
Una de las principales preguntas estos tres días ha sido: ¿quiénes ganan y quiénes pierden con la censura de José Jerí y la elección de José María Balcázar?
Cuando se planteó la vacancia de Dina Boluarte, de un momento a otro, y, en ese momento, sin ningún tipo de sospecha de delito o de inconducta presidencial (el detonante fue una balacera en un concierto), hubo muy pocas voces que señalaban que no había razón para generar inestabilidad a tan pocos meses de las elecciones.
En 24 horas, casi la totalidad de los congresistas, votaron a favor de la vacancia, con el único argumento, en ese momento, de que la lucha contra la delincuencia había fracasado y no tenía un plan definido. En ese tiempo, no importó la estabilidad, y nadie dijo que los comicios podrían venirse abajo, que todo se iba a paralizar por el cambio de ministros, y que había la posibilidad de entregarle el país a los comunistas. Nadie dijo que había que esperar a que termine su mandato para investigarla y acusarla. Simplemente la sacaron de un día para otro en una votación casi por unanimidad.
A pesar de las advertencias del periodismo y de diversos sectores políticos que señalaban todos los antecedentes de José Jerí (muy negativos, por cierto), la mayoría congresal, contra viento y marea decidió mantenerlo en la Presidencia del Congreso y, consecuentemente llevarlo a asumir la Presidencia de la República.
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Después vino todo lo ya conocido. Semanas de gestos, desplazamientos, y shows mediáticos; de luna de miel con muy alta aprobación y efectismo sin eficacia; y luego sospechosas noches de chifa, raras salidas de compras de caramelos chinos, incomprensibles visitas a Palacio, de día y de noche; y, finalmente, versiones contradictorias, testimonios reveladores, mentiras, y excusas muy poco creíbles.
Planteadas las denuncias, las mociones de censura y la posibilidad de la vacancia, sustentadas en los sospechosos actos del Presidente, y los increíbles dichos de José Jerí, al margen de los diarios asesinatos de choferes de transporte público que mostraban el fracaso de la lucha contra la inseguridad; se empezó a invocar, en este caso sí, el derecho que él tenía de que se le investigue y se le acuse después del 28 de julio, la necesidad de mantener la estabilidad, el riesgo que corrían las elecciones, la posible parálisis del país, y se procedió a tratar de dilatar el debate parlamentario. Es decir, se hizo todo lo que no se quiso hacer con Dina Boluarte.
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Censurado José Jerí, se elige a un nuevo presidente del Congreso, también con unos antecedentes poco recomendables, y con la etiqueta perulibrista y comunista radical. ¿Por qué los congresistas eligieron nuevamente a un presidente cuestionado y cuestionable?, difícil saberlo, pero podemos especular.
Lo más probable es que haya sido en base a intereses subalternos. El nuevo presidente nunca hubiera tenido los votos suficientes si sus electores hubieran sido solo los de izquierda. Y esto porque en la segunda vuelta se retiraron varios de izquierda y hubo varios votos blancos y viciados.
Han votado por él congresistas de otras bancadas, incluso de la derecha, algunos que seguro han negociado quedarse con algunos sectores o dependencias públicas, y otros que votaron por él para demostrar que censurar a Jerí fue la peor decisión política de los promotores de esa medida. El voto fue secreto y nunca sabremos la verdad, pero podremos sacar conclusiones sobre los pactos y/o alianzas al momento de la juramentación del gabinete y del nombramiento de los principales funcionarios públicos.
Pero al margen de las especulaciones políticas y de los titulares periodísticos de ayer y hoy, lo cierto es que las primeras declaraciones del nuevo presidente abren varias incógnitas y generan varias dudas.
Para ser un comunista radical, ha sonado raro que mencione como el primero y principal de sus tres ejes, la preservación del modelo macroeconómico, la estabilidad monetaria, y el riesgo de sobre saltos para los inversionistas. ¿Un comunista radical pensando en la tranquilidad y la confianza de los inversionistas? Obviamente es un enunciado, y el diablo puede estar en los detalles, pero de todas maneras es raro.

Un segundo tema es el de sus prioridades en reuniones. La primera con el presidente del BCR, Julio Velarde, y luego con la ministra de Economía. Claro, él ha dicho que se trata de saber si se puede rascar la olla para cumplir con la deuda social, y hay que saber con exactitud a qué se refiere, pero de entrada no suena mal que se reúna con quienes van a bajarlo a tierra.
Sus otros ejes son las elecciones transparentes e imparciales y la lucha contra la inseguridad. Esto sumado a reuniones con los líderes políticos, las iglesias y los generales. No suena mal una agenda acotada.
Sabremos si todo eso es bueno cuando nombre a su gabinete y anuncie sus primeras medidas, pero el hecho de decir que no indultará a Pedro Castillo y que va a evaluar a este gabinete, puede bajar algunas tensiones.
Balcázar debe elegir entre ser un verdadero perulibrista o pasar a la historia como el presidente de la transición que Jerí no supo ser. Lo sabremos en apenas unos días.
Y pueden pasar dos cosas, o da la razón a quienes querían seguir con Jerí y hablaron de la entrega del país a los comunistas; o, da la sorpresa y lo hace mejor que Jerí, haciendo que se justifique plenamente haberlo censurado. Ahí sabremos realmente quienes pierden y quienes ganan.









