
Escribe: Javier Gamboa, vicepresidente de Estrategia y Gestión de Portafolios de Rímac
Luego de una caída muy fuerte del dólar durante el 2025, este nuevo año no ha comenzado diferente y mantiene una tendencia bajista. Este comportamiento abre la puerta a la pregunta de si el dólar estaría finalmente encaminado a perder su dominancia a nivel global.
Durante más de siete décadas, el dólar estadounidense ha sido la piedra angular del sistema financiero internacional. Su rol dominante en reservas, comercio, pagos, financiamiento y mercados de capitales ha configurado una arquitectura global difícil de reemplazar. Sin embargo, las sanciones económicas a algunos países, el congelamiento de activos y más recientemente, los problemas fiscales en Estados Unidos y las políticas erráticas de la administración actual están retando la configuración del ecosistema financiero y la dominancia del dólar como moneda hegemónica del mundo.

En efecto, estos factores han generado que las compras de oro por parte de bancos centrales se hayan acelerado de manera significativa los últimos años, lideradas casi exclusivamente por economías emergentes. Paralelamente, las reservas globales en monedas fiduciarias como proporción del PBI mundial vienen reduciéndose desde hace más de una década y la participación del dólar en las reservas internacionales ha caído desde aproximadamente 70% en el año 2000 hasta cerca de 59% en la actualidad, mientras el oro gana un espacio cada vez mayor. Esta tendencia no refleja un abandono abrupto del dólar, sino un cambio gradual en la composición del ahorro soberano, motivado por una percepción de riesgo geopolítico más elevada y persistente.
De hecho, la dominancia del dólar en los flujos financieros sigue siendo abrumadora. Cerca del 90% de todas las transacciones en el mercado cambiario global involucran al dólar, un nivel que se ha mantenido notablemente estable durante los últimos treinta años. Asimismo, alrededor del 54% de la deuda emitida en moneda extranjera está denominada en dólares, consolidando su rol central como unidad de cuenta y medio de financiamiento.
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En el sistema bancario internacional, aproximadamente la mitad de los préstamos y depósitos transfronterizos están expresados en dólares, reflejando la profundidad y la integración del sistema eurodólar en la intermediación financiera global. En los pagos internacionales, el dólar representa cerca del 47% del total, mientras que en el financiamiento del comercio global su participación se aproxima al 80%, confirmando su condición de moneda dominante incluso en transacciones donde Estados Unidos no participa directamente.
A pesar de esto, esta vez no existe consenso sobre una consolidación fiscal creíble en Estados Unidos que permita revertir la tendencia. Por el contrario, el creciente peso del servicio de deuda sobre la deuda limita el margen de maniobra fiscal y erosiona lentamente la confianza estructural en la moneda.
El resultado es una transición silenciosa pero profunda. El dólar seguirá siendo la principal moneda del mundo durante muchos años más, sostenido por su rol dominante en comercio, banca y mercados financieros. Sin embargo, su prima como activo de reserva se podría ir erosionando progresivamente, generando vientos estructurales en contra para su cotización de largo plazo y fortaleciendo el atractivo estratégico del oro, la plata y de otras monedas alternativas.








