
Por Jose Martinez Sanguinetti, fundador Sothys Capital. La ruptura de las negociaciones de paz en el Medio Oriente ha desatado un conflicto de proporciones globales. La combinación de fuerzas iranís y rebeldes Yemenís han establecido el bloqueo completo de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, con lo que un alto porcentaje del comercio mundial se ha detenido abruptamente. En términos concretos, esta parálisis retiene 14 millones de barriles diarios, suprimiendo el 13% de la oferta global de crudo, el 20% de la oferta de gas natural y el 38% de los fertilizantes hidrogenados.
Frente a este colapso logístico, el Fondo Monetario Internacional ha reducido sus expectativas de crecimiento mundial de 3.3% a 3%. Esa reducción de 0.3 puntos porcentuales puede parecer una minucia estadística, pero equivale a US$ 318,000 millones. En la economía real, eso sería suficiente para erradicar el hambre en el mundo por un año. Al mismo tiempo, las restricciones a la oferta de combustibles, fertilizantes y alimentos y la elevación del costo de los fletes marítimos -que han aumentado 55% este año- se reflejarán en un aumento global en la inflación. Lejos del objetivo de 2% al que apuntan los bancos centrales, la inflación, globalmente, debe rondar el 4%.
En este reordenamiento geopolítico, el Perú resulta relativamente afortunado; aunque no escapará de una reducción en su crecimiento económico este 2026 y 2027, ni evitará un aumento en su inflación. El deterioro productivo obedece a la combinación de factores naturales y originados por el hombre. La anomalía de El Niño elevará la temperatura del mar en cerca de 2 grados centígrados, desplazando los cardúmenes y reduciendo la pesca al mismo tiempo que genera inundaciones en la costa y seguías en la sierra. Por sí solo, este choque climático probablemente restará S/ 16,000 millones o cerca del 1.5% del PBI nacional. Además, la agricultura enfrenta ya un déficit de insumos, pues el 46% de la urea mundial yace inmovilizada por los bloqueos comerciales.
Este escenario nos habría arrastrado a una recesión si la minería no se hubiera visto beneficiada. La incertidumbre empuja a los capitales a buscar protección y esta rotación hacia los activos refugio ha disparado las cotizaciones internacionales, impulsando el precio del oro en 30% y el del cobre en 25%. Es esta inyección de ingresos la que actúa como el contrapeso que nos impide caer en una contracción económica.
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En materia monetaria, la inflación se mantendrá rígida alrededor del 4% durante el resto del año, para converger hacia la meta del BCR recién en el 2027. Esta persistencia de los precios no obedece a una presión de la demanda interna, sino a la inflación importada. El estrangulamiento de las rutas navieras ha encarecido los fletes desde Asia en 84% y ha arrastrado consigo un alza del 27% en el costo de los combustibles locales.
Finalmente, será el impulso minero el que sostendrá la arquitectura de nuestras cuentas externas. Apalancado por el valor de los metales, el país proyecta un récord histórico de exportaciones por US$ 118,171 millones. Esta inyección de divisas asegurará un robusto superávit comercial acumulado de US$ 44,431 millones y, en consecuencia, un sólido superávit en la cuenta corriente cercano al 4% del PBI. Son estos fundamentos los que anclan la estabilidad macroeconómica del Perú frente al temporal externo.






