
El primer gran discurso de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal se ha convertido en una inesperada prueba para su estrategia de limitar las comunicaciones del banco central.
El desafío de Warsh es responder a las críticas de que no ha expresado con suficiente claridad su visión sobre la economía, sin renunciar a su determinación de no dar a los inversores pistas sobre las próximas decisiones de política monetaria.
La reunión anual del banco central en Jackson Hole, Wyoming, donde Warsh hablará el viernes, será su oportunidad para encontrar ese equilibrio.
La presión de Wall Street es intensa después de que una poco convincente conferencia de prensa el mes pasado provocara una dura reacción en el mercado de bonos. Desde entonces, economistas y analistas han criticado a Warsh por considerar que ha ido demasiado lejos en su intento por limitar las comunicaciones de la Fed.
La tarea de Warsh se complicó aún más la semana pasada, cuando el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció recompras inesperadas de deuda de EE.UU. con el objetivo de reducir los rendimientos a largo plazo.
“Está claro que Warsh prefiere decir menos”, dijo Anwiti Bahuguna, codirectora de inversiones de Northern Trust Asset Management. “Pero es razonable que los mercados pidan cierta transparencia y explicaciones sobre las razones de su postura y sobre cómo ve la situación actual”.
Eso no significa que el nuevo presidente vaya a disculparse. Los defensores de Warsh dicen que la reacción del mercado a su conferencia de prensa de julio fue exagerada. Las expectativas de inflación —que deberían aumentar si cae la confianza en la Fed— apenas se movieron y siguen ancladas en un nivel compatible con la meta de 2% del banco central. A su juicio, el fuerte aumento del endeudamiento público y corporativo, entre otros factores, está impulsando los rendimientos de los bonos.
Randall Kroszner, profesor de Economía de la Universidad de Chicago y gobernador de la Fed entre 2006 y 2009, sostuvo que Warsh apenas está comenzando una reforma de las comunicaciones destinada a dar menos señales explícitas sobre el rumbo de la política monetaria.
“Los mercados a veces pueden equivocarse. Yo estaba en la Fed cuando los mercados se equivocaron en muchas cosas”, dijo Kroszner. “Siempre habrá ciertos problemas de adaptación cuando se adopta un nuevo enfoque”.
Otros funcionarios de la Fed, entre ellos la presidenta de la Fed de San Francisco, Mary Daly, y el presidente de la Fed de St. Louis, Alberto Musalem, también han rechazado las acusaciones de que la credibilidad del banco central se ha visto dañada.
“No veo que nuestra credibilidad esté en riesgo”, dijo Daly en una entrevista con Bloomberg Television.
La conferencia de prensa
No tenía por qué haber sido tan polémico.
Tras asumir el cargo en mayo, Warsh recibió elogios por insistir en que la Fed devolvería la inflación a su meta de 2% bajo su liderazgo. En una comparecencia ante legisladores en julio, dijo que el banco central no toleraría la inflación.
Eso alivió las preocupaciones de que Warsh, nombrado por el presidente Donald Trump, se resistiera a subir las tasas si fuera necesario. Trump había atacado duramente al predecesor de Warsh y prometido nombrar a un nuevo presidente de la Fed que bajara las tasas.
Su primer gran tropiezo llegó después de la reunión de política monetaria de la Fed de julio, cuando las autoridades votaron por mantener sin cambios la tasa de referencia. Aunque tres funcionarios discreparon, la decisión era esperada y ya estaba descontada por el mercado de bonos. Fue la conferencia de prensa posterior de Warsh la que desató fuertes críticas de inversores y economistas.

Los observadores de la Fed señalan tres aspectos clave de la conferencia de prensa. El primero fue la falta de una explicación sobre por qué se mantuvo sin cambios la política monetaria. El segundo fue la resistencia de Warsh a presentar las alzas de tasas como una herramienta evidente que aún podría ser necesaria. El tercero fue un comentario al pasar sobre la meta de inflación de 2% de la Fed que llevó a algunos a pensar que podría modificarse en enero.
El resultado fue la mayor caída en el precio de los bonos en años y una avalancha de críticas al estilo de comunicación de Warsh. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años se disparó a su nivel más alto desde 2007 después de sus declaraciones.
“Warsh no pudo, o no quiso, explicar siquiera la decisión de no modificar la política monetaria en julio, aun cuando se le preguntó directamente. Es desconcertante”, dijo Robert Tetlow, exasesor sénior de política monetaria de la Fed. “Podría haberlo hecho fácilmente sin entrar en orientaciones sobre las próximas decisiones”.
La venta de bonos ha continuado en las últimas semanas, aunque no todo se debe a la Fed. Los inversores están cada vez más preocupados por el aumento de la deuda de EE.UU. y, a medida que Washington se endeuda más, compite por fondos con empresas tecnológicas que destinan grandes sumas a la inteligencia artificial. Además, el alza de los rendimientos de la deuda soberana en Europa y Japón muestra que las preocupaciones de los inversores van más allá de la inflación en EE.UU.
“En este momento hay una confluencia de factores que, en mayor o menor medida, están contribuyendo al aumento de los rendimientos a largo plazo”, dijo Adam Schickling, economista sénior de Vanguard Group Inc.
El plan de Bessent de recomprar bonos de mayor plazo para contener los rendimientos plantea otra posible complicación para la Fed, especialmente si las compras se financian con mayores ventas de deuda de corto plazo. Eso llevaría al Tesoro a intervenir en el tramo de la curva que tradicionalmente domina la Fed.
Para alivio de Warsh, los datos publicados desde la decisión de julio apuntan en general a una desaceleración de la actividad económica que podría reducir la presión sobre la Fed para subir las tasas. Las ventas minoristas registraron en julio su mayor caída en más de un año y la inflación subyacente se mantuvo contenida. Al mismo tiempo, los empleadores recortaron inesperadamente puestos de trabajo y las cifras de contratación de los dos meses anteriores fueron revisadas a la baja.
Aun así, muchos coinciden en que Warsh tendrá que responder a sus críticos.
El presidente de la Fed tendrá equilibrar su deseo de dar menos señales sobre futuras decisiones con la necesidad de mantener la transparencia, dijo Ellen Meade, profesora de Economía de la Universidad de Duke, quien asesoró a funcionarios de la Fed durante décadas.
“Warsh no se está haciendo muchos favores”, dijo. “Se ha acorralado a sí mismo”.







