
En febrero se activó el estado de alerta del fenómeno de El Niño Costero (FEN Costero), evento que altera las condiciones climáticas del país y, en sus versiones más fuertes, puede ocasionar desastres naturales y desestabilizar la producción de sectores como el agro y la pesca.
Si la magnitud se acrecienta, se pondrán a prueba –otra vez– las capacidades de las autoridades nacionales y regionales para responder eficientemente, y quedarán en evidencia los casos dónde hubo una falta de prevención.
El calentamiento inusual del mar durante el FEN Costero ocasiona lluvias en la costa y escasez hídrica en la sierra. Según el Índice Costero El Niño (ICEN), elaborado por el Instituto del Mar del Perú (Imarpe), las anomalías de temperatura a febrero aún se mantienen dentro del rango neutro.
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Sin embargo, se observa una trayectoria ascendente, similar a la tendencia observada durante el último FEN Costero de 2023, que alcanzó una magnitud fuerte.
Al 13 de marzo, la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) estima que hay probabilidades mayores al 50% de que un FEN Costero débil o moderado persista hasta fin de año.
Este calentamiento del mar ha sido más pronunciado en zonas del norte: la estación climática de Paita registró anomalías de hasta 4°C entre febrero y marzo, el doble del máximo registrado en Chimbote e Ilo.

Riesgos sectoriales
Este escenario afectaría el desarrollo de las actividades primarias más sensibles al clima, como la campaña agrícola y las temporadas de pesca.
En 1983, el FEN de magnitud extraordinaria causó contracciones de dos dígitos en el agro y la pesca, así como graves afectaciones al comercio, manufactura e infraestructura que contribuyeron a la caída de 10.4% en el PBI.
Similares episodios han generado contracciones económicas en 1998 y 2023, mientras que en 2017 ocasionaron pérdidas significativas y una desaceleración de 1.5 puntos porcentuales en el crecimiento.
La incidencia del FEN altera la temperatura y precipitación durante la campaña agrícola. En los últimos 15 años, la producción de cultivos orientados a la exportación creció en promedio 10% en los años sin FEN costero y solo 4% cuando ocurrió FEN Costero.

La diferencia se concentra en los meses de septiembre y octubre, que registran caídas de entre 3% y 4% en promedio por la menor producción de cultivos como el arándano.
El agro tradicional también es vulnerable: en la campaña 2022-2023, la producción de cultivos transitorios cayó 7% debido a inundaciones por lluvias intensas en el norte (arroz) y extremas sequías en el sur andino (papa, maíz y otros).
Asimismo, los cambios de temperatura del mar afectan la pesca y la industria manufacturera asociada. En los años recientes con incidencia de FEN costero, la mediana de captura de anchoveta en la zona norte-centro se redujo en 48% en la primera temporada y 67% en la segunda (57% considerando ambas temporadas de pesca).
No obstante, en algunos casos, súbitos cambios en las condiciones climáticas pueden interrumpir su desarrollo: por ejemplo, en 2014, no se abrió la segunda temporada de pesca norte-centro; mientras que, en 2023, no hubo primera temporada sino solo pescas exploratorias.
Prevención y resiliencia
Una nueva incidencia del FEN este año hará evidente si se implementaron o no las suficientes medidas preventivas, por ejemplo, que incrementen la resiliencia del agro y la infraestructura.
En el caso del agro tradicional, la ausencia de sistemas de riego tecnificado y una adecuada capacitación técnica aumentan la vulnerabilidad climática de los pequeños productores. Al 2024, el 66% de la superficie agrícola del país dependía de lluvias para su riego.

Asimismo, en las regiones agroexportadoras como Ica, Lambayeque y Tumbes, más del 60% de la superficie agrícola está en riesgo de inundaciones.
La ejecución oportuna de obras de prevención reduce la exposición de zonas agrícolas y urbanas a desastres causados por el FEN. Lamentablemente, el presupuesto de inversión destinado a este fin ha caído más de 30% en los últimos dos años.
Aunque El Niño costero afecta al Perú de manera recurrente, las estrategias para mitigar sus efectos negativos suelen llegar tarde. Por ello, la prevención debe tomar un rol central para proteger la vida, la propiedad y las actividades productivas.
Asimismo, corresponde preguntarse qué esfuerzos se requieren como país para aprovechar la mayor disponibilidad de agua para abastecimiento urbano y riego, por ejemplo, mediante represas y embalses.
Se podría afectar biomasa marítima disponible
Por Martín Valencia, jefe de estudios económicos del IPE
Las condiciones de la pesca para la primera mitad del año se conocerán en las próximas semanas. Este 23 de marzo culminó el viaje de la embarcación exploratoria que evalúa las condiciones biológicas de la anchoveta en el litoral peruano.
Sobre la base de los hallazgos de este crucero, se espera que el Produce decida a inicios de abril la fecha de apertura y la cuota de la primera temporada de pesca de anchoveta en la zona norte-centro.

Esta decisión quedará sujeta al monitoreo de las condiciones climáticas en lo que resta del año que, de ser más cálidas, afectarían también la biomasa marítima disponible para la segunda temporada de pesca en la zona norte-centro, que usualmente ocurre entre noviembre y enero.
En este contexto, recientemente el BCR ajustó a la baja sus proyecciones de crecimiento de pesca en 2026 (de 2.0% a -6.6%), así como las de manufactura primaria (de 3.1% a -0.2%), y señaló que espera que el FEN Costero afecte principalmente a esta segunda temporada.









