
Con el retorno del sistema bicameral en el Perú, el Congreso volverá a estar compuesto por dos cámaras: la Cámara de Diputados y el Senado. Este cambio institucional, que modifica la dinámica del Poder Legislativo tras más de tres décadas de unicameralidad, plantea expectativas sobre una mejora en la calidad normativa y el control político, pero también abre interrogantes sobre tiempos, costos, equilibrios de poder y representación.
El nuevo Congreso bicameral estará conformado por 60 senadores y 130 diputados, elegidos para un período de cinco años. En total, serán 190 representantes electos en 2026.
Comprender cómo funciona este nuevo esquema es clave no solo para los actores políticos, sino también para la ciudadanía —en especial para jóvenes y votantes primerizos— que deberán evaluar a candidatos con funciones, perfiles y responsabilidades diferenciadas.
¿Cómo se elaborarán ahora las leyes?
En el nuevo modelo, los proyectos de ley se inician en la Cámara de Diputados. Una vez aprobados, pasan al Senado, que puede aprobarlos, modificarlos o rechazarlos. Solo después de contar con el visto bueno de ambas cámaras, la propuesta es remitida al Poder Ejecutivo para su promulgación u observación.
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José Alfonso Lip Zegarra, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Piura (UDEP), explica a Gestión que este procedimiento introduce una “doble revisión” que, si bien busca elevar el estándar del debate legislativo, también implica una mayor duración del proceso. La necesidad de que una iniciativa sea aprobada por dos instancias puede extender los plazos frente al modelo unicameral, lo que en determinadas coyunturas político-sociales podría contraponerse a la urgencia de contar con normas de rápida aprobación.
Ese mayor tiempo de deliberación, advierte Lip, puede generar costos de oportunidad para el país si no se logran consensos oportunos. Sin embargo, el objetivo central del bicameralismo es reducir el riesgo de normas improvisadas o de difícil aplicación, apostando por una evaluación más reflexiva y técnica de las propuestas.

Funciones diferenciadas: Diputados y Senado, roles complementarios
La diferencia entre ambas cámaras no es solo procedimental, sino también funcional. Según explica Lip Zegarra, los diputados representan una mirada más cercana a la población y a las regiones, mientras que el Senado cumple un rol de revisión con una perspectiva nacional.
La Cámara de Diputados concentra buena parte del control político cotidiano: puede interpelar y censurar ministros, otorgar o negar la cuestión de confianza y conformar comisiones investigadoras sobre asuntos de interés público. Este diseño busca que mantenga un vínculo más directo con las demandas ciudadanas y los problemas inmediatos.
El Senado, en cambio, tendrá atribuciones exclusivas de alto impacto institucional. Entre ellas, la elección de autoridades clave como el Defensor del Pueblo, el Contralor General de la República, los magistrados del Tribunal Constitucional y directores del Banco Central de Reserva. También le corresponde autorizar la salida del país del presidente de la República, revisar decretos de urgencia y legislativos del Ejecutivo, y decidir sobre la suspensión o destitución de altos funcionarios en los procesos de acusación constitucional.
Este reparto de funciones apunta a que una cámara investigue y la otra decida, especialmente en materia de control político, lo que —en teoría— refuerza el debido procedimiento parlamentario.
¿Más control o más bloqueo? El equilibrio frente al Ejecutivo
Para Lip Zegarra, el impacto real del bicameralismo sobre el control al Poder Ejecutivo dependerá de la correlación de fuerzas políticas en ambas cámaras y del manejo que el Ejecutivo tenga de su bancada oficialista. El esquema permite un control más ordenado, pero también puede resultar más extenso si no existen mayorías claras.
En ciertos escenarios, esta dinámica podría incluso fortalecer al Ejecutivo, si logra tejer alianzas suficientes para bloquear o archivar herramientas de control político.
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Incentivos políticos y estabilidad: la mirada desde la ciencia política
Desde la ciencia política, Milagros Campos, abogada constitucionalista y politóloga de la PUCP, señala que no existe un único modelo de bicameralismo ni un efecto automático sobre la forma de hacer política. Su impacto depende del diseño constitucional, del sistema de partidos y de los políticos que integran las cámaras.
“La bicameralidad no moldea la forma de hacer política, en gran medida la política moldea el funcionamiento del Congreso”, manifiesta a este medio.
En el próximo Congreso bicameral, la necesidad de que la mayoría de decisiones sean aprobadas por ambas cámaras puede tener un efecto positivo sobre la estabilidad política, al exigir mayor negociación y acuerdos más amplios. A ello se suma otra reforma relevante: la reelección parlamentaria inmediata, que introduce incentivos para construir carreras políticas, mejorar el desempeño en el cargo y fortalecer la rendición de cuentas.
Ventajas y límites del modelo bicameral
Campos destaca que el bicameralismo suele asociarse con mayor seguridad jurídica y estabilidad normativa, al exigir una deliberación más profunda. No obstante, advierte que ello no garantiza automáticamente leyes de mejor calidad si no se acompaña de buenas prácticas para legislar, como el análisis de impacto regulatorio y presupuestal o el estudio de antecedentes legislativos.
La incorporación de una segunda cámara también puede mejorar la representación política y el sistema de pesos y contrapesos. Sin embargo, existen críticas: si ambas cámaras tienen una representación muy similar, podría generarse duplicidad; si son muy diferentes, el riesgo es el bloqueo de decisiones. Frente a ello, la unicameralidad suele ser defendida por quienes priorizan rapidez en la aprobación de leyes y un menor impacto presupuestal, aunque en el caso peruano la evidencia sobre este último punto no es concluyente.
Fragmentación partidaria y reglas electorales
Uno de los efectos esperados del nuevo esquema se relaciona con la fragmentación del sistema de partidos. Campos explica que el doble umbral electoral aprobado para las próximas elecciones —5% de votos válidos a nivel nacional y 5% de miembros en cada cámara, con cómputo independiente— previsiblemente reducirá el número de partidos con representación parlamentaria.
Este diseño busca facilitar la formación de mayorías y mejorar la gobernabilidad, aunque su impacto dependerá del comportamiento del electorado y de la oferta partidaria.

Confianza ciudadana y retos pendientes
En un contexto de alta desconfianza hacia el Congreso, la bicameralidad no es, por sí sola, una solución. Campos subraya que la legitimidad institucional dependerá en gran medida de los resultados: de la relación con el Ejecutivo, del funcionamiento del Parlamento y de su capacidad para atender problemas reales de la ciudadanía.
Además, advierte que, a diferencia de otros sistemas bicamerales, cuando exista una discrepancia sobre iniciativas legislativas, la Cámara de Diputados no será consultada nuevamente, lo que otorga al Senado un rol decisivo en el contenido final de las leyes, pese a no tener iniciativa legislativa. “Ese aspecto, puede limitar las ventajas del bicameralismo”, advierte.
Lo que deben saber los votantes
Para Lip Zegarra, uno de los principales desafíos del retorno al bicameralismo es informativo. “Es fundamental que los ciudadanos sepan qué están eligiendo y qué función cumple cada cargo”, advierte el jurista de la UDEP. Esta diferenciación es clave para evaluar la viabilidad de las propuestas y el perfil de los candidatos.
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Mientras que un aspirante al Senado debería acreditar experiencia política, capacidad de análisis y visión nacional, un candidato a la Cámara de Diputados necesita mostrar cercanía con las problemáticas ciudadanas y conocimiento de las demandas regionales. Esta lógica también se refleja en los requisitos: 25 años para ser diputado y 45 para ser senador, apostando por una cámara alta con mayor trayectoria.
El retorno del Senado abre una nueva etapa en el diseño institucional del país. Su éxito, coinciden los especialistas, no dependerá solo de la estructura, sino de la calidad de la representación, la capacidad de acuerdo y la respuesta efectiva a las expectativas ciudadanas.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.








