
No han pasado más de tres años desde que la economía peruana enfrentó diversos choques exógenos que la llevaron a una recesión en 2023. Ahora, el país está lidiando con los efectos del conflicto en Oriente Medio y un fenómeno de El Niño (FEN) que, según los expertos, podría ser el más fuerte desde la década de 1950.
En este contexto, debe reconocerse que la economía peruana ha sido históricamente, de lejos, la más afectada de la región por este evento climático, debido a su impacto en la pesca, la agricultura, la manufactura primaria, el transporte, la logística y la infraestructura, con los deslizamientos y derrumbes jugando un rol crítico.
En efecto, cabe recordar que, tras el evento de 2017, el transporte de carga sufrió disrupciones durante casi nueve meses. Infortunadamente, el país no ha registrado grandes avances en materia de prevención e infraestructura, por lo que cabe esperar una afectación significativa en los próximos meses. Así, estimamos que el FEN restaría cerca de 2 puntos porcentuales (pp) al crecimiento de la actividad económica entre 2026 y 2027, de tal manera que el crecimiento del PBI se acercaría a 3.2% este año y 3% el próximo. Dicho de otro modo, en ausencia del fenómeno climático, la economía peruana crecería más del 4% en 2027, convergiendo así hacia sus tasas históricas de expansión promedio.
Ahora bien, estas tasas de crecimiento proyectadas siguen siendo relativamente saludables en el actual escenario de elevada incertidumbre global y regional. Al mismo tiempo, se prevé que la demanda interna se mantenga fuerte, con un avance cercano al 5.5% este año y al 3.5% en 2027. Por lo tanto, podría decirse que «esta vez es diferente» respecto a otros episodios del FEN, si se consideran diversos factores positivos: términos de intercambio en niveles récord, en medio de elevados precios del cobre y el oro; expectativas de inversión empresarial en su nivel más alto en 16 años; inversión privada creciendo a su mayor ritmo desde 2010 (si se excluye el rebote postpandemia); cuatro años consecutivos de superávits en cuenta corriente, y bajos niveles de déficit fiscal y de deuda pública.
Todo esto, además, en un contexto de menor incertidumbre política y regulatoria: si bien la dilución de las facultades legislativas en el Congreso levanta inquietudes, también es cierto que este tipo de resultados no son del todo sorpresivos en medio de una elevada polarización política y alta fragmentación del Congreso, lo cual está en línea con nuestra visión de que tales condiciones constituyen, quizá, el principal desafío que enfrentan los gobiernos para implementar sus propuestas, no solo en el Perú, sino en toda la región.

No obstante, esto no contrarresta el hecho de que las perspectivas de una mayor estabilidad política han mejorado notablemente. En particular, la mayoría de los expertos considera baja la probabilidad de una vacancia presidencial, dada la composición actual del Senado. Esto, por sí solo, podría ser un factor determinante para que la confianza para invertir se mantenga elevada, después de que el país haya tenido diez presidentes en los últimos diez años.
Con todo, no debe perderse de vista que el FEN es un evento temporal y cíclico y que, por lo tanto, los empresarios saben enfrentarlo cada vez de mejor. Por supuesto, no debe desconocerse que su impacto será relevante y que los riesgos para la actividad económica siguen sesgados a la baja en los próximos meses, dada la incertidumbre sobre la verdadera magnitud y duración del fenómeno. Sin embargo, lo más importante es poder mirar más allá de la coyuntura y visualizar las grandes oportunidades que existen para el Perú y que habrá que saber aprovechar.
Durante varios años hemos sostenido que las perspectivas de mediano y largo plazo para la economía peruana son favorables, siempre y cuando se ajusten algunas ‘tuercas’. Los sólidos fundamentos económicos y la mayor estabilidad política esperada generan optimismo en este sentido. De hecho, si el Gobierno es capaz de destrabar proyectos (por ejemplo, en minería, infraestructura e irrigación), desregular la economía y mejorar la calidad de la inversión pública, el PBI podría incluso crecer en torno al 6% tan pronto como en 2028.
¡Que así sea!

Managing Director de Research y Economista Jefe de Credicorp Capital. Es economista por la Universidad del Rosario, con maestría en Economía de la misma casa de estudios. Cuenta con más de 20 años de experiencia. Previamente se ha desempeñado en cargos de docencia, investigación académica y del sector financiero.








