
La fatal colisión frontal ocurrida cerca de las emblemáticas ruinas de Machu Picchu, la semana pasada, no es el primer choque que se produce entre trenes de pasajeros en esta importante línea ferroviaria turística, lo que está provocando un mayor escrutinio sobre la obsoleta tecnología de señalización de la ruta.
Mientras que el accidente del 30 de diciembre en la línea operada por la empresa hotelera de lujo Belmond Ltd. dejó un muerto y decenas de heridos, las autoridades peruanas informaron de otro percance en julio de 2018 que causó al menos 35 heridos. Según documentos del gobierno, en 2021 se produjo una tercera colisión frontal, en la que los trenes se detuvieron a 115 metros de distancia antes de chocar.
Los repetidos incidentes están generando dudas sobre el historial de seguridad de uno de los ferrocarriles más importantes de Perú. La línea es explotada por Belmond, que fue adquirida por el conglomerado de lujo LVMH en 2019, en virtud de una concesión gubernamental de 30 años.
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“Están utilizando el sistema de señalización ferroviaria más básico, el más barato y sencillo, pero también, por definición, el menos seguro”, afirmó Allan Zarembski, profesor de ingeniería y director del Programa de Ingeniería y Seguridad Ferroviaria de la Universidad de Delaware. “Este sistema es más habitual en los ferrocarriles de carga que en los de pasajeros”.
Documentos gubernamentales señalan que dos personas murieron en el accidente de 2018, aunque un representante de Belmond dijo que esa información es errónea y que se refiere a víctimas mortales que involucraron a peatones. Las noticias de prensa de la época no mencionaron muertes. El representante afirmó que ningún turista ha muerto bajo sus operaciones y se negó a hacer más comentarios.
Belmond opera el ferrocarril de vía única utilizando un sistema de autorización de vía, según muestran los documentos del gobierno, una tecnología analógica en la que los despachadores autorizan a los maquinistas a circular por tramos específicos de la vía férrea y a detenerse hasta recibir autorización para continuar.

“De todos los sistemas de señalización que existen, el sistema de autorización de vía es el menos seguro y el que presenta mayor riesgo de colisión”, señaló Zarembski. “Diría que probablemente ya es momento de considerar una actualización”.
El Ministerio de Transportes de Perú no hizo comentarios sobre el incidente, mientras que el regulador de infraestructuras Ositran, cuyas responsabilidades incluyen los ferrocarriles, indicó que estaba supervisando la situación.
“Daño reputacional”
El ferrocarril que conecta Cuzco y Machu Picchu es clave para la industria turística de Perú, ya que no existen carreteras que lleguen al sitio. Belmond atribuyó el accidente a un error del operador del tren.
“El Estado tiene que hacer un análisis a fondo de qué aspectos del contrato de concesión se tienen que mejorar desde el punto de vista de inversiones y seguridad”, afirmó Patricia Benavente, exdirectora de Ositran. “El daño reputacional que producen accidentes como este es muy importante”.
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Belmond también opera trenes y ferrocarriles en Europa y Asia. El Venice Simplon-Orient Express transporta pasajeros desde Venecia y Estambul hasta París, mientras que el Eastern & Oriental Express recorre las selvas tropicales de Malasia.
En Perú, Belmond no solo controla las vías férreas, sino que también es el operador dominante en Machu Picchu. Su marca PeruRail tiene una cuota de mercado del 74%, mientras que Inca Rail, propiedad de Carlyle, posee el resto, según estadísticas de Ositran.
Belmond opera una serie de trenes turísticos en Perú dirigidos a visitantes extranjeros. El servicio más económico puede costar alrededor de US$ 100 por un pasaje de ida y vuelta, con una duración de unas tres horas y aproximadamente 112 kilómetros en cada sentido. El más caro, el Hiram Bingham, puede costar casi US$ 1,000 ida y vuelta e incluye comida de alta gama y música en vivo.
En 2024, más de 3 millones de pasajeros viajaron a Machu Picchu en el ferrocarril operado por Belmond, lo que lo convierte, por amplio margen, en la vía férrea más transitada del país después del metro de Lima.
Accidentes previos
Desde al menos 2016, el gobierno ha expresado su intención de mejorar los sistemas de seguridad del ferrocarril de Machu Picchu, aunque hasta ahora no se ha implementado ninguna medida.
Ese año, el Ministerio de Transportes de Perú publicó un plan nacional de desarrollo ferroviario que proponía implementar un sistema de control de tráfico centralizado (CTC) en la línea de Machu Picchu. Este sistema, utilizado en trenes de pasajeros en todo el mundo, puede activar el frenado de emergencia de forma remota para evitar colisiones. El objetivo, según el documento, era “garantizar la seguridad total de los servicios de trenes de pasajeros”.
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Ferrocarril Transandino, la filial de Belmond encargada de la operación de las vías, planea instalar un sistema con frenos automáticos desde al menos 2018, pero aún no lo ha hecho, según una persona con conocimiento del tema.
El sistema no estaba instalado en 2018, cuando un tren de Inca Rail que circulaba por la ruta se vio obligado a detenerse debido a manifestantes que habían tomado las vías y el maquinista no informó la parada a las autoridades. Menos de tres minutos después, otro tren de PeruRail chocó por detrás.
La agencia de protección al consumidor de Perú, Indecopi, multó posteriormente a ambas empresas ferroviarias con un total de US$ 1′000,000, al determinar que ambas incurrieron en errores de comunicación que contribuyeron al accidente.

En 2021, dos trenes estuvieron a punto de chocar frontalmente debido a la introducción de información incorrecta en el sistema de seguimiento, pero los conductores lograron frenar y evitar la colisión. El regulador Ositran multó a Ferrocarril Transandino con 92,000 soles (US$ 27,000) por el incidente.
PeruRail sostiene que el mes pasado un tren de Inca Rail se salió de su tramo autorizado de la vía y chocó contra el otro tren. El maquinista de Inca Rail murió en el acto y la empresa pidió que no se saquen conclusiones precipitadas.
Los heridos fueron trasladados en tren hasta un punto donde pudieron ser atendidos por más de 10 ambulancias, según informó PeruRail. El accidente dejó a unos 2,000 pasajeros varados durante aproximadamente 12 horas, hasta que fueron recogidos el 31 de diciembre alrededor de la 1:30 de la madrugada.








