Todos los frentes del nuevo Gobierno serán puestos a prueba: desde su capacidad de gestión para prevenir a tiempo, hasta la articulación de la reacción.
Todos los frentes del nuevo Gobierno serán puestos a prueba: desde su capacidad de gestión para prevenir a tiempo, hasta la articulación de la reacción.

Desde que empezaron a conocerse los resultados de la , el ha dado claras señales de alivio: a diferencia de lo ocurrido en el 2021, cuando el alcanzó los S/ 3.93 por dólar a mediados de junio, esta vez el sol se apreció con el conteo oficial y se ha mantenido alrededor de S/ 3.40. En la misma línea, la sobre la economía a tres meses, medida por la encuesta del , pasó de 44.6 puntos en abril a 55.5 en junio (hace cinco años, ese mismo indicador estaba en 39.5).

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Sin embargo, los mercados no ven el futuro, más bien, ponderan probabilidades. Y esta vez el nuestro parece haber leído dos señales al mismo tiempo. Por un lado, el triunfo de una propuesta más predecible en lo económico. Por otro, la coincidencia de este con los vientos a favor que, de sostenerse, el próximo Gobierno tendría margen para aprovechar: precios altos de los metales, reservas internacionales entre las más sólidas de la región, una inflación controlada y un banco central cuya credibilidad no se pone en duda.

lo que ocurra de cara a El Niño tendrá que conciliarse con otros problemas, más pedestres pero también sumamente importantes, como el déficit fiscal.
lo que ocurra de cara a El Niño tendrá que conciliarse con otros problemas, más pedestres pero también sumamente importantes, como el déficit fiscal.

No se puede negar, entonces, que el optimismo tiene de dónde agarrarse. Pero sería un grave error pensar que hablamos de certezas cuando lo que estamos discutiendo son expectativas: estamos en el preámbulo de nuevas oportunidades que solo tendrán sentido si es que se expresan en resultados. Y considerando los retos que tenemos por delante, la nueva administración no va a tener mucho tiempo para empezar a mostrarlos.

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La más apremiante es la llegada del fenómeno de El Niño que, según fuentes tan diversas como la NOAA de Estados Unidos, el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea y el ENFEN en el Perú, apunta a ser un evento de alta intensidad.

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Y no necesitamos que nos cuenten lo que eso significa. El Niño costero del 2017 dejó 169 fallecidos, cientos de miles de damnificados y pérdidas equivalentes al 1.6% del PBI, con un daño a la infraestructura que hasta hoy no termina de revertirse. Y en el evento de 1982-1983 las pérdidas llegaron a equivaler al 11.6% del PBI de aquel año. Todos los frentes del nuevo Gobierno serán puestos a prueba: desde su capacidad de gestión para prevenir a tiempo, hasta la articulación de la reacción con organismos estatales (Fuerzas Armadas, Indeci, la Autoridad Nacional del Agua, entre otros), el sector privado y los gobiernos regionales y locales que –para sumarle capas al desafío– habrán cambiado a comienzos del próximo año.

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Y lo que ocurra de cara a El Niño tendrá que conciliarse con otros problemas, más pedestres pero también sumamente importantes, como el déficit fiscal. Si bien es cierto que a mayo el déficit anualizado se redujo a 1.6% –por debajo del 1.8% fijado para este año y muy inferior al 2.2% con el que se cerró el 2025–, hablamos de números favorecidos por el ciclo de los commodities y no de una necesaria contención del gasto, algo que el nuevo ministro de Economía tendrá que remediar tanto con muñeca técnica como política, considerando el legado de normas costosas que dejó el Congreso anterior. Esto sin mencionar la situación de Petroperú, la empresa estatal que ya le ha costado al país más de S/ 32,000 millones en rescates y que, si no se toman medidas, seguirá suponiendo una hemorragia de recursos que podrían dirigirse al bienestar de millones de peruanos.

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Somos conscientes de que las materias que toca enfrentar no son sencillas, pero son las que tocan. De cuán bien se aborden dependerá el desarrollo del país en los próximos años. No se trata solo del Gobierno, que tiene responsabilidades claras en generar confianza y tender puentes con otros poderes del Estado y la sociedad civil frente a retos como la inseguridad y la informalidad. El sector privado también tiene un papel: involucrarse en las discusiones sobre el futuro y aportar mejores soluciones para sus clientes y el país. Las condiciones para mejorar están dadas. Lo que sigue dependerá de lo que hagamos.

Galantino Gallo es CEO de Credicorp Capital.

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