
El ataque lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán ha encendido las alertas en el mercado energético internacional, ante la posibilidad de que el precio del petróleo se dispare hasta los US$ 100 por barril, impulsado por el rol clave del país persa en la producción global de crudo.
Irán concentra cerca del 10% de las reservas mundiales y produce alrededor de 3,3 millones de barriles diarios, de los cuales entre el 80% y 90% se destinan a exportaciones, principalmente hacia China, consolidándose como un actor relevante en la oferta internacional.
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El impacto podría ser mayor si se interrumpe el tránsito por el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Analistas advierten que cualquier bloqueo en esta vía elevaría la tensión en los mercados y presionaría los precios al alza.
Expertos estiman que una eventual reducción de la producción iraní podría impulsar el barril hasta los US$ 100, lo que representaría un incremento superior al 35% frente a los niveles recientes del Brent. Además, la posición geopolítica de Irán, en una región que concentra casi la mitad de las reservas globales, agrava la incertidumbre.
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El encarecimiento del crudo tendría efectos directos en la economía global, al presionar la inflación y elevar costos de transporte, energía e insumos industriales. Esto podría llevar a los bancos centrales a reconsiderar sus políticas monetarias, incluyendo posibles alzas de tasas de interés.
De prolongarse el conflicto, el impacto podría trasladarse a los consumidores a través de mayores precios de combustibles y servicios, generando efectos persistentes incluso si el petróleo retrocede posteriormente, según advierten especialistas.
Los mercados financieros seguirán de cerca la evolución del conflicto en los próximos días, en un contexto donde activos refugio como el oro suelen fortalecerse, mientras que el bitcóin ha mostrado caídas tras el incremento de la incertidumbre global.








