
1. Hace 10 años, publiqué un artículo con este mismo título, justo después de la primera vuelta electoral de aquel año. En ese entonces, los mercados financieros locales habían registrado una alta volatilidad justo antes de la segunda vuelta. En dicho artículo me preguntaba, “¿por qué en el Perú, cuando se hace evidente que una opción de izquierda radical puede tomar control del Ejecutivo, se dispara el dólar y se desploma la Bolsa de Valores?”. Esto es lo que sucedió en el 2011 con el surgimiento de Ollanta Humala, en los días que precedieron a la primera vuelta del 2016 y luego en el 2021, cuando Pedro Castillo pasó a disputar y eventualmente ganar la presidencia en la segunda vuelta, y ahora con Roberto Sánchez asomándose al balotaje.
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2. La pregunta vuelve a ser pertinente hoy. ¿Estamos frente a mercados ideologizados que castigan determinadas opciones políticas, o ante un mecanismo simple y no conspirativo de formación de precios? La evidencia sugiere lo segundo. En los mercados financieros, miles de agentes procesan información de manera simultánea y, sobre todo, tratan de anticipar lo que harán los demás. Si una noticia lleva a pensar que otros venderán, lo racional es vender antes. Este comportamiento estratégico no requiere coordinación ni sesgos ideológicos: basta con expectativas compartidas.

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3. Cuando aparece con probabilidad no despreciable un candidato percibido como hostil a la inversión privada, los inversionistas ajustan sus proyecciones: mayores impuestos, menor inversión, desaceleración del crecimiento y, por tanto, menores utilidades futuras. Dado que el precio de las acciones refleja el valor presente de esos flujos, una revisión a la baja de dichas expectativas se traduce en caídas inmediatas. No es un castigo político; es un ajuste de valoración. Algo similar ocurre en el mercado cambiario. Si se anticipa que muchos inversionistas buscarán salir, la demanda por dólares aumenta hoy. El resultado es una depreciación que no solo se adelanta, sino que puede amplificarse.
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4. Revisemos los resultados de la primera vuelta de las tres últimas elecciones presidenciales. En el 2016, la BVL cayó en 1.89% con relación al S&P 500 en la semana previa a la primera vuelta, cuando se creía que Verónika Mendoza pasaría al balotaje. En el 2021, en la semana que siguió a la primera vuelta, la bolsa local cayó en 3.21% con relación al S&P 500 y, ahora, con Sánchez aproximándose al balotaje, el diferencial es mucho más pronunciado: menos 6.45%. Por su parte, el tipo de cambio también reflejó este nerviosismo: subió 1.7% en el primer episodio, 1.0% en el 2021 y 2.0% en la última semana. La reciente depreciación de nuestra moneda se produjo a pesar de precios récord de nuestras exportaciones, de la intervención del BCR y de que nuestras RIN alcancen los US$ 100,000 millones.
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5. Todo indica que en esta oportunidad el mercado fue más sorprendido –negativamente– que en las dos anteriores elecciones. Los mercados no votan, pero sí reaccionan. No lo hacen por ideología, sino porque intentan ponerle precio (de manera imperfecta y a veces exagerada) a los escenarios futuros. Ignorar esas señales puede ser cómodo; entenderlas resulta bastante más útil.
Carlos E. Paredes es socio fundador de Intelfin y docente de la U. Continental








