
La sostenibilidad y el compliance no deben significar solo políticas, procedimientos y certificaciones de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en la web de una empresa, de acuerdo con Iván Martínez López, cofundador y vicepresidente internacional de la World Compliance Association (WCA).
A su criterio, las organizaciones tienen que demostrar qué hacen realmente para contribuir al desarrollo económico y social, y especialmente qué resultados obtienen.
“La corrupción mata”, dijo Martínez durante la décima edición del Congreso Mundial de Compliance y Lucha contra la Corrupción, realizado en la Cámara de Comercio de Lima (CCL).
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Dicha afirmación apuntó al impacto que la corrupción tiene sobre derechos fundamentales porque no solo representa un problema para las instituciones o para las empresas: también puede limitar el acceso de millones de personas a servicios como educación, salud y alimentación.
“La desviación de recursos críticos debido a la corrupción representa una de las mayores amenazas para la capacidad de los Estados de proteger el derecho a la salud y el derecho a la vida”, reflexionó.
Señaló que el 12.7% de todo el gasto público ejecutado se perdió en un solo año por corrupción e inconducta funcional, por lo que “ningún objetivo de desarrollo sobrevive a esa fuga”.
Ello se traduce en brechas como: 11 millones de peruanos sin agua potable o alcantarillado; 3 de cada 10 personas con dificultades para acceder a alimentos suficientes y 84.4% de la población con miedo de sufrir un hecho delictivo.
Del logo ODS a la acción
Martínez enfatizó que los 17 ODS de la Agenda 2030 se despliegan en 169 metas y 244 indicadores, por lo que no se trata únicamente de los conocidos círculos de colores que muchas compañías colocan en sus plataformas corporativas.
Añadió que el desafío radica en saber qué objetivos son relevantes para cada empresa y así fijar mecanismos que permitan medir su contribución, porque no es lo mismo una empresa tecnológica que una petrolera, minera, aseguradora o financiera.
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Así, el primer paso debería ser identificar dónde una empresa genera impactos positivos y negativos, tanto adentro como hacia fuera; y tras este diagnóstico, puede definir una línea base, establecer objetivos y medir los avances.

Entre las pequeñas decisiones para generar cambios concretos encontramos:
- Revisar las rutas logísticas para evitar que vehículos de carga circulen en determinados horarios frente a colegios.
- Evaluar el costo energético de los equipos que compra, porque un equipo más barato inicialmente no necesariamente representa el menor costo para la organización si durante los siguientes años consume más energía.
- Revisar los criterios utilizados en las compras y contrataciones, porque requisitos excesivos pueden dejar fuera a pequeñas y medianas empresas y limitar la participación de proveedores locales.
- La meta, resumió Martínez, es dejar atrás el “cumplo y miento” y avanzar hacia un modelo en el que cumplir tenga un propósito y pueda demostrarse con resultados.
Impacto en el negocio
El representante de WCA argumentó que la sostenibilidad va más allá de una cuestión reputacional porque puede ser una estrategia para mejorar el mercado en el que opera una empresa.
Por ejemplo, la informalidad laboral (70.2%, en cifras del INEI) puede limitar el desarrollo del mercado de una organización si es que esta trabaja con proveedores que utilizan mano de obra sin seguro ni beneficios o mantiene prácticas comerciales que generan presión sobre pequeñas empresas.
Martínez concluye que el compliance puede convertirse en una condición para mantener las relaciones comerciales y acceder a determinados mercados, por lo que no termina en las puertas de una compañía.
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Uno de los ejemplos planteados durante la exposición fue el de las compañías que pagan a sus proveedores a 90 días, pese a que estos tienen que afrontar mucho antes el pago de salarios y otras obligaciones.
Martínez concluyó que revisar estas prácticas puede ser un paso concreto de sostenibilidad sin crear un complejo programa corporativo.








