
Han pasado 30 años desde que el expresidente de la Reserva Federal (Fed), Alan Greenspan, acuñó el célebre concepto de «exuberancia irracional» para referirse a las elevadas valorizaciones del mercado bursátil estadounidense en 1996. Con esta expresión, Greenspan quiso advertir sobre el crecimiento acelerado de la bolsa y los riesgos de una potencial burbuja, que finalmente estalló y generó una caída muy importante del mercado a partir del año 2000.
Hoy, la bolsa estadounidense viene registrando crecimientos de doble dígito durante varios años consecutivos y acumula un retorno de 100% desde finales del 2022, año en el que el resurgimiento de la inflación y las alzas de las tasas de interés la llevaron a terreno negativo. Sin embargo, este crecimiento presenta indicios de ser más bien racional que puramente irracional si se compara con el ciclo de los años noventa, que terminó en la crisis del dot-com.

La principal explicación que dan los analistas para sustentar esta «exuberancia racional» se basa en las extraordinarias utilidades de las empresas. Desde el 2023 a la fecha, las utilidades del S&P 500 han subido notablemente, mientras que las del sector tecnológico han crecido más del 100%. Asimismo, los márgenes netos se han expandido desde niveles ya elevados hasta un 15% proyectado para este 2026. Producto de esta expansión de los beneficios, el múltiplo precio-utilidad adelantado se ubica en 19x veces, un nivel elevado frente al promedio histórico, pero muy inferior al 26x observado antes del colapso del dot-com.
A pesar de esta bonanza en utilidades, es importante recordar que los analistas suelen contagiarse del optimismo de corto plazo. Es decir, tienden a elevar sus proyecciones de utilidades durante estas coyunturas de corridas del mercado. El múltiplo de 19x se sustenta en expectativas de ganancias futuras que, si no se materializan, generarían una severa sobrevaloración. En crisis pasadas, las utilidades reales llegaron a ser de hasta un 50% inferiores a las previstas por los analistas, los mismos que ignoraron la llegada de los ciclos recesivos y la compresión de márgenes.

Intentar predecir el momento exacto en que un mercado se vuelve demasiado caro es una tarea incierta. El propio Alan Greenspan observó, a pesar de su advertencia, cómo la bolsa subió un 105% adicional entre 1996 y el 2000. Es cierto que el S&P 500 llegó a desplomarse un 48% en el peor momento de aquella crisis, pero, incluso después de esa caída, los inversores que ignoraron el aviso de Greenspan terminaron con una ganancia neta positiva. Esto demuestra que una estrategia prudente consiste en mantenerse invertido y reconocer que nadie puede predecir con exactitud los giros del mercado.
En este contexto, una estrategia adecuada exige una mayor diversificación. Actualmente, el S&P 500 concentra una parte importante de su capitalización bursátil en pocas empresas, mientras el sector tecnológico representa cerca del 40% del total. Por ello, es imperativo reasignar los excedentes generados en la bolsa estadounidense hacia la renta fija. Este activo, castigado durante el ciclo actual de tasas altas, ofrece hoy una buena rentabilidad con menor riesgo para mantener un adecuado balance patrimonial a largo plazo.









