
En el 2025 el precio del oro avanzó 65%, una variación anual no observada desde la década de 1970. En dichos años, tras la finalización del sistema de Bretton Woods, el pasar de un precio fijo respaldado por gobiernos a uno determinado principalmente por la oferta y la demanda, creó las condiciones para que el oro registre variaciones significativas, apreciándose en términos acumulados en 1,268% entre 1971 y 1979. Cabe preguntarse, entonces, qué factores han dado soporte a la subida que registró el año pasado. Más aún, considerando que en lo que va del 2026, con altibajos, el oro ya se aprecia en alrededor de 20%.
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¿Qué uso tiene el oro en la actualidad? Su escasez y características han hecho que, con el paso de los años, predomine su uso en joyería y como reserva de valor. Según estimaciones del World Gold Council, al cierre del 2024 el oro disponible ya extraído alcanzaba unas 220 mil toneladas, de las cuales el 44% corresponde a joyería, el 23% a barras y monedas (incluido el respaldo de ETF) y el 18% a bancos centrales. Aunque tiene aplicaciones industriales, hoy estas no son masivas, por lo que su precio se sostiene más en el consenso cultural que le otorga valor. Como escuché en una conferencia hace algunos años: el oro es un acto de fe; se cree o no se cree en él.

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¿Qué rol juega en un portafolio de inversión? El oro se considera un activo refugio, preferido en entornos de alta incertidumbre o inflación. Que sea refugio no significa que no pueda retroceder. En los últimos 50 años, comparado con el S&P 500, el oro muestra incluso mayor volatilidad anual: 18% frente a 15%. Su peor año en dicha muestra fue 1981, con una caída de –33%, mientras que para el S&P 500 fue –39% en el 2008.
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El valor de mantener oro en un portafolio se fundamenta en dos características:
1. Apreciaciones escalonadas a largo plazo, que en ciertos años pueden superar ampliamente a la bolsa.
2. Baja correlación con el S&P 500, lo que aporta diversificación y ganancias por correlación.
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En la primera característica, destacan episodios como la crisis del 2008, la pandemia del 2020 o –posiblemente– la apreciación del 2025, donde el oro redefine su nivel de precio, alcanzando un nuevo peldaño. Así, aunque puede retroceder tanto como un índice bursátil en un mal año, en fases de revalorización puede duplicar o triplicar a un gran año del S&P 500. En promedio, el oro rindió 7% anual en los últimos 50 años frente al 9% del S&P 500; pero en los últimos 25 años, el oro superó a dicho índice con 12% frente a 7%. La segunda característica se resume así: el oro puede caer tanto como la bolsa, pero no es frecuente que lo haga al mismo tiempo. Sus grandes correcciones suelen coincidir con buenos años bursátiles. En entornos de crecimiento económico con expectativas de inflación ancladas, los inversionistas suelen reducir exposición al oro para aumentar posiciones en activos riesgosos, dadas sus mejores perspectivas.
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¿A qué factores financieros responde? Dos variables clave son el dólar y las tasas de interés.
Dólar: El oro muestra correlación negativa. En episodios de debilidad del dólar, el oro tiende a apreciarse justamente para reflejar el valor de sus fundamentos, y viceversa.
Tasas de interés: La relación es también negativa. Cuando las tasas suben y los precios de los bonos del Tesoro caen, el oro suele retroceder. Esto ocurre porque ambos son considerados activos refugio, pero los bonos ofrecen pagos periódicos de interés, mientras que el resultado del oro depende solo de la variación de su precio. Así, en escenarios de alzas de tasas, los inversionistas prefieren bonos frente al oro.
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¿Se puede repetir lo visto en el 2025? El año pasado estuvo marcado por conflictos geopolíticos, una nueva versión de guerra comercial impulsada por EE.UU. y las preocupaciones sobre las cuentas fiscales de dicho país. Por ello, activos refugios tradicionales, como el dólar y los bonos del Tesoro, se vieron directamente afectados, beneficiando al oro en un entorno donde los inversionistas buscaron diversificarse fuera de activos estadounidenses. Así, a la demanda por oro de bancos centrales (China, India, Turquía, entre otros) observada en los años previos, se sumó la de los inversionistas privados.
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A corto plazo, los factores que impulsaron la subida en el 2025 siguen presentes. Aunque no se descartan más correcciones como la observada a fines de enero, asociadas a expectativas sobre tasas, el dólar, o toma de ganancias tras una apreciación tan pronunciada. Estas dos fuerzas se reflejan en las perspectivas de los analistas. Si bien el promedio del mercado espera que el oro termine el año en niveles similares a los observados hoy, en un extremo del espectro hay analistas que esperan que en lo que resta del año añada a lo ya avanzado un 23%, mientras que los más pesimistas proyectan que retroceda en 22%.
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A largo plazo, el oro agrega valor tanto por el retorno real positivo que tiende a generar, como por la diversificación que aporta. No obstante, puede registrar correcciones similares a las de un mal año bursátil, por lo que conviene calibrar la exposición y mantener la disciplina de no sobrerrepresentarlo dentro de los portafolios de inversión.
Augusto Rodríguez es vicepresidente ejecutivo de Inversiones en RIMAC







