
La digitalización de los sistemas de pago ha llevado a decenas de bancos centrales a desarrollar monedas digitales propias (CBDC, por sus siglas en inglés).
Mientras Europa avanza en la creación del euro digital para proteger su soberanía monetaria frente al auge de los medios de pago privados, el Perú desarrolla un camino distinto. El piloto de dinero digital del Banco Central de Reserva (BCRP), que ya cumple su segundo año de funcionamiento, busca generar evidencia para diseñar políticas que amplíen el acceso a los pagos digitales, especialmente en zonas con baja bancarización.
Aunque ambas iniciativas corresponden a las llamadas monedas digitales de bancos centrales (CBDC), sus objetivos, alcance y desarrollo responden a realidades muy diferentes.
LEA TAMBIÉN El fraude del CEO ya amenaza a las pymes: ¿cómo atacan hoy los delincuentes?
El proyecto del Banco Central Europeo (BCE) surge como una respuesta a la acelerada digitalización de los pagos y a la creciente presencia de proveedores globales. Su propósito es garantizar que los ciudadanos europeos continúen teniendo acceso a dinero público en formato digital, preservando la estabilidad y resiliencia del sistema financiero.
En cambio, el piloto peruano tiene un enfoque más práctico y orientado a la inclusión financiera. La iniciativa busca evaluar cómo una billetera de dinero digital puede facilitar el acceso a servicios de pago para personas con limitada educación financiera y escasa participación en el sistema bancario.
Las diferencias también se reflejan en la forma en que ambos proyectos son administrados. Mientras el euro digital requiere coordinar a múltiples países, regulaciones e instituciones financieras de la Unión Europea, el piloto del BCRP opera en un entorno nacional controlado. Bajo este esquema, una empresa privada interactúa directamente con los usuarios bajo la supervisión del banco central, lo que ha permitido ejecutar pruebas operativas con mayor rapidez.
En el plano tecnológico, los caminos también divergen. Europa apuesta por herramientas avanzadas como pagos sin conexión mediante tecnología NFC, mecanismos de privacidad basados en criptografía, integración con identidades digitales europeas y funcionalidades programables para automatizar pagos.
El caso peruano, en cambio, prioriza la accesibilidad. El piloto incorpora tecnologías como USSD, que permiten realizar operaciones incluso desde teléfonos básicos y sin necesidad de contar con un plan de datos, ampliando el acceso a personas que normalmente quedarían excluidas de los servicios financieros digitales.
Otra diferencia es el grado de avance. Mientras el euro digital aún depende de la aprobación legislativa europea y su eventual implementación se proyecta hacia el final de la década, el BCRP ya cuenta con un piloto en marcha que viene generando información sobre el comportamiento de los usuarios y el funcionamiento de una billetera digital en un contexto de baja bancarización.
El análisis comparado también deja lecciones para ambos proyectos. La experiencia peruana evidencia que la adopción de una moneda digital puede acelerarse cuando se priorizan la simplicidad de uso, la reducción de costos y la colaboración con actores no bancarios, como las empresas de telecomunicaciones, especialmente en zonas con limitada conectividad.
Un hito reciente del proyecto peruano fue la autorización de organización de la billetera BiPay como Empresa Emisora de Dinero Electrónico. Este paso permitirá que la plataforma opere con interoperabilidad fuera del piloto, brindando al BCRP nueva información sobre la aceptación y uso del dinero digital en condiciones reales de mercado.
LEA TAMBIÉN Banca invisible: ¿qué alistan bancos grandes en Perú para enfrentar a entidades 100% digitales?

Economista de la Universidad de Piura. Actualmente se desempeña como redactor de Finanzas en Diario Gestión.







