
1. El inicio de este 2026 estuvo marcado por dos noticias trascendentales. Primero, el 31 de diciembre último se publicó el Decreto de Urgencia 010-2025 que viabiliza la reorganización integral de Petroperú, poniendo fin a una época de opacidad, ineficiencia y despilfarro fiscal. La segunda noticia fue la operación militar de los Estados Unidos que condujo a la captura del dictador Nicolás Maduro, el 3 de enero en Venezuela.
2. Claramente, las noticias en cuestión son de una magnitud sustancialmente distinta y con consecuencias también muy diferentes. Sin embargo, ambas apuntan a “cambios de régimen” que seguramente traerán enormes beneficios para la mayor parte de la población, tanto en el Perú como en Venezuela.
3. Con respecto a la primera noticia, el DU publicado por el Gobierno del presidente José Jerí viabiliza finalmente la reorganización patrimonial de Petroperú. En efecto, la norma señala que ProInversión –la agencia especializada en la promoción de la inversión privada– estará a cargo de liderar este proceso. Esta es una enorme diferencia con los anteriores intentos de reestructurar la petrolera estatal –todos fallidos–, que consideraron que era posible que la empresa se transformase a sí misma.
4. ¡Increíble! Se consideró que el grupo gerencial que había llevado a la empresa al borde del abismo, en un contexto de creciente opacidad, buscaría dejar de lado sus privilegios para introducir cambios mayúsculos que convirtiesen Petroperú en una empresa rentable y viable. El problema era y es uno de gobierno corporativo, la ausencia de los ojos del amo contribuyó no solo a que el caballo no engorde, sino a que languidezca y llegue al punto del colapso de manera repetida. El no haber enfrentado este problema y haber puesto la responsabilidad de la reforma en manos de una gerencia probadamente incapaz y poco transparente, llevó a que todos estos intentos fracasen. El costo ha sido impresionante: más de 10,000 millones de soles del Tesoro, pero no se produjo cambio alguno en la empresa; hoy, Petroperú es menos solvente y viable que hace cinco años.
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5. Por esta razón, el proceso de reestructuración que está iniciándose se convirtió probablemente en la única salida al problema. Soy optimista, pero seamos claros: los retos son enormes, la reestructuración de la mayor empresa estatal se superpone con el proceso electoral y las posiciones populistas que cabe esperar. La consecuente incertidumbre no ayudará. Sin embargo, el desastre empresarial de Petroperú y las mentiras que acompañaron a su caída han sido de tal magnitud que probablemente contribuyan a generar consenso alrededor de la necesidad del cambio y a que muchos se replanteen creencias obsoletas en torno a la actividad empresarial del Estado. Al respecto, es útil ver lo sucedido en Venezuela.
6. En Venezuela, el chavismo tomó PDVSA sin oposición. Para capturar el botín, despidió personal técnico y lo reemplazó con gente sin la experiencia necesaria. Poco antes de las elecciones presidenciales del 2006, el entonces ministro de energía y presidente de PDVSA anunció: “la nueva PDVSA es roja, rojita, de arriba a abajo… esta empresa está cien por ciento apoyando al presidente Chávez… Y el que no se sienta cómodo con esto, es necesario que le ceda su puesto a un bolivariano". Quedaba claro que el que no pertenecía al partido debía retirarse. Hugo Chávez y Nicolás Maduro no usaron PDVSA para producir más petróleo y generar bienestar para los venezolanos, sino para financiar programas populistas, regalar combustible a países aliados y robar. Al final, se quebró a la empresa.

7. La similitud entre el desastre de PDVSA y los problemas de Petroperú es que, en ambos casos, la política devoró a la técnica y la meritocracia fue reemplazada por la argolla. La diferencia es solo de magnitud: mientras PDVSA colapsó arrastrando a la economía del país, Petroperú se había convertido en un agujero negro que requiere de rescates constantes de parte del Tesoro Público.
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8. Pasemos ahora al tema de la caída de Maduro. El hecho que el chavismo y Maduro solo saldrían por las armas se caía de maduro. Él mismo lo había dicho: “lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas”. Algunos opinólogos –que parecen ignorar las atrocidades humanitarias y económicas cometidas por Maduro– hoy se rasgan las vestiduras por la operación militar que condujo a la captura y encarcelamiento de un criminal. Desde el derecho internacional, resulta difícil justificar intervenciones militares en otros países, pero si hay alguna que esté moralmente justificada es esta. A los críticos del cambio forzado del régimen en Venezuela hay que preguntarles: ¿Cuál era la alternativa?
9. Ahora toca reconstruir el país llanero, sus instituciones, fortalecer su economía, reconstruir su industria petrolera y facilitar el regreso de los millones de venezolanos que se vieron obligados a dejar su país.
10. En ambos casos, Petroperú y Venezuela, la tarea por delante es ardua, pero, finalmente, hay luz al final del túnel. ¡Ojalá que en el año que empezamos se materialicen los cambios que contribuyan al bienestar de nuestra gente!









