun así, tanto Sánchez como Nieto están empatados con apenas un 5%, luchando por el tercer puesto junto con López-Chau y el humorista Carlos Álvarez, quien goza de mayor popularidad en el norte de Perú, según las encuestas. Tras tres décadas en la televisión, Álvarez se presenta como un candidato antisistema, prometiendo medidas firmes contra la delincuencia.
Otra ronda de debates está programada para esta semana, por lo que todavía hay tiempo para que López-Chau, Sánchez, Nieto o Álvarez logren destacar.
Quien logre movilizar el voto de las regiones probablemente pasará a la segunda vuelta, afirmó el politólogo José Incio, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú. “Yo creo que hay todavía espacio para que se alineen las cosas”, añadió.
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La historia reciente de Perú sugiere que solo uno de los dos, Fujimori o López Aliaga, tiene probabilidades de llegar a la segunda vuelta.
“Es muy difícil que un candidato blanco, pituco pegue en las regiones andinas”, dijo Banda.
Fuera de Lima, y entre los votantes de la clase trabajadora, le va mejor a la hija del expresidente Alberto Fujimori que al exalcalde López Aliaga. Las encuestas muestran que solo ganaría en la capital, respaldado principalmente por los sectores más ricos del país.
En Perú, ser “primero con mucha antelación no te conviene”, dijo Incio. “Es el último que logre generar la expectativa, y ya no queda mucho tiempo como para buscar otra opción. Ese es el que va a capitalizar”.






