Cuando se expandieron la banca digital y las billeteras electrónicas, millones de personas pudieron realizar operaciones que antes exigían mayores costos de desplazamiento o tiempos de espera. (Foto: Andina)
Cuando se expandieron la banca digital y las billeteras electrónicas, millones de personas pudieron realizar operaciones que antes exigían mayores costos de desplazamiento o tiempos de espera. (Foto: Andina)

Regresando de una reunión en su empresa, en el tráfico de la , un amigo me hizo una pregunta aparentemente sencilla: “¿En qué piensas la mayor parte del tiempo?”. No supe responderle con precisión. Supongo que pienso mucho en mi familia y, buena parte del tiempo, en cómo hacer que el contribuya mejor al del país. Me pareció una muy buena pregunta, de esas que te hacen revisar tus propios supuestos.

LEA TAMBIÉN: El Niño no solo podría traer huaicos e inundaciones: millones de hectáreas en riesgo por sequía

“Yo sí sé perfectamente en qué pienso todo el tiempo”, me dijo. Mi amigo, que lleva más de treinta años construyendo empresas, me explicó que todo el tiempo está pensando en identificar qué necesidades existen por resolver mejor. En cómo hacer para atenderlas y en qué productos podrían funcionar bien. Su respuesta sigue acompañándome. Lo que describía era una manera de ver el mundo.

Hacer empresa es, por supuesto, una actividad económica, pero, como tal, también es una actividad moral. (Foto: Andina)
Hacer empresa es, por supuesto, una actividad económica, pero, como tal, también es una actividad moral. (Foto: Andina)

Me atrevería a especular que todos terminamos entrenando nuestra atención, de manera que vemos lo que buscamos, lo que estamos entrenados a ver. Así como un médico tiene una manera especial de ver grupos de síntomas o un economista su propia forma de ver incentivos e instituciones, un empresario piensa en posibilidades. Encuentra un problema y comienza, casi de inmediato, a imaginar cómo resolverlo. No obstante, descubrir oportunidades no es suficiente. También hay que convencer a otros de que se sumen, valoren los riesgos y reconozcan la oportunidad.

LEA TAMBIÉN: Cambio al pago del Impuesto a la Renta: ¿qué significaría para los negocios?

Hacer empresa es, por supuesto, una actividad económica, pero, como tal, también es una actividad moral. ¿En qué consiste, entonces, la moral del empresario? Esta pregunta me parece relevante porque nos obliga a mirar más allá de la economía. Al respecto, pocas veces nos preguntamos cuáles son las virtudes del empresario que hacen posible que esa capacidad de crear valor contribuya realmente al bienestar de otros. Por ejemplo, cuando se expandieron la banca digital y las billeteras electrónicas, millones de personas en el Perú pudieron realizar operaciones que antes exigían mayores costos de desplazamiento o tiempos de espera. Cuando las innovaciones funcionan así, lo que cambia es el conjunto de oportunidades de toda una sociedad.

LEA TAMBIÉN: Familias peruanas aceleraron su consumo, ¿en qué gastaron más con sus tarjetas?

Con seguridad, las virtudes de un empresario no son solamente las que permiten movilizar capitales. Tienen, en realidad, mucho que ver con esa forma de mirar el mundo concentrada en la creación de valor, en la creación de oportunidades que antes, simplemente, no existían. Para ello, tiene que identificar problemas, descubrir necesidades, concebir soluciones y organizar capacidades para convertirlas en realidad. Y eso exige virtudes que podemos llamar de descubrimiento y de ejecución: virtudes para descubrir problemas, identificar necesidades y concebir soluciones, y virtudes para hacerlas realidad.

LEA TAMBIÉN: ¿Nuevo boom laboral está en Lima Sur? Los perfiles que hoy se disputan las empresas

Las utilidades son indispensables, pero la rentabilidad no es suficiente para explicar todo el valor económico y social de una empresa. La rentabilidad es una señal, no una prueba. Señala que los recursos movilizados están encontrando una demanda. De acuerdo con Milton Friedman, la búsqueda de beneficios dentro de las reglas del juego es una función legítima de la empresa. No obstante, describir al empresario solamente como alguien que busca el lucro puede ser insuficiente. Ya lo había intuido Adam Smith cuando escribió sobre los sentimientos morales y mostró la importancia de virtudes como la prudencia, la justicia y la benevolencia para la vida en sociedad. Su análisis ayuda a entender que el intercambio no ocurre en un vacío moral. De allí se desprende un corolario central: el mercado no reemplaza la moral, más bien, la presupone.

LEA TAMBIÉN: MEF plantea ajustes a los regímenes tributarios: el cambio para pago del Impuesto a la Renta

En su trilogía sobre la burguesía, Deirdre McCloskey reivindica la importancia de diversas virtudes para la actividad empresarial: fe, esperanza y amor; coraje para emprender; prudencia para administrar los riesgos; justicia para construir relaciones de confianza; y templanza para mantener el rumbo. McCloskey defiende una tesis aún más provocadora: que la prosperidad moderna no surgió solamente del capital o de las instituciones, sino también del cambio en las ideas sobre la libertad y de una nueva valoración de la actividad comercial, empresarial e innovadora.

LEA TAMBIÉN: El EsSalud que “hereda” Fujimori: estos son los indicadores que enfrentan los pacientes

Por eso creo que la conversación sobre el empresariado suele empezar en el lugar equivocado. Con frecuencia discutimos rentabilidad y crecimiento. Son importantes, pero ocurren después. Antes tiene que haber personas que dedican buena parte de su vida a preguntarse cómo resolver un problema mejor que ayer, cómo abrir nuevas oportunidades y cómo ensanchar, una vez más, la frontera de posibilidades de los demás.

LEA TAMBIÉN: MEF con foco en Petroperú, sueldo mínimo, política fiscal y más: ¿recuperará “peso perdido”?

La rentabilidad es necesaria, pero no suficiente. La empresa crea valor cuando resuelve problemas y amplía las posibilidades de los demás. Y su legitimidad moral depende también de las virtudes con las que descubre esos problemas, concibe sus soluciones y las convierte en realidad. Quizá la verdadera moral del empresario empieza en esa decisión cotidiana de dedicar talento, esfuerzo y recursos a crear algo que mejore la vida de otros. Quizá, querido lector, una vida termina pareciéndose a aquello en lo que no podemos dejar de pensar.

Martin Naranjo es presidente de la Asociación de Bancos del Perú – Asbanc.

SOBRE EL AUTOR

Estimado(a) lector(a)

En Gestión, valoramos profundamente la labor periodística que realizamos para mantenerlos informados. Por ello, les recordamos que no está permitido, reproducir, comercializar, distribuir, copiar total o parcialmente los contenidos que publicamos en nuestra web, sin autorizacion previa y expresa de Empresa Editora El Comercio S.A.

En su lugar, los invitamos a compartir el enlace de nuestras publicaciones, para que más personas puedan acceder a información veraz y de calidad directamente desde nuestra fuente oficial.

Asimismo, pueden suscribirse y disfrutar de todo el contenido exclusivo que elaboramos para Uds.

Gracias por ayudarnos a proteger y valorar este esfuerzo.