
“Beber no tiene mucha ciencia”, dicen algunos. Sin embargo, la verdadera esencia de esta experiencia reside en analizar cómo se gestó el vino que bebemos, en comprender su origen y descifrar su filosofía.
Mi encuentro con este vino fue un viaje sensorial, comparable a caminar por un bosque tras una lluvia intensa en la sierra peruana. El sendero de tierra mojada —fértil, limpio y vivo— se siente en cada sorbo.
Su abrazo natural, su delicadeza trufada en nariz y su persistente textura de seda en el paladar son un asombro constante. Al abrir los ojos, cuesta creer que es solo de vino; aunque, claro, no de cualquier vino. Es el Yacochuya 2003.

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La cuna del vino: Cafayate, Salta
Este vino proviene de Cafayate, en la provincia de Salta, Argentina: un paraíso de la viticultura en el noroeste del país, caracterizado por un clima extremo de días calurosos y noches frescas.
“Yacochuya”, que en quechua significa “agua clara”, rinde homenaje al río que bordea el viñedo. Un vino impactante al tacto y profundamente respetuoso de su entorno natural.
Complejo y cósmico: el perfil
Este Malbec trasciende la comprensión convencional de la cepa. Es un vuelo mágico y contemplativo que nos sumerge en la paradoja de “no saber nada y tenerlo todo” simultáneamente.
La plenitud frutal es incalculable: moras, arándanos, fresas, fruta compotada, y dosis muy interesantes de balsámicos que retumban con mineralidad acústica en el retronasal. La labor del añejamiento justo se manifiesta en los torrefactos y el roble cremoso, tejiendo un misterio entre un vino de ayer y uno de mañana.
Este Malbec trasciende la comprensión convencional de la cepa. Es un vuelo mágico y contemplativo que nos sumerge en la paradoja de “no saber nada y tenerlo todo” al mismo tiempo.
La plenitud frutal es incalculable: moras, arándanos, fresas, fruta compotada y dosis muy precisas de balsámicos que resuenan con una mineralidad casi acústica en el retronasal. El justo trabajo de añejamiento se expresa en torrefactos y en un roble cremoso que teje un misterio entre un vino de ayer y uno de mañana.
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Historia y maestría

La Bodega Yacochuya se asienta a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, siendo una de las vitiviniculturas más altas del mundo. Es un vino de familia, que nace de viñedos centenarios (de más de 100 años), lo que implica un cuidado artesanal y rendimientos muy acotados: alrededor de 6.000 kilos por hectárea y no más de 12 a 15 racimos por planta.
El prestigio de este vino está avalado por la maestría de Michel Rolland, el célebre enólogo consultor bordelés de influencia mundial, y la familia Etchart. Rolland, conocido por su enfoque en la madurez de la fruta y la textura sedosa de los vinos, ha dejado su impronta aquí. Su filosofía y el savoir faire de la comunidad local nos hablan a través de cada sorbo.
Es importante mencionar que Yacochuya fue el proyecto que puso a Salta en el mapa mundial. Antes de Rolland y Arnaldo Etchart, el Malbec de la zona era rústico. Rolland trajo la “madurez extrema”. Rolland vió en estos viñedos centenarios de los Etchart un diamante en bruto. Su intervención no solo pulió el Malbec salteño, sino que lo dotó de esa opulencia francesa que hoy, en 2025, se siente como una seda eterna en la boca.
El vino, tras una larga oxigenación, ofrece un universo variable y alternativo, casi un sexto sentido, demostrando la genialidad de sus creadores.
Vinos sensatos, vinos eternos
Lo más importante de este bello ejemplar 2003 es su impecable resistencia al paso del tiempo. Como un Grand Cru de Burdeos, el tiempo lo ha premiado, afinando su complejidad sin restar vitalidad. A 2,000 msnm, la radiación ultravioleta es extrema; esto genera pieles de uva más gruesas y una concentración de polifenoles (taninos y color) superior. La altitud de Cafayate no es solo un número; es el escudo protector que dotó a esta añada de una estructura tánica y una acidez natural capaces de desafiar las leyes de la oxidación por más de dos décadas."
Este Malbec no pide comida, pide compañía silenciosa; sin embargo, un corte de carne madurada o un queso artesanal de carácter fuerte crearían un diálogo de potencias inolvidable."
Los invito a descubrir vinos del mañana como estos, que respetan el ayer, el lugar y solo buscan regalar emociones, no disgustos.
- Maridaje recomendado: seco de Ossobuco a cocción lenta
La melosidad del ossobuco tras horas de cocción y la potencia del culantro y el ají amarillo armonizan con los taninos ya pulidos y sedosos del 2003.
Por qué funciona: Las notas balsámicas del vino (mentolados y frescos) cortan la untuosidad de la carne, mientras que el fondo de tierra del plato resalta el carácter mineral del vino de altura.
Carpe vinum “Aprovecha el vino”








