La ultraderecha europea se desmarca de Trump por sus planes sobre Groenlandia. (Fabrice COFFRINI / AFP)
La ultraderecha europea se desmarca de Trump por sus planes sobre Groenlandia. (Fabrice COFFRINI / AFP)

Las aspiraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de asumir el control de Groenlandia han provocado un quiebre inesperado en la relación que su movimiento MAGA mantenía con partidos de extrema derecha en Europa.

La controversia ha puesto en evidencia que la afinidad ideológica no siempre es suficiente para alinear posiciones cuando entran en juego la soberanía nacional y los equilibrios geopolíticos.

Líderes ultranacionalistas de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido —tradicionalmente cercanos al discurso de Trump— han cuestionado abiertamente sus amenazas sobre el territorio autónomo danés.

Incluso Nigel Farage, dirigente del partido Reformar Reino Unido y uno de los aliados europeos más cercanos al mandatario estadounidense, calificó la postura de Washington como “un acto muy hostil”.

El distanciamiento quedó reflejado también en el Parlamento Europeo. Durante un debate reciente, legisladores de extrema derecha respaldaron mayoritariamente la paralización de un eventual acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, al considerar que las advertencias de Trump constituyen mecanismos de “coerción” y vulneran la soberanía de los Estados europeos.

US President Donald Trump speaks during a bilateral meeting with NATO�s Secretary-General on the sidelines of the World Economic Forum (WEF) annual meeting in Davos on January 21, 2026. The World Economic Forum takes place in Davos from January 19 to January 23, 2026. (Photo by Mandel NGAN / AFP)
US President Donald Trump speaks during a bilateral meeting with NATO�s Secretary-General on the sidelines of the World Economic Forum (WEF) annual meeting in Davos on January 21, 2026. The World Economic Forum takes place in Davos from January 19 to January 23, 2026. (Photo by Mandel NGAN / AFP)
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Una alianza que parecía inquebrantable

La divergencia resulta llamativa si se considera el crecimiento político de la extrema derecha en Europa durante los últimos años. Tras las elecciones de 2024, estas fuerzas consolidaron su presencia en el Parlamento Europeo, donde hoy ocupan alrededor del 26% de los escaños, según el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.

Hace menos de un año, partidos ultraderechistas europeos celebraron en Madrid la victoria electoral de Trump bajo el lema “Hagamos Europa grande de nuevo”. En ese contexto, figuras cercanas al entonces presidente electo, como Elon Musk, expresaron públicamente su respaldo a líderes y partidos de extrema derecha europeos a través de la red social X, incluyendo a Alternativa para Alemania (AfD).

Sin embargo, la política exterior de Trump ha generado fricciones. Sus posiciones respecto de Groenlandia, Venezuela e Irán han obligado a sus aliados europeos a priorizar sus propias agendas nacionales por encima de la cercanía ideológica con Washington.

La soberanía como punto de quiebre

En Francia, la Agrupación Nacional ha mostrado históricamente afinidad con Trump, especialmente en temas migratorios. El mandatario estadounidense, a su vez, ha respaldado públicamente a su líder, Marine Le Pen, a quien defendió tras su condena por malversación de fondos europeos.

Jordan Bardella, eurodiputado y presidente del partido, había elogiado recientemente el nacionalismo de Trump. No obstante, en los últimos días adoptó un tono más crítico. Bardella cuestionó la intervención de Estados Unidos en Venezuela, destinada a capturar al entonces presidente Nicolás Maduro, calificándola de “interferencia extranjera”, y denunció el “chantaje comercial” de Trump en relación con Groenlandia.

Una posición similar expresó la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. En una entrevista televisiva, reveló que durante una conversación telefónica con Trump le advirtió que la amenaza de imponer aranceles vinculados a Groenlandia constituía “un error”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, observa mientras abandona el centro de congresos durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, el 21 de enero de 2026. Foto: Fabrice COFFRINI / AFP
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, observa mientras abandona el centro de congresos durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, el 21 de enero de 2026. Foto: Fabrice COFFRINI / AFP
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Silencios y cautela en Europa del Este

Las reacciones no han sido homogéneas dentro del bloque europeo. En Europa Central y del Este, varios líderes ultraderechistas han evitado criticar directamente al presidente estadounidense.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, considerado uno de los aliados más cercanos de Trump en Europa, ha optado por una postura prudente. Orbán sostuvo que el futuro de Groenlandia es un asunto que debe abordarse en el marco de la OTAN y evitó cuestionar las amenazas estadounidenses. Asimismo, defendió la actuación de Washington en Venezuela, al considerar que podría generar beneficios económicos indirectos para Hungría.

En Polonia, el presidente Karol Nawrocki llamó a resolver las tensiones entre Estados Unidos y Dinamarca por la vía diplomática, sin involucrar a una coalición europea más amplia.

En la República Checa, el primer ministro Andrej Babis advirtió contra un enfrentamiento entre la UE y Trump por este asunto, mientras que en Eslovaquia, el primer ministro Robert Fico mantuvo silencio respecto de Groenlandia, aunque sí condenó la intervención estadounidense en Venezuela.

¿Fractura duradera o desacuerdo coyuntural?

Analistas advierten que estas tensiones podrían profundizarse si la política exterior de Trump continúa percibiéndose como una amenaza a la soberanía europea.

Daniel Hegedüs, director para Europa Central del German Marshall Fund, señaló que la extrema derecha aún podría reagruparse en torno a temas comunes, como la oposición a la política migratoria de la UE o a determinados acuerdos comerciales.

No obstante, advirtió que una postura sostenida de presión por parte de Washington podría dividir estructuralmente a estos movimientos. La disputa en torno a Groenlandia ha dejado en evidencia los límites de la alianza entre MAGA y la extrema derecha europea, en un contexto donde los intereses nacionales comienzan a imponerse sobre los valores compartidos.

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