
El sector calzado peruano atraviesa un desafío que va más allá de fabricar y vender zapatos. Según el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), seis de cada 10 pares en el país ya son de origen chino, con importaciones que aumentaron 123% entre 2022 y 2025, llevando a las empresas locales a desconocer los siguientes pasos a dar. En ese contexto, la producción nacional acumula caídas por competencia de bajo precio, con el puerto de Chancay reduciendo aún más costos de importación y un fenómeno El Niño que obligaría a caminar sobre terreno ya complicado.
Ismael Zanabria, representante de la Cámara Peruana del Cuero, Calzado y Afines, señaló que el sector enfrenta también cambios en consumo, baja productividad y riesgo climático asociado con el fenómeno El Niño, que afecta demanda, costos, logística y capacidad de operación.
En los últimos años, refirió que el sector viene reportando caídas anuales y para este año se proyecta una contracción mayor a 10%. Tal situación data desde antes de la pandemia, profundizada por importaciones. El presente año, la incertidumbre electoral también afectó.
A esas condiciones, se suma El Niño, que alteraría los planes de inversión del Estado en programas sociales como la compra y entrega de kits escolares. Por lo pronto, en ciudades como Arequipa, manifestó que casi todos los fabricantes que han tenido contacto con el vocero trabajan solo para sobrevivir, sin ventas al alza.

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De calzado a muebles: talleres cambian de rubro
Como consecuencia de la importación y menor demanda, Zanabria advirtió que se viene registrando el cierre de talleres. Por un lado, refirió que hay fabricantes que cierran y se dedican a otra actividad y otros que deciden no fabricar y vivir del alquiler de locales adquiridos en buenos tiempos.
Así, esos locales -de 400 a 500 metros cuadrados- ya no se alquilan para calzado, sino para otros sectores productivos.
“Hay un caso muy cercano, por ejemplo, el parque industrial de Villa El Salvador, en el área de calzado, hace años había hasta 300 talleres. Ahora, no encuentras más allá de 20 talleres de calzado, porque el sector de melamine lo ha acaparado casi todo. El 90% de esa población (de talleres) ya ha sido alquilado al sector melamine”, expresó.
En Lima, destacó que el denominado “bulevar del calzado” en Villa El Salvador solía congregar a la mayor cantidad de productores. Sin embargo, en esta y otras ciudades, manifestó que los talleres están actualmente dispersos en distritos, por lo que no hay una visión clara de cuántos ya vendieron o alquilaron su local o migraron a otro rubro.

Campaña navideña y escolar frenada por El Niño
Sobre la demanda de calzado en estos meses, Zanabria explicó que, al haber calor, ya no se vende producto sofisticado, sino básico. Sin embargo, esos productos (sandalias, calzado con menos cuero y otros) se pueden producir en cantidad, pero económicamente no representa estabilidad, sino solo sobrevivencia, pues no compensa el valor de los productos mejor elaborados y no permite capitalizar la empresa.
Asimismo, reconoció que la campaña escolar —clave para el sector— podría retrasarse o experimentar cambios por una potencial migración de clases a casa por el fenómeno El Niño, lo que afectaría la demanda de calzado escolar. “Si se vuelve como una pandemia donde todos deben estar en casa, no hay a quién venderle zapatos”, recalcó.
Si bien recordó que el Estado suele invertir un presupuesto en kits escolares, lamentó que la ejecución de esos programas de compra enfrenta problemas de burocracia.
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Exportación sin mayor avance y el nicho boutique
De cara al mercado internacional, Zanabria estimó que las exportaciones de calzado se han reducido a entre US$ 20 millones y US$ 21 millones ya hace varios años y esa situación no habría mejorado. Por lo pronto, los mercados que aún demandan calzado peruano son Ecuador, Chile, México y España.
Las líneas más solicitadas son calzado de seguridad y de niños en lotes pequeños. En algún momento, Ecuador fue una plaza importante, pero recordó que barreras como el arancel de US$10 por par impuesto en ese país terminó afectando el negocio.
Sobre innovaciones en la producción, el vocero afirmó que el mercado se está dividiendo. Por un lado, están los productores orientados a modelo básico y económico que sigue la moda; y de otro, un mercado boutique que empezó tibiamente y ahora toma fuerza, con calzado mucho más personalizado, sofisticado y exclusivo, enfocado en clientes que sí pagan por modelo de marca.
“El segmento boutique demanda elaborar colecciones todo el año y ser creativo, con viajes para ver materiales y desarrollo, mientras que lo básico se rige por copiar lo que está de moda”, expresó, tras indicar que ambas ofertas tienen un público en Perú.
Sobre costos de producción, remarcó que la mayoría de insumos son importados —suela, cuero y forro se fabrican localmente, pero componentes, pegamentos y plásticos dependen del petróleo— y que los conflictos en Irán y la volatilidad del crudo elevan el valor de los materiales derivados del petróleo.
EL DATO:
Estacionalidad. Cada año, los fabricantes de calzado experimentan tres meses de menor dinamismo de pedidos —agosto, septiembre, octubre— luego de las tras Fiestas Patrias. En esos meses, se vende solo para sustento diario y la actividad se sostiene con lo capitalizado en las festividades de julio. La situación es propia de Lima y clústeres como Trujillo, El Porvenir, Huancayo y Juliaca, refirió la Cámara Peruana del Cuero, Calzado y Afines.






