Hoy enfrentamos desafíos complejos: informalidad persistente, baja productividad, inseguridad ciudadana, servicios públicos deficientes. Foto: Andina/ Referencial.
Hoy enfrentamos desafíos complejos: informalidad persistente, baja productividad, inseguridad ciudadana, servicios públicos deficientes. Foto: Andina/ Referencial.

Escribe: , director ejecutivo de ComexPerú

Este 2026 será un año bisagra para el Perú. A , la mayoría de las proyecciones apuntan a un crecimiento moderado, con tasas cercanas al 3%, impulsadas por un mejor entorno internacional, condiciones climáticas favorables y . Pero no debemos confundir el rebote con un verdadero cambio de tendencia.

Si queremos que este año marque el inicio de una nueva etapa de crecimiento sostenido, debemos volver a poner en valor un principio fundamental: la defensa irrestricta de la empresa privada y de las libertades económicas como motor del bienestar.

Las cifras lo confirman. El 99% de las son micro o pequeñas, y generan cerca de la mitad del empleo del país. En los últimos años, a pesar de un entorno adverso, más de 100,000 nuevos negocios formales se crearon solo en el tercer trimestre del 2025. Esta capacidad emprendedora debe ser reconocida y protegida. Y eso empieza por entender que cada empresa —grande o chica, formal o que busca formalizarse— es un actor clave para el desarrollo.

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Lamentablemente, hemos pasado años en los que se ha vilipendiado al empresariado, confundiéndolo con privilegios o rentismo. Lo que necesitamos ahora es lo contrario: políticas que faciliten hacer empresa, eliminen trabas inútiles, reduzcan costos regulatorios y restituyan la confianza en el futuro. Necesitamos menos permisos absurdos y más inversión productiva.

No se trata de un dogma ideológico. Es un enfoque pragmático que ha funcionado en otros países y que, en el Perú, ya ha demostrado su valor. Gracias a un entorno favorable a la inversión privada, entre el 2004 y 2013 el país creció a una tasa promedio anual de 6%, reduciendo la pobreza de más de 50% a menos del 25%. El libre comercio, las asociaciones público-privadas y un sector privado dinámico permitieron ese salto. ¿Por qué no volver a esa senda?

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Hoy enfrentamos desafíos complejos: informalidad persistente, baja productividad, , servicios públicos deficientes. Pero resolverlos con un Estado omnipresente y burocrático sería repetir errores del pasado. Lo que se requiere es un Estado eficiente, que haga bien lo que le corresponde —educación, salud, infraestructura, seguridad— y deje espacio para que la sociedad y el sector privado florezcan.

En la antesala de un nuevo proceso electoral, debemos alzar la voz con claridad: el Perú necesita más inversión privada, empleo formal y libertad económica, no más intervencionismo. Es hora de volver a creer en lo que funciona.

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Este 2026 puede ser el año en que recuperemos la confianza, en nosotros mismos y en el país que podemos construir. Pero para lograrlo, debemos dejar de lado discursos polarizantes y poner en el centro al verdadero protagonista del desarrollo: el ciudadano emprendedor.

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