
Yeiner Mena acababa de terminar de construir una nueva casa con su esposa en la remota ciudad colombiana de Quibdó cuando el terremoto más fuerte en medio siglo la redujo a escombros.
“Perdimos todo”, señaló Mena, de 30 años. “Estamos solos”.
El desafío para el nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, es demostrar a familias como la de Mena que no lo están.
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Abogado conservador y ajeno a la política tradicional, De la Espriella asumió el cargo el viernes pasado con la promesa de acercar el gobierno de Colombia a lugares como Quibdó, que desde hace tiempo se sienten olvidados por la élite política y económica del país en Bogotá, la capital de 8 millones de habitantes.
De la Espriella celebró su toma de posesión en Cali, no en la capital, y presentó su gobierno como uno para “los nunca”: aquellos que nunca han tenido poder. Mantuvo reuniones de transición con gobernadores y alcaldes, en lugar de con su predecesor, Gustavo Petro. Incluso ha planteado la idea de establecer una capital alternativa en Barranquilla.

Pero el terremoto de magnitud 7.4 ha dado mayor urgencia a su iniciativa de reducir el control de Bogotá sobre el poder y los recursos, al tiempo que intensifica el escrutinio sobre si De la Espriella puede cumplir sus promesas, tanto frente a la tragedia como a lo largo de una presidencia que apenas comienza.
“En este terrible suceso del terremoto se demuestra que los problemas de Colombia deben abordarse en los territorios fuera de Bogotá, no solo desde la capital”, señaló María Isabel Ulloa, directora ejecutiva de ProPacífico, una organización sin fines de lucro centrada en el desarrollo de la región del Pacífico colombiano.
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Según la agencia nacional de gestión de desastres de Colombia, el número de muertos había aumentado a 287 hasta la mañana del viernes, con 3,975 heridos.
Aunque el número de víctimas mortales es mayor en ciudades más grandes como Cali, son lugares como Quibdó, capital del departamento del Chocó, los que ejemplifican tanto la necesidad de integrar a más colombianos como los desafíos logísticos para conseguirlo.
El Chocó, que tiene alrededor de 500,000 habitantes, en su mayoría afrocolombianos o indígenas, registró una tasa de pobreza del 65% en 2025, la más alta de Colombia y casi cuatro veces la de Bogotá, según datos oficiales.
El departamento, que se extiende desde Panamá hasta aproximadamente la mitad del trayecto hacia Ecuador a lo largo de la costa del Pacífico, es uno de los más aislados del país. Con poca infraestructura de gran escala, a muchas comunidades del Chocó solo se puede llegar por río, rutas a través de la selva o vía aérea.
Después de volar inicialmente a Bogotá, De la Espriella eligió Quibdó como destino de su primera visita tras el terremoto. Allí prometió subsidios para el alquiler a las familias afectadas, traslados médicos para los heridos y mayor atención para una región que, según dijo, “nunca más será la tierra de los olvidados”.
De la Espriella regresó nuevamente al Chocó el viernes, donde abrazó a la gobernadora Nubia Carolina Córdoba-Curi y prometió más apoyo mientras recorría barrios afectados. Propuso lo que denominó un “Plan Marshall” para reconstruir el departamento y afirmó que el desastre podría convertirse en una oportunidad para afrontar décadas de abandono.
“El Chocó ha sido abandonado a su suerte por el centralismo del poder en Bogotá, como si no existiera”, dijo el mandatario, añadiendo que “es momento de darle el lugar que se merece”.
Desde la independencia de España hace dos siglos, los líderes colombianos han intentado incorporar las regiones más remotas del país a su entramado político y económico. La Constitución de 1991 declaró a Colombia una república descentralizada con autonomía para los gobiernos territoriales, pero convertir ese principio en una realidad estructural ha eludido desde entonces a todos los presidentes.
Durante el gobierno de Petro, los legisladores aprobaron una reforma constitucional para aumentar gradualmente la proporción de los ingresos nacionales destinada a los gobiernos regionales y locales, después de que el primer presidente de izquierda de la historia del país prometiera igualmente responder a las necesidades de los votantes fuera de Bogotá.
Sin embargo, el Congreso aún debe aprobar otra ley para implementar esa reforma, redefiniendo qué responsabilidades permanecerán en manos del gobierno nacional y cuáles corresponderán a las autoridades territoriales y municipales. La administración de De la Espriella ya anunció planes para descartar la propuesta de Petro y sustituirla por una que elaborará junto con gobernadores y alcaldes, al argumentar que los líderes regionales necesitan tener una mayor participación.
Ese proceso está plagado de desafíos. Amplias zonas de Colombia permanecen bajo el control de grupos armados vinculados al narcotráfico, que se han fortalecido en medio del aumento de la producción de coca, la materia prima de la cocaína. Mientras tanto, la corrupción política y económica está ampliamente extendida en los gobiernos locales colombianos.
Hacer llegar ayuda inmediata a regiones como El Chocó será difícil. Las carreteras, puentes y líneas de transmisión dañados dificultan aún más llegar a zonas del país que ya contaban con menos servicios públicos para absorber el impacto de un desastre natural.
Hasta el 85% de la población del Chocó estuvo sin electricidad en los días posteriores al terremoto, según Camila Gómez, subdirectora de los programas para Colombia y Venezuela del International Rescue Committee.
“Entregar asistencia en El Chocó es 10 veces más difícil que en lugares fuera de la región del Pacífico”, afirmó Gimena Sánchez-Garzoli, directora para los Andes de Washington Office on Latin America.
Intentar descentralizar el poder en medio de una costosa recuperación —que probablemente dure años— podría ser todavía más difícil. De la Espriella se encontraba fuera de la capital durante su primer día completo de trabajo como presidente. Aunque publicó en redes sociales poco después del terremoto, tardó más de cinco horas en aparecer ante las cámaras y dirigirse directamente a los colombianos.
Pasó la mañana evaluando si debía volar directamente a la región del epicentro del terremoto o regresar a Bogotá. Finalmente eligió la capital, donde los funcionarios ya habían comenzado a reunirse en un centro de comando de emergencia.
Fue un recordatorio temprano de que, al menos por ahora, la coordinación comienza en Bogotá y de que la mayoría de las regiones que De la Espriella quiere priorizar carecen de la capacidad administrativa necesaria para responder por sí solas.
“Una cosa es viajar a distintas partes del país, gobernar desde allí y llamarlo descentralización”, afirmó Sánchez-Garzoli. “Otra muy distinta es desarrollar realmente la capacidad de las instituciones en esas zonas del país”.

Utiliano Dojirama Chanapicama perdió su vivienda y la escuela donde trabaja en Chano, una comunidad ubicada en un resguardo indígena del departamento del Chocó. El hombre de 42 años improvisó un refugio donde él, su pareja, sus siete hijos y sus dos nietos pudieran dormir temporalmente.
Dojirama escuchó por radio que De la Espriella había prometido ayuda durante su visita a Quibdó. Espera que el gobierno contribuya a reconstruir tanto su vivienda como la escuela, pero no está seguro de que su comunidad vaya a beneficiarse.
“No habló de nuestro resguardo indígena”, afirmó Dojirama.







