
Este 2026 algunas obras dejarán de estar protegidas por derechos de autor: específicamente, las primeras versiones de Betty Boop, Pluto y Nancy Drew.
¿La razón? Se cumple el plazo legal de protección intelectual —fijado de 95 años en Estados Unidos— y pasarán al dominio público en el año nuevo.
Este cambio suele generar efectos profundos en la industria creativa, ya que al pasar un personaje al dominio público, deja de ser un activo exclusivo y se convierte en un recurso cultural compartido.
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De esa manera, cualquier persona o industria puede reutilizarlo, reinterpretarlo o adaptarlo, siempre que se trate de sus versiones originales y no de las encarnaciones posteriores protegidas por marcas registradas.
En el caso de Betty Boop, la versión que queda libre dista bastante del ícono pulido que hoy es reconocido internacionalmente: sus primeras apariciones muestran una animación más experimental, con rasgos híbridos y un humor irreverente propio del cine de la década 1930.

Pluto, por su parte, pasa al dominio público desde un enfoque más primitivo, dado que sus primeras apariciones no tenía la personalidad que lo caracteriza en el universo Disney. En sus inicios, era un personaje en construcción y cambiante, lejos de su identidad famosa actualmente.
Y, Nancy Drew, en sus primeras novelas, se muestra el momento en que la literatura juvenil comenzaba a adquirir un peso comercial propio: para su época de nacimiento, no era habitual ver mujeres protagonistas con carácter independiente.
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Investigaciones del Center for the Study of the Public Domain de la Universidad de Duke revelan que en años recientes ingresaron obras de autores como William Faulkner, Ernest Hemingway y Virginia Woolf, además de personajes emblemáticos del cine y el cómic, lo que confirma que la cultura del siglo XX está entrando progresivamente en una fase de reapropiación colectiva.
Para las editoriales independientes, plataformas digitales y creadores de contenido emergentes, los cambios en el copyright permiten trabajar con personajes reconocidos sin asumir costos de licencia; mientras que para las grandes firmas, el desafío está en diferenciar sus versiones modernas de los materiales originales que ya no controlan.
Vale aclarar que las versiones tempranas de Mickey Mouse y Minnie Mouse también han quedado libre del copyright; sumado a Popeye y Tintín.
Con información de Merca2.0







