
Por: Eduardo Morón, presidente de la Asociación Peruana de Empresas de Seguros - Apeseg
Cada verano las imágenes se repiten: incendios forestales en el sur de Chile arrasan con cientos de viviendas. Aunque las viviendas destruidas son activos privados, es el gobierno quien deberá hacer reajustes presupuestales para entregar viviendas de emergencia y bonos de recuperación (alrededor de 5,500 soles para los que perdieron todo). Pero ¿qué ocurriría si el número de afectados fuera cien veces mayor? ¿Cómo se financiaría dicha ayuda si se tratara de un número mayor de afectados?
Al otro lado del mundo, la ciudad de Kamchatka en Rusia, sufre tormentas de nieve tan extremas que cubren edificios de diez pisos. En estas situaciones, lo más útil es que la población pueda abastecerse de víveres antes de quedar aislada o recibir una indemnización económica inmediatamente sucedida la tormenta.
En nuestras costas, el progresivo calentamiento del océano trae nuevamente la amenaza de un Niño Costero. Las lluvias ponen en riesgo cultivos a lo largo de la costa y amenaza la pesca que se ve afectada porque los recursos migran hacia aguas más frías, lo que generará que las empresas pesqueras no podrán cumplir con su cuota de pesca ¿cómo podrían recuperar esa pérdida?
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En estos casos resultan muy útiles los seguros paramétricos: son seguros que se activan automáticamente cuando ocurre un evento catastrófico que cumple con una condición climática o geofísica definida, por ejemplo, un sismo de magnitud mayor a 7 en determinada zona.
En el caso chileno, el Gobierno podría haber tenido un seguro paramétrico que se activa cuando más de media hectárea urbana fuera arrasada por el fuego, y para ello solo bastaría una foto satelital para gatillar el pago. No se necesitaría evaluar daños caso por caso yendo a inspeccionar la zona. El gobierno tendría certeza de contar con recursos inmediatos y la población sabría que la ayuda llegará oportunamente.

En el caso de las tormentas en Kamchatka, un seguro paramétrico podría activarse si un modelo climático predice una tormenta de nieve de más de dos metros, o que supere cierto nivel de acumulación, entregando compensaciones incluso antes del desastre.
Hablando del caso peruano, un seguro paramétrico, vinculado a la temperatura del mar, permitiría compensar a las empresas pesqueras cuando la temperatura sobrepasa límites normales, fortaleciendo su resiliencia frente a cambios climatológicos.
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Pensemos ahora, que el gobierno peruano podría tener una compensación inmediata a través de un seguro paramétrico ante desastres como terremotos, que se active si el fenómeno tiene una magnitud mayor a 7 grados, por ejemplo. Este podría servir inclusive como complemento de un seguro tradicional que requiera inspecciones más detalladas para pagos de mayor cuantía.
Estos casos muestran la potencia de los seguros paramétricos: productos que no requieren inspecciones en terreno ni evaluaciones de daños, sino información confiable —como datos satelitales o modelos climáticos— para activar pagos inmediatos. Basta que el indicador climático alcance el nivel pactado en el contrato. No es una teoría: hoy ya se utilizan en países de Europa, Asia y América para enfrentar sequías, huracanes y terremotos, con resultados que han permitido respuestas más rápidas y eficaces.
La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP pronto emitirá la regulación que regirá su uso en el Perú. Es una oportunidad que no debemos desaprovechar. Los seguros paramétricos ya están transformando la gestión de riesgos en el mundo; es momento de que Perú y sus empresas den el paso y conviertan esta innovación en un escudo real frente a los desastres que inevitablemente vendrán.









