
El cibercrimen ha dejado atrás la figura del atacante aislado. Hoy, las amenazas digitales responden a estructuras organizadas, con operaciones cada vez más sofisticadas y modelos que replican la lógica de una empresa tradicional. En la última década, los grupos criminales especializados en ataques informáticos han ampliado su alcance, incorporado nuevas tecnologías y perfeccionado sus métodos para impactar a distintos sectores económicos.
Esta evolución no solo ha incrementado la cantidad de incidentes reportados, sino también su complejidad, obligando a las compañías a reforzar sus estrategias de prevención y respuesta frente a riesgos digitales.
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“Hoy vemos estructuras criminales con roles definidos, donde distintos actores participan en el desarrollo, ejecución y comercialización de ataques. Es un modelo muy similar al de una empresa”, explica Tomás Fernández, especialista en ciberseguridad de ITQ Latam.
Cuatro claves para entender el nuevo perfil del atacante
- Operan como organizaciones estructuradas: a diferencia de años anteriores, los cibercriminales ya no actúan de forma individual. Actualmente existen grupos con funciones específicas, como desarrolladores de malware, operadores de ataques y distribuidores de accesos. Esta especialización les permite aumentar la eficiencia y escalar sus operaciones.
- Acceso a herramientas bajo demanda: el modelo “as-a-service” ha facilitado el acceso a recursos para cometer ataques. En mercados clandestinos es posible adquirir desde ransomware hasta kits de phishing listos para usar, lo que reduce la barrera de entrada incluso para actores con conocimientos técnicos limitados.
- Uso de tecnologías avanzadas: la incorporación de herramientas basadas en inteligencia artificial y automatización ha elevado el nivel de sofisticación de los ataques. Esto permite a los ciberdelincuentes personalizar campañas, evadir sistemas de detección y actuar con mayor rapidez.
- Mayor enfoque en sectores estratégicos: industrias como la financiera, el retail y la salud se han convertido en objetivos recurrentes debido al valor de los datos que manejan y a su dependencia operativa de sistemas digitales.
Empresas bajo presión
Ante este panorama, especialistas advierten que las estrategias tradicionales de ciberseguridad ya no bastan para enfrentar amenazas cada vez más dinámicas y especializadas.
Fernández sostuvo que las organizaciones necesitan adoptar enfoques más preventivos, apoyados en monitoreo continuo, análisis de riesgos y capacidad de respuesta rápida frente a incidentes.
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“Las empresas deben entender que enfrentan a una industria criminal en permanente evolución. La diferencia está en anticiparse y no solo reaccionar cuando ocurre un ataque”, remarcó.
En un entorno digital cada vez más expuesto, comprender cómo operan los nuevos actores del cibercrimen se vuelve fundamental para reducir riesgos y fortalecer la protección de la información.







