
En febrero de 1996, se estrenaron en Japón los videojuegos Pocket Monsters: Red y Pocket Monsters: Green para la consola Game Boy. Satoshi Tajiri, en aquel entonces un joven apasionado por los insectos, la naturaleza y la programación, junto a su socio, el ilustrador Ken Sugimori, presentaron a Nintendo la idea de un universo de criaturas capaces de manejar diversos elementos, como tierra, mar, aire y fuego, sumado a habilidades psíquicas y físicas extraordinarias. La popularidad de Pokémon —acrónimo del título original— despegó rápidamente, y hoy, tres décadas después, es un fenómeno cultural global que mueve millones de dólares no solo en el ámbito industrial, sino también en el coleccionismo.
Ambos videojuegos no solo salvaron de la quiebra a Game Freak —la firma de Tajiri y Sugiri—, sino que también le dieron un segundo aire a Nintendo y su consola portátil Game Boy. Ya para 1999 el furor por Pokémon llegó al hemisferio occidental con el lanzamiento de Pokémon Blue, Pokémon Yellow, Pokémon Gold y Pokémon Silver, sumado a la aparición de series animadas, películas, muñecos, peluches y cartas de combate.
Del juego infantil a mercancía de alto valor
El éxito de la franquicia devino en la creación de The Pokémon Company, que unió a Game Freak, Nintendo y Creatures para posicionar la marca. Desde entonces ha generado ingresos por US$ 150,700 millones, superando a franquicias como Star Wars o Harry Potter, según una auditoría verificada por PwC Tokio.
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Del puñado de objetos Pokémon, las cartas coleccionables (TCG, por sus siglas en inglés) trajeron una nueva forma de entretenimiento: el público, inspirado en la travesía de Ash y Pikachu, podría armar sus equipos para sumergirse en un sinfín de combates y formarse como maestros Pokémon.

Estas tarjetas Pokémon se dividen en categorías comunes, poco comunes, raras y holográficas, y por subcategoría, destacan las Ultra Rare (EX, GC, V, etc), Full Art e Illustration Rare, entre otras. Plataformas especializadas como ZenMarket y Goldin informan que cada unidad puede alcanzar valores ínfimos de centavos y, dependiendo de la rareza, pueden trepar a valores de entre US$ 150 y US$ 300 —por ejemplo, un mazo de Southern Islands—.
Mientras que en circuitos más exclusivos, paquetes de 10 cartas como Pokémon Japanese XY/Sun se subastan por encima de los US$ 55,000 y otras, como la carta de Pikachu Illustrator, superan los US$ 770,000. El récord Guinness lo tiene el influencer Logan Paul, quien vendió este ejemplar a US$ 16 millones 492,000 en una subasta de Goldin.
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La nostalgia como eje comercial de las Pokémon Cards
Jorge Luis Ojeda, docente de Negocios de la UPC, menciona a Gestión que las cartas de Pokémon más valoradas funcionan ahora como bienes de colección con oferta rígida, dado que muchas pertenecen a primeras ediciones o tirajes promocionales muy reducidos.
“Cuando tienes miles de coleccionistas compitiendo por pocas unidades disponibles, inevitablemente el precio se dispara. El valor de ciertas cartas Pokémon responde a una combinación de escasez extrema, demanda global y narrativa cultural”, explica.
En tanto, José Ruidías, especialista en Marketing de Pacífico Business School, sostiene que, más allá de la lógica financiera, el factor emocional y la nostalgia son los motores esenciales del mercado porque gran parte de los compradores pertenece a la generación que creció con Pokémon en la década de 1990 y principios del 2000.

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“Es gente que jugaba con estas cartas en el colegio y hoy tiene la capacidad económica para comprarlas. Hay una mezcla de demanda emocional y financiera, que se combina con variables como rareza, historia, narrativa y el deseo de obtener primeras ediciones o tirajes limitados, que son piezas históricas para los coleccionistas”, soslaya para este diario.

Para ambos especialistas, las cartas coleccionables de Pokémon se asemejan a otros activos como el arte, relojes de lujo o automóviles clásicos, y con la digitalización, las casas de subasta no conocen fronteras y pueden encontrarse al alcance de un clic. Además, por su alta liquidez relativa y bajos costos de almacenamiento, se facilita su comercio global.
“Las redes sociales y el streaming amplifican el fenómeno coleccionista, lo que incrementa la demanda especulativa y el interés de nuevos participantes en este mercado”, acota Ojeda.
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Mientras que Ruidias reconoce que hay mucha gente predispuesta a pagar cientos de dólares a sabiendas de que las cartas Pokémon, dependiendo de la rareza y cuidado, elevarán su valor como activo con el paso del tiempo.
“Hay activos cuyo valor es difícil de explicar solo por su utilidad material, como ocurre también con las criptomonedas, que dependen de la confianza de los compradores”, concluye.









