(Imagen tomada del Instituto Tecnológico de Aragón)
(Imagen tomada del Instituto Tecnológico de Aragón)

El es una de las bebidas más antiguas e importantes de la humanidad, sobre todo por sus aportes a la salud, al sabor en la cocina y al sentimiento de compartir. Pero su forma de producirse está viviendo una de sus transformaciones más profundas debido a la

Es muy interesante como cada zona en el mundo hace su propio vino, con cualidades únicas e incomparables, formando una huella digital en base a su entorno geográfico, su pasado y población. Además, hoy nos encontramos en el momento más interesante de la : se bebe más.

Bodega del futuro. (Foto: José Bracamonte)
Bodega del futuro. (Foto: José Bracamonte)
LEA TAMBIÉN: Enoturismo y exportación: Los planes de La Alcoholería para conquistar mercados premium

Los viñedos en la era de la IA

Así como el consumidor mejora, la enología y el ¨savoir faire¨ de la producción del vino, también. La en la enología ofrece aportes muy significativos:

  1. Los defensores del purismo en la viticultura tradicional llevan mucho tiempo utilizando la tecnología para ayudar en su vital labor. Cada día más agricultores se suman a esta práctica y observan la necesidad de seguir estandarizando su producción y desarrollar una ciencia más sostenible con el entorno.
  2. La IA se está convirtiendo en una fuerza poderosa en la preservación de la naturaleza, con aplicaciones que van desde la vigilancia de la fauna salvaje al análisis de ADN ambiental. La uva puede llegar a vivir mejor en un futuro cercano.
  3. Más tecnología, nuevas formas de procesar datos y de incluir al público en cuestiones de conservación.

Entonces, la IA ya no es sólo un concepto futurista, sino un catalizador para empoderar a las partes interesadas en la conservación (incluidas las comunidades locales) y reforzar su capacidad de proteger la biodiversidad del planeta y los medios de subsistencia de las personas que dependen de ella: todos los habitantes del planeta.

Del viñedo tradicional al viñedo conectado

La integración de la IA en los esfuerzos de conservación ha sido un proceso gradual, con notables avances en los últimos años. Aunque es difícil precisar la fecha exacta de su integración inicial, he aquí una cronología de su evolución en la enología:

a) Años noventa: Los investigadores empezaron a utilizar algoritmos de IA para clasificar la cobertura terrestre e identificar especies a partir de datos de sensores remotos, como imágenes satelitales.

b) Principios de la década de 2000: Los conservacionistas comenzaron a explorar la IA para tareas como la identificación de especies mediante visión por computador y el análisis de datos acústicos para vigilar poblaciones de flora y fauna.

c) Mediados de la década de 2010: La aplicación de la IA a la conservación cobró impulso. Los algoritmos de aprendizaje automático se usaron cada vez más en el análisis de imágenes y se convirtieron en una herramienta concreta para un número creciente de agricultores.

d) Finales de la década de 2010 y comienzos de la de 2020: Surgieron herramientas y plataformas impulsadas por IA diseñadas específicamente para la conservación. Estas soluciones automatizaron la recolección de datos, la identificación de especies y el análisis ambiental. Al mismo tiempo, los modelos predictivos para tendencias de biodiversidad y cartografía de hábitats ganaron relevancia.

e) En 2024: El papel de la IA en la conservación es cada vez más amplio. Se aplica en la vigilancia de hábitats, la protección de la vida silvestre, el análisis de datos y el reconocimiento de patrones. Los drones con IA y la tecnología de teledetección han mejorado la eficiencia y reducido los costos. Además, la IA se utiliza con mayor frecuencia en la toma de decisiones y en la formulación de políticas para responder con rapidez a amenazas emergentes, como la propagación de enfermedades.

Recordemos que el vino ha vivido el cáncer de las plagas por años y hoy se puede llegar a controlar y disminuirlo, generando así menos pérdidas.

LEA TAMBIÉN: Ley Marco del Vino: las nuevas políticas para la investigación de la vid

Un caso en Sudamérica: Anaia, en Mendoza

Uno de los ejemplos más avanzados en la región es la Bodega Anaia, ubicada en Agrelo, . Su modelo de “viñedo conectado” combina sensores, análisis de suelo y monitoreo satelital para lograr una vitivinicultura de precisión.

La bodega utiliza un Sistema de Monitoreo con Sensores (IoT) que miden humedad, temperatura y presencia de minerales. Estos datos se transmiten por tecnología LoRa —de largo alcance y bajo consumo— directamente a la nube, lo que permite controlar el viñedo desde una aplicación móvil.

La integración de los datos de los sensores con el monitoreo satelital permite a la bodega identificar variaciones mínimas en la composición del suelo franco-arcilloso de la finca. De esa manera, puede realizar los cuidados específicos para cada planta, logrando que la uva exprese el carácter único de su micro-parcela.

Cabe indicar que el análisis tecnológico del suelo no es solo un ejercicio técnico, sino que define la calidad final: permite un uso eficiente del agua y fertilizantes. Según la bodega, hasta el 80% del carácter de un vino se define en el viñedo.

La información del suelo se complementa en la bodega con el uso de "mates" de concreto basculantes, una tecnología propia diseñada para fermentar el vino sin estrés, respetando la identidad obtenida del análisis del terroir. (Foto: José Bracamonte)
La información del suelo se complementa en la bodega con el uso de "mates" de concreto basculantes, una tecnología propia diseñada para fermentar el vino sin estrés, respetando la identidad obtenida del análisis del terroir. (Foto: José Bracamonte)

El futuro del vino

Adaptarse al mundo de hoy no es sustituir el alma de la tierra por datos, sino utilizar la luz de la tecnología para comprender mejor su misterio. El futuro del vino no está en dominar la naturaleza, sino en escucharla con mayor precisión, asegurando que cada gota conserve el latido eterno del terroir bajo el lenguaje innovador de nuestro tiempo.

Aunque los algoritmos tracen mapas y los sensores midan el pulso del suelo, el vino seguirá siendo, en su esencia, el diálogo sagrado entre el sol, la tierra y la espera. Abrazar la vanguardia es el modo más honesto de proteger lo que es antiguo: una forma de cuidar la pureza frente a un mundo que cambia. Porque al final, cuando el cristal se encuentra con los labios, no bebemos tecnología; bebemos el paisaje, la historia y ese espíritu indomable de la vid que ninguna máquina podrá jamás reemplazar.

Carpe vinum. “Aprovecha el vino”.

Sobre el autor: José Bracamonte es sommelier apasionado e innovador, con más de 25 años de trayectoria en el mundo del vino y el pisco. Es autor del libro El vino en siete días y docente en Cenfotur. Desde 2016, es licenciatario de la Marca País Perú.

TE PUEDE INTERESAR

Morandina, la marca de vinos de berries acelera su expansión
La apuesta de Cuatro Rayas por vinos blancos veganos y su futura penetración en regiones
Bodega argentina La Íride tras consolidación de vinos, ¿qué lanzamientos tiene en Perú?

Estimado(a) lector(a)

En Gestión, valoramos profundamente la labor periodística que realizamos para mantenerlos informados. Por ello, les recordamos que no está permitido, reproducir, comercializar, distribuir, copiar total o parcialmente los contenidos que publicamos en nuestra web, sin autorizacion previa y expresa de Empresa Editora El Comercio S.A.

En su lugar, los invitamos a compartir el enlace de nuestras publicaciones, para que más personas puedan acceder a información veraz y de calidad directamente desde nuestra fuente oficial.

Asimismo, pueden suscribirse y disfrutar de todo el contenido exclusivo que elaboramos para Uds.

Gracias por ayudarnos a proteger y valorar este esfuerzo.