
La informalidad laboral bordea al 70% de los trabajadores en Perú, según el Inei. Detrás de esta cifra existe un costo que alcanza a trabajadores, empresas y a la economía. Para una persona fuera de planilla, la brecha no está solo en los beneficios que deja de recibir, sino también en menores oportunidades de capacitación, acceso a financiamiento y crecimiento de sus ingresos.
Mientras que, para una empresa, especialmente una micro o pequeña, formalizar implica asumir costos que pueden resultar elevados frente a la productividad que genera cada trabajador.
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La magnitud de la brecha plantea una pregunta económica: ¿cuánto pierde un trabajador por permanecer fuera de planilla y cuánto le cuesta a una empresa incorporar ese puesto a la formalidad?
¿Qué impide reducir la informalidad?
La reducción de la informalidad requeriría actuar tanto sobre los costos de formalizar como sobre la productividad. Rafael Zacnich, gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, planteó que simplificar los regímenes laborales y tributarios, reducir las discontinuidades que penalizan el crecimiento empresarial y revisar los costos de contratación formal, especialmente para facilitar el primer empleo y la incorporación de trabajadores en empresas pequeñas.
Pero, reducir costos no sería suficiente. Las mypes necesitan mayor acceso a financiamiento, tecnología, capacitación, infraestructura y mercados para elevar su productividad. ComexPerú también indicó que la formalidad debería facilitar el acceso a crédito, compras públicas, cadenas de proveedores, capacitación y servicios estatales.
Asimismo, Zacnich indicó que con casi siete de cada diez trabajadores fuera de la formalidad, el reto no es únicamente incorporar personas a una planilla.
El desafío es que más empresas sean suficientemente productivas para sostener empleos formales y que esos empleos permitan a los trabajadores elevar sus ingresos y acceder a una mayor protección.
El costo de no cerrar esa brecha se refleja, finalmente, en una economía que produce menos de lo que podría.
El costo para el trabajador
Según cálculos elaborados a partir de la ENAHO, los ingresos extraordinarios representan cerca del 9% del ingreso total de un trabajador formal promedio, mientras que los informales no reciben estos beneficios, explicó Paola Herrera, economista senior del Instituto Peruano de Economía.
El ejemplo permite dimensionar la diferencia. Una persona con un sueldo base de S/1,500 recibiría S/18,000 al año si no obtiene ingresos extraordinarios. Según esta estimación basada en la ENAHO, en un empleo formal recibiría aproximadamente S/1,709 adicionales al año por gratificaciones y CTS, con lo que alcanzaría un ingreso anual de S/19,709.
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Pero, la principal diferencia entre ser formal e informal no está únicamente en los beneficios laborales. La especialista apuntó a que la productividad resulta determinante para explicar la trayectoria de los ingresos.
En un empleo informal existe menos incentivo para invertir en capacitación. “Una menor productividad limita el acceso a mejores empleos y salarios”, señaló a Gestión.
Así, la informalidad puede convertirse en una trampa: la falta de capacitación y desarrollo profesional dificulta elevar la productividad y, a la vez, esa menor productividad reduce las posibilidades de acceder a empleos de mayor calidad. También se limita el acceso al sistema financiero y la capacidad de acumular activos.
El costo para las empresas
Desde el lado empresarial, el problema se observa en el costo laboral total. Rafael Zacnich explicó que para muchas empresas, especialmente micro y pequeñas, el costo de formalizar a un trabajador puede resultar alto frente a la productividad que genera.
A ello se suman la complejidad de las normas laborales, los costos administrativos de cumplimiento, la rigidez para contratar y desvincular, la incertidumbre frente a fiscalizaciones y sanciones.

Los costos laborales no salariales ayudan a dimensionar la brecha. De acuerdo con estimaciones previas del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo citadas por ComexPerú, estos costos equivalen a 5% para las microempresas, 28.5% para las pequeñas y 62.2% en el régimen general. En el régimen laboral agrario llegan a 87.2%. Entre los principales componentes están las vacaciones, el seguro de salud, la CTS y las gratificaciones.
Para una empresa grande, con mayor productividad y escala, estos costos pueden absorberse con mayor facilidad. Sin embargo, para una micro o pequeña empresa, pueden representar la diferencia entre contratar formalmente, hacerlo de manera informal o no contratar.
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El problema se relaciona con la estructura productiva: tres de cada cuatro trabajadores se desempeñan en una MYPE y, según cifras recogidas por Herrera, las tasas de informalidad en estas empresas se acercan al 90%.
Además, estimaciones de Produce citadas por la economista señalan que la productividad laboral de una microempresa equivale apenas al 6% de la de una gran empresa. Este fenómeno genera lo que se conoce como ‘enanismo empresarial’, que limita la capacidad de la economía para generar empleos formales y productivos, sostuvo la especialista del IPE.
Por su parte, Zacnich señaló que cuando una empresa pasa de micro a pequeña, el costo laboral que debe asumir casi se multiplica por seis. A su juicio, estos saltos generan desincentivos para crecer y contratar formalmente.
Menor recaudación recaudación
La informalidad tiene un costo fiscal: reduce la recaudación de los impuestos y aportes asociados al empleo formal, como el Impuesto a la Renta por trabajo y los aportes previsionales, además de las contribuciones a EsSalud en el caso del empleo dependiente.
La economista senior del Instituto Peruano de Economía, señaló que, según cálculos del IPE, el 91% de los trabajadores no paga Impuesto a la Renta. De ese grupo, 72% no lo hace porque es informal, mientras que 19% corresponde a trabajadores formales cuyos ingresos se encuentran dentro del tramo exonerado de las primeras siete UIT anuales.

Según las cifras del Inei citadas por Herrera, el sector informal genera apenas el 19% del PBI nacional, mientras que el formal aporta el 81%. El IPE estima, además, que un trabajador formal produce en promedio seis veces más que uno informal.
Bajo los supuestos planteados por el IPE, una reducción de 10 puntos porcentuales en la informalidad, de cerca de 70% a 60%, podría elevar el PBI actual hasta en 10%, manteniendo los niveles de productividad actuales de los sectores formal e informal.

Periodista por la Universidad Jaime Bausate y Meza. Experiencia en prensa digital, radio, televisión y comunicación corporativa. Actualmente se desempeña como redactora web.







