El avance de los pagos digitales en el Perú está transformando el rol de las tarjetas, que ahora forman parte de plataformas tecnológicas más amplias dentro de la banca. Foto: iStock.
El avance de los pagos digitales en el Perú está transformando el rol de las tarjetas, que ahora forman parte de plataformas tecnológicas más amplias dentro de la banca. Foto: iStock.

La ha dejado de ser un proceso meramente operativo centrado en la distribución de plástico y la gestión del consumo. Hoy se ha convertido en un elemento estratégico dentro de la arquitectura tecnológica de la , donde intervienen infraestructuras digitales, análisis de datos en tiempo real e integración con distintos actores del ecosistema financiero.

Actualmente, emitir una tarjeta implica coordinar plataformas capaces de interactuar con bancos, , comercios y otros proveedores de servicios financieros, en un entorno cada vez más digital y competitivo.

“Hubo un tiempo en que emitir una tarjeta significaba imprimir plástico, distribuirlo y esperar consumo. Hoy implica diseñar arquitectura, gestionar datos en tiempo real y competir en ecosistemas digitales con múltiples jugadores”, señaló Albeiro Cortés, CEO de Clai Payments.

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Durante décadas, señala, el negocio de las tarjetas funcionó bajo un esquema relativamente simple: el banco emitía la tarjeta, el comercio la aceptaba y el cliente realizaba el pago. En los años noventa, muchas de estas operaciones se respaldaban mediante vouchers físicos, mientras que el valor del negocio se concentraba principalmente en las tasas y en el volumen de transacciones.

Con la llegada de los años 2000 se produjo una modernización de procesos y sistemas de autorización, lo que permitió digitalizar varias etapas del flujo de pagos. Sin embargo, la estructura básica del modelo se mantuvo relativamente estable durante ese periodo.

En los últimos años, el avance de la digitalización en el sistema de pagos ha cambiado de forma significativa el panorama. Según datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el número de pagos digitales realizados por adulto pasó de aproximadamente 90 en 2021 a cerca de 625 en 2025.

“En apenas cinco años, el número de pagos digitales por adulto pasó de alrededor de 90 a cerca de 625, lo que representa un incremento de casi siete veces. Esta variación refleja un cambio estructural en la intensidad transaccional del país y en la velocidad con la que se realizan las operaciones”, indicó Cortés.

Este crecimiento en el uso de medios de pago digitales ha elevado las exigencias en materia de disponibilidad, interoperabilidad, seguridad y procesamiento en tiempo real. En ese contexto, la tarjeta se integra como una capa tecnológica que conecta distintos rieles de pago, desde transacciones en comercios físicos hasta comercio electrónico, suscripciones recurrentes y billeteras digitales.

“Cada autorización en milisegundos impacta experiencia, riesgo y rentabilidad de forma simultánea. Ya no se trata solo de emitir y procesar, sino de coordinar reglas dinámicas, modelos antifraude e integraciones ágiles que permitan responder sin fricciones al mercado”, explicó el ejecutivo.

El crecimiento del —impulsado también por iniciativas promovidas por la Cámara de Comercio de Lima— ha añadido mayor complejidad al sistema de pagos. El incremento de los puntos de contacto digitales exige plataformas más robustas, escalables y con capacidad de adaptación continua.

En este escenario, la ventaja competitiva de las entidades financieras ya no depende únicamente del número de tarjetas emitidas, sino de la solidez tecnológica que respalda esas operaciones.

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“La ventaja competitiva ya no se mide por la cantidad de tarjetas en circulación, sino por la solidez y flexibilidad de la plataforma que las respalda”, afirmó Cortés.

Ante este entorno, las instituciones financieras vienen incorporando soluciones capaces de operar sobre múltiples rieles de pago, escalar según la demanda y ajustarse a la evolución del mercado. Los usuarios que compran en línea o utilizan billeteras digitales demandan procesos cada vez más ágiles y respuestas inmediatas, lo que impulsa la optimización de infraestructuras y el uso intensivo de datos para personalizar servicios y mejorar la gestión.

Así, la tarjeta ha dejado de ser únicamente un instrumento de pago y se consolida como una pieza central en la infraestructura tecnológica de la banca en el Perú, integrando operaciones, datos y plataformas digitales, y posicionándose como un motor relevante de innovación y competitividad en el sistema financiero.

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