
Escribe: Omar Mariluz Laguna, periodista
El Perú es el país de las sorpresas que ya no sorprenden a nadie. Cuando muchos daban por cerrada la etapa de Perú Libre en el Ejecutivo, la carambola política nos pone de vuelta en el casillero de inicio. José María Balcázar, un hombre que ha navegado las aguas del Poder Judicial y el Congreso con posturas que desafían el sentido común -como su defensa del matrimonio infantil-, es ahora quien despacha desde Palacio de Gobierno.
Pero no nos engañemos con el discurso de la “transición”. La llegada de Balcázar no responde a una visión de país, sino al triunfo de la negociación pura y dura; una repartija de poder donde las ideologías se guardan en el cajón cuando hay cuotas que repartir. El “lápiz” vuelve a la presidencia porque en el Congreso se canjearon votos por sobrevivencia.
La primera señal de alerta ha sido inmediata y fulminante: la remoción de Rita López de la gerencia general de Petroperú. Solo han pasado horas desde que Balcázar asumió el mando y ya se deshicieron de cualquier resquicio técnico que intentara poner orden en la petrolera estatal. Petroperú es hoy un incendio que consume miles de millones de soles de nuestros impuestos, y la salida de López -quien venía ejecutando un plan de reorganización serio- deja el camino libre para que la empresa vuelva a ser lo que siempre le gustó a Perú Libre: una agencia de empleos y una fuente de financiamiento para una planilla dorada que no rinde cuentas a nadie.
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Es indignante. Mientras el ciudadano de a pie sufre por la inseguridad o la falta de medicinas, el nuevo oficialismo se apresura en retomar el control de una empresa quebrada para asegurar sus feudos. Balcázar ha dicho que respetará la disciplina fiscal, pero sus actos señalan lo contrario. Cuando un político de su entorno habla de “deudas sociales” con la chequera del Estado en la mano, lo que suele venir es gasto corriente y favores políticos sin sustento técnico. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el incentivo para abrir el caño es enorme, y Petroperú parece ser el primer grifo que han decidido manipular.

Es en este escenario de “toma de instituciones” donde aparece el nombre de Hernando de Soto como nuevo presidente del Consejo de Ministros. La designación del economista es, por decir lo menos, desconcertante. ¿Qué hace un defensor del libre mercado y la propiedad privada liderando el gabinete de un presidente de Perú Libre? A primera vista, parece el “empaque de lujo” para darle tranquilidad a los mercados y a Wall Street, una suerte de escudo intelectual frente a los miedos de expropiación. Sin embargo, la clave no estará solo en la figura de De Soto, sino en quiénes completarán el resto del equipo ministerial.
La verdadera temperatura de este pacto se medirá en las carteras de Economía, Energía y Minas, e Interior. Es ahí donde veremos cómo se han repartido realmente el poder los diferentes partidos políticos que avalaron esta transición. Si los ministerios se convierten en feudos para pagar favores parlamentarios, el Premier será solo un espectador de lujo de una gestión capturada por intereses particulares.
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Balcázar dice que será un Gobierno de paz, pero en el Perú cinco meses son una eternidad si se toman decisiones basadas en deudas políticas. El riesgo es que nos dejen la casa desordenada, las cuentas en rojo y las empresas públicas convertidas en cementerios de la eficiencia. Al final, la ironía es la de siempre: los que dicen defender al pueblo son los primeros en repartirse el botín mientras ese mismo pueblo paga la cuenta. Veremos si Balcázar tiene la decencia de frenar este asalto o si simplemente ha llegado para firmar el acta de entrega.

Magíster en Economía, diplomado internacional en Comunicación, Periodismo y Sociedad, estudios en Gestión Empresarial e Innovación, y Gestión para la transformación. Cuento con más de 15 años de experiencia en el ejercicio del periodismo en medios tradicionales y digitales.








